La cumbia de la influenza

Alcancé a ver en la TV al presidente Felipe Calderón que se dirigía a una nación, que por lo menos en el DF no tenía actos masivos.

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mayo 01 de 2009 - 05:00 a.m.
2009-05-01

El domingo 26 de abril, mientras atravesaba una inusualmente desierta Ciudad de México con rumbo al Aeropuerto Benito Juárez, la influenza ya tenía hasta cumbia en YouTube. Al cierre de la edición del periódico Excelsior que llevaba en las manos, 'La cumbia de la influenza', ya había sido vista y escuchada por 600.000 personas.

"Vete de la Capital pronto todo va a estallar" parecía ser la parte de la canción que como en un éxodo bíblico habían obedecido los viajeros que abarrotaban las 36 salas de abordaje, henchidas de un pegajoso calor. Pero estaban tranquilos, muy pocos en realidad con la boca cubierta por los filtros que habían repartido las autoridades desde el jueves 23, cuando la palabra influenza estalló en los medios de comunicación de esta ciudad de chilangos o defeños, que agrupa la quinta parte de los 100 millones de habitantes del país.

La cumbia era una reacción típica de los latinos que, como aquí, vacilan hasta a la muerte. Como extranjero, pero sobre todo como periodista y escritor, yo me había tomado el asunto bastante en serio. Entre otras razones, porque había cursado el nivel Plaga literaria I, que conforman El decamerón, La piel, Muerte en venecia, El diario del año de la peste, La peste y El amor en los tiempos del cólera. Meses atrás había comprado en Nueva York una especie de Pandemias para Dummies y lentamente voy terminando La última boda, mi propio libro sobre el tema.

Al entrar a esta terminal donde funcionan las oficinas de Mexicana, luego de despedirme de Jesús Antonio Esqueda y escuchar su "¿De qué?" cuando le di las gracias por haberme servido de conductor y de guía en el tráfico moroso, recibí un papelito. El Gobierno Federal me informaba sobre un nuevo virus de la influenza. Fiebre superior a 39 grados, tos, dolor de cabeza intenso, dolores musculares y de articulaciones, irritación en los ojos. Marqué 'No' en todas las opciones.

El aeropuerto ardía cuando avisaron a los 120 pasajeros del vuelo 393, uno de los dos que tiene Mexicana los domingos a Bogotá, que no saldríamos por la puerta 19, sino por la 36. Mientras avanzaba hacia la salida, alcancé a ver en la TV al presidente Felipe Calderón que se dirigía a una nación, que por lo menos en el DF no tenía actos masivos, había enviado a vacaciones a sus estudiantes hasta el 6 de mayo y ese día celebraba las misas con cura y sin feligreses.

En el avión tampoco nos entregaron tapabocas y mucho menos nos prohijaron su uso. Cinco horas después, aterrizamos en Bogotá. Nunca había tenido un paso por inmigración tan raudo como el de esa noche. Funcionarios y personal, ellos sí protegidos con tapabocas, nos vieron salir, más pendientes de chequear las maletas que de la salud de quienes veníamos del foco de la pandemia.

Creo que el mejor amigo de estas situaciones es la ignorancia o la falta de información. Suministrarla oportuna y constantemente es una clave de victoria. Y los controles. Porque como canta la cumbia: "es la noticia del día la influenza ya llegó. Compren todos medicinas pa' enfrentar al batallón".

cgalvarezg@gmail.com

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