Los ‘culposos’ y ‘dolosos’ de la U. Nacional

Cada cierto tiempo la Universidad Nacional protagoniza noticias como las que recientemente han venido registrando los medios de comunicación. La razón es que la naturaleza misma de la Universidad (plural e incluyente), permite un eterno debate entre los reformadores -amigos de la modernización- y los defensores del statu quo, que perciben en los cambios una amenaza a lo público. Lo que sí ha cambiado con el tiempo es la preferencia relativa del estudiantado hacia estos grupos. El movimiento estudiantil de izquierda, que lidera paros y destruye la infraestructura de la Universidad, bloquea salones, se enfrenta a la policía, y que décadas atrás era la generalidad, hoy son solo una pequeña y estridente minoría, que lamentablemente goza de mayor poder de movilización que los demás.

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mayo 30 de 2008 - 05:00 a.m.
2008-05-30

Cuando estudié en la Universidad Nacional pude identificar que son dos los tipos de estudiantes que se involucran en revueltas estudiantiles. Al primer grupo lo llamaré ‘culposos’, por su inexperiencia. Son aquellos que, inducidos por otros, se mueven bajo la ingenua idea de estar haciendo algo por ‘la educación’ o por ‘lo público’. Con la poca concreción de sus ideas y la falta de alcance de sus discursos no sorprende que corran todos con la misma suerte: un despertar súbito, que rápidamente los aleja de los movimientos estudiantiles. Los culposos se caracterizan por ser jóvenes (de primeros semestres), desinformados, enérgicos, ruidosos y porque todos terminan rápidamente dejando de lado sus ideas para insertarse con desespero en el mercado laboral a defender iniciativas privadas. Llama la atención que pocos de ellos terminen trabajando con el Gobierno, y que sean justo los que no estaban de acuerdo con los paros los que terminaron alimentando las filas de los organismos públicos. Me divierto recordando a uno de ellos, en particular, que se fascinaba entonces entre discursos de andén y que hoy en día es un esmerado trabajador del sector financiero, que quienes lo conocen de cerca coinciden en definirlo como el más ambicioso y egoísta de sus pares. Este grupo de estudiantes, pese a ser los más tontos, son los menos peligrosos, porque aunque multiplican las torpes iniciativas de los demás, son como el plástico en el fuego, que arde fuertemente, pero rápido se consume. El segundo grupo, al que llamaré ‘los dolosos’, constituye un problema mucho más delicado. Son los que incitan a los primeros y persiguen ideas mucho más definidas, que van desde las utopías del comunismo hasta la perversa intención de perpetuar réditos personales desde lo público (como beneficios y auxilios de la Universidad). Se caracterizan por ser malos estudiantes, gastan muchos años en sacar adelante una carrera (costando casi dos profesionales a la sociedad), suelen estar más informados y nunca son carne de cañón en las manifestaciones, pues para eso están los ‘culposos’. Recuerdo un ‘líder estudiantil’, doloso, con quien alguna vez ingenuamente traté de debatir. Era un nefasto personaje que se ufanaba de llevar nueve años en la universidad, y que salvo la minoría que militaba a su lado, producía un profundo desprecio entre quienes conocían su condición. Decía entonces que no lo podrían expulsar porque tenía un derecho inalienable a la educación, el cual -repetía- “no se gana, se tiene”. Creo que si bien es posible que los derechos no tengan que ganarse, sí se pierden cuando se hace mal uso de ellos. Como la libertad del asesino preso, el cupo del estudiante que malgasta la oportunidad de cursar una carrera con dineros de la sociedad debe ser eliminado. Quienes hemos tenido el privilegio de estudiar en la universidad pública, queremos ver mejoras sustanciales en ella. Ojalá se migre a un sistema de créditos más competitivo, aumente la exigencia a la calidad estudiantil, se trasladen algunas ayudas de posgrado (regresivas si se tiene en cuenta que se gastan en profesionales) en favor de ampliar la base de pregrado y se cumpla con el deseo de la gran mayoría de no parar las clases. El momento actual que vive Colombia nos enseña que las mayorías tienen el poder de imponerse ante algunos cánceres de afectan la sociedad. Si la Universidad Nacional, efectivamente refleja el país, cosas buenas están por venir.'' El momento actual que vive Colombia nos enseña que las mayorías tienen el poder de imponerse ante algunos cánceres de afectan la sociedad.WILABR

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