Los 'cuentos' jamás contados del director de la Dian

Juan Ricardo Ortega combate la corrupción y está rodeado de ella. Maneja una entidad que recauda más de 100 billones de pesos, casi la totalidad de los recursos propios del Estado y es tan 'alérgico' al dinero, que casi nunca carga un peso en efectivo.

Juan Ricardo Ortega, director de la Dian.

Milton Díaz

Juan Ricardo Ortega, director de la Dian.

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octubre 21 de 2013 - 04:04 p.m.
2013-10-21

Le encanta la privacidad y la discreción, y tiene que andar seguido de tres carros llenos de escoltas, porque está amenazado de muerte, debido a su tarea de perseguir el contrabando y detectar el fraude en el pago de impuestos.

Esas son las contradicciones que rodean la vida de Juan Ricardo Ortega, el funcionario que el 10 de septiembre del 2010 llegó emocionado a posesionarse en el cargo que, tres años después, le ha traído múltiples sinsabores. Al menos, en su vida familiar, pues como funcionario público, se sigue sintiendo realizado.

"Todo es un lío. Por motivos de seguridad tenemos que movernos siempre con escoltas y carros blindados, incluso, los fines de semana", comenta Paola Ochoa, la segunda esposa de Ortega y madre de tres de sus cuatro hijos.

La llegada de Juan Ricardo Ortega a varias de las entidades del Estado a las que ha estado vinculado ha sido siempre intempestiva. Pasó de manera breve por el Fondo de Garantías de Instituciones Financieras (Fogafín), donde tuvo la firme intención de reformar el Banco Agrario para hacerlo más eficiente. No lo hizo porque se fue para el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), como asesor de Luis Alberto Moreno en Washington, de donde se devolvió -trayendo a cuestas la ruptura de su primer matrimonio- para ser secretario de Hacienda de Bogotá. Esa decisión le pareció descabellada a Beatriz Arbeláez, una de sus grandes amigas. "¿Cómo hizo esa locura de dejar el BID en Estados Unidos, para venirse a Colombia, y a trabajar con el Polo…?", lo cuestionó ella en su momento.

En Hacienda de Bogotá fue inicialmente criticado por la transformación tributaria que propuso, lo que luego llevó a la capital a aumentar los recaudos en un 14 por ciento. A unos pocos días de entrar a dirigir la Dian empezó a estar en el ojo del huracán.

Primero, por la devastación laboral que llegó a hacer, al despedir a 1.000 supernumerarios con los que administraciones pasadas pagaban favores políticos. Luego, por la primera propuesta de reforma tributaria que hizo, con la cual, puso a tributar a muchos de los que se hacían los de la vista gorda con la obligación de aportar impuestos. El resultado también fue positivo para el país. El recaudo pasó de 65 a 100 billones de pesos en los últimos años.

Sin el tiempo suficiente para sacudirse de uno, llegaba enseguida otro huracán a la silla del director de la Dian. En una alocución que dejó mudo al país, el presidente Juan Manuel Santos les contó a los colombianos lo que había hallado Ortega, uno de los mayores escándalos de fraude contra el fisco: las falsas devoluciones del IVA que reclamaban a la Dian con facturas falsas por exportaciones ficticias, ,con la complicidad de funcionarios y exfuncionarios de la entidad recaudadora, que le costaron al país más de 3 billones de pesos.

Controvertido, inteligente, odiado por muchos, tildado de arrogante, con cinco sindicatos de la Dian encima reclamando por la señalización generalizada que hace de los trabajadores de la entidad, como corruptos, Ortega reduce cada vez más sus horas de sueño. Claro que, esa ha sido una costumbre de vieja data y hoy son muchas cosas más las que lo trasnochan.

Hilar una historia con la otra para atar cabos y llegar a conclusiones que sirven para las acciones que adelanta la Dian contra la ilegalidad, es ahora una de sus actividades. Esta faena no le ha resultado difícil, pues, según recuerda Beatriz Arbeláez, en una ocasión, durante un curso en Filadelfia, al que Ortega fue porque era consejero económico de Andrés Pastrana, sorprendió a sus colegas. "Pasaba cada noche sin dormir, comiéndose los libros de teoría económica de más de 500 páginas. Llegaba al curso como una 'cuchilla'.

Paola Ochoa también reafirma esa costumbre. "Le encanta leer. Lo hace todo el día, cada minuto que tiene libre. Le fascinan los libros de historia y, por supuesto, los de economía".

Pocas veces se alcanza a entender que el hombre que tiene a su cargo la mayor parte de los recursos que maneja el Estado colombiano pueda llevar una vida austera, pero Ortega es de los que se apena cuando le hacen bromas con la corbata de marca que lleva puesta.

"Es muy disciplinado, aunque siempre está sin efectivo. Hasta para la leche tiene que pedir prestado al conductor o a los escoltas. Detesta los lujos y en general llevamos una vida austera", cuenta Ochoa.

Su rostro, aparte de la foto que mantiene en su cuenta de facebook con sus tres hijos menores, siempre es duro, sin muchas sonrisas. Tal vez para ocultar su timidez o para poner el freno a lo que no sea estrictamente serio y veraz en su labor. "Defecto o virtud, no sé, pero no sabe decir mentiras. Prefiere decir las cosas tal y como son, le duela al que le duela. No puede soportar la hipocresía", anota su esposa.

El anecdotario de Ortega, en su paso por la Dian, ya es bastante abultado. Sorprende en un restaurante cuando pide la factura. Se ha tenido que conformar con voltearse y marcharse tras pedirle a un comerciante en Anapoima que le de un comprobante de su pago por la compra de un neumático infantil, inclusive, con el carné de director de la Dian en la mano. En fin, siempre está al acecho, con el olfato alerta, aún en sus momentos de privacidad.

No obstante, esto no le impide caer y ser víctima de su buena fe. Le sucedió recientemente con un funcionario que él mismo llevó a la Dian, por considerarlo honesto, quien finalmente traicionó su confianza y tuvo que denunciar ante las autoridades.

Enamorado eterno del sector público, sus pocos amigos estiman que podría estar muy bien en una empresa privada, pero él sigue empeñado en continuar en la Dian, una entidad que considera fascinante, a pesar de que, según cuenta Paola Ochoa, "la falta de privacidad es quizás lo más complicado. Es un trabajo muy demandante y el tiempo para compartir en familia es obviamente mucho más escaso. Y desde el punto de vista de salud, la Dian le ha dejado a Juan Ricardo una úlcera, una hernia hiatal y una metaplasia de estómago".

MARTHA MORALES MANCHEGO
ECONOMÍA Y NEGOCIOS

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