Cuevas de Longmen son una sorpresa oculta bajo las rocas en China

Este Patrimonio Mundial de la Unesco, es un lugar histórico con la máxima representación del arte budista esculpido en arcilla. Un tesoro poco conocido.

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julio 24 de 2009 - 05:00 a.m.
2009-07-24

En China hay lugares que ningún viajero deja de visitar, como la Gran Muralla, la Ciudad Prohibida, el Palacio de Verano o la Plaza de Tiananmen de Pekín, sin olvidar lo que queda en las modernas capitales de cemento de las tradicionales casas y callejuelas.

Pero en el gigante asiático hay también hermosos lugares históricos que buscan atraer al turismo y a los que acuden cada vez más masivamente los viajeros nacionales desde que son declarados oficialmente como tales, y más si con incluidos en la lista de Patrimonio Mundial de la Unesco.

Este hecho gusta mucho a Pekín, ya que la ayuda de este organismo internacional permite restauraciones para abrirlos al gran público, aunque no siempre responden a los gustos occidentales más inclinados al respeto de la obra original, al introducir transportes mecanizados, asfaltar los accesos e incluso hacer escaleras de hormigón en montañas tradicionales y sagradas.

Algunos enclaves lograron guardar su encanto por la naturaleza que les rodea o porque la explotación turística no está aún demasiado comercializada hacia los miles de turistas chinos, como son las cuevas budistas de Longmen, en las laderas del río Yi, afluente del río Amarillo.

Las cuevas están localizadas a 16 kilómetros de Luoyang, en la provincia de Henan (literalmente "al sur del río"), la más poblada de China con más de 100 millones de habitantes y donde se encontraron asentamientos humanos de hace 3.500 años.

Capital de varias dinastías y centro de espiritualidad, la provincia acogió desde la primera explosión del budismo en China (el Templo del Caballo Blanco en Luoyang es el más antiguo del país) al Islam que llevaron comerciantes y peregrinos que convivieron con la población han, además del único asentamiento chino de judíos, en Kaifeng.

Desde el año 494 antes de Cristo, cuando la dinastía Wei del Norte trasladó la capital al lugar, y hasta 200 años después, más de 100.000 imágenes de Buda y sus discípulos fueron esculpidas en un kilómetro de acantilados a lo largo del río Yi.

Actualmente muchas hornacinas están vacías o decapitadas porque durante los siglos XIX y XX fueron a parar a colecciones occidentales, o sufrieron los ataques de la Revolución Cultural en los años setenta.

Las cuevas de Longmen, las de Dunhuang (provincia de Gansu), y Datong (en la de Shanxi), constituyen la máxima representación del arte budista esculpido en arcilla.

Cuevas contra el calor

La milenaria costumbre de cavar cuevas en las laderas de las montañas no es extraña en China, y más de 100 millones de chinos las ocupan, preferentemente en laderas de ríos, o las alternan con otras residencias con el cambio de estaciones para evitar el pesado calor del centro del país.

Henan, la provincia más poblada de China, que se anuncia como la cuna del kung fu y que cuenta con el famoso Templo de Shaolin, demasiado restaurado a gusto de muchos verdaderos taoístas, también alberga en los museos de su capital, Zhengzhou, o de la segunda ciudad, Luoyang, objetos que se remontan a la Edad de Piedra y Bronce e incluso tumbas restauradas desde las dinastías Han a la Song.

La gastronomía es otro punto de atracción de está poco conocida región para los turistas no chinos. En toda la zona del río Amarillo y sus afluentes como el He la comida es deliciosa y no faltan restaurantes que ofrecen todo tipo de especialidades, desde el pato laqueado -algunos dicen que mejor que el pequinés porque lo preparan listo para comer- hasta el pepino de mar cocinado en el interior de una papaya.

El palacio de Chiang Kai-shek

En 1938, el general nacionalista Chiang Kai-shek dinamitó un dique cerca del pueblo de Huayuankou para ahogar a las tropas japonesas a 25 kilómetros al norte de Zhengzhou, causando también la muerte de un millón de chinos y la hambruna y huida de otros 11 millones.

El dique fue reparado en 1947 con la ayuda estadounidense.
Chiang Kai-shek, que al perder la guerra contra Mao se exilió en Taiwán, donde murió, quiso siempre estar cerca del río Amarillo, aunque fuera de las aguas de su afluente el He, y frente a las Cuevas de Longmen se construyó un palacio.

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