Cumbre del G-20 de este sábado será diferente a la de Bretton Woods

Los Estados más ricos del mundo no tienen el mismo peso de antes y tendrán que conciliar con unas naciones emergentes que hablan cada vez más duro. Colegio de Supervisores, idea que gana terreno.

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noviembre 14 de 2008 - 05:00 a.m.
2008-11-14

Fue tan solo una coincidencia, pero el clima gris y lluvioso que recibió el viernes en Washington a los jefes de Estado y de Gobierno de las naciones que, junto con Estados Unidos, conforman el llamado Grupo de los 20 (G-20), resultó ser el marco natural perfecto para la ocasión: pocas veces en la historia moderna la economía mundial había enfrentado un panorama tan tormentoso como el actual.

Para citar tan solo las noticias de ayer, la zona euro, compuesta por 15 países del Viejo Continente que comparten moneda, entró por primera vez en recesión desde que fue creada. El fenómeno, definido como dos trimestres consecutivos de crecimiento negativo, fue confirmado cuando se supo que el PIB del bloque cayó 0,2 por ciento entre julio y septiembre, impulsado hacia abajo por los pobres resultados de Alemania e Italia.

Situaciones como la caída del 15 por ciento en la venta de automóviles registrada el mes pasado en Europa hacen pensar que la mala racha continuará. Firmas como Renault, Volkswagen y BMW planean recortar su producción y su personal, dándoles razones a los analistas para creer que las vacas flacas se verán hasta bien entrado el 2009.

En Estados Unidos, donde todo comenzó hace un año -debido al desplome de la finca raíz y su posterior contagio al sistema financiero-, las cosas no están mejor. Ayer también se supo que las ventas al detal bajaron 4,1 por ciento en octubre frente al mismo mes del 2007, pésimo resultado para una economía cuyas dos terceras partes dependen del consumo.

Como si lo anterior fuera poco, Freddie Mac, el gigante de las hipotecas que fue prácticamente nacionalizado hace pocos meses, reportó pérdidas superiores a los 25.000 millones de dólares en el trimestre, que se suman al saldo en rojo de 29.000 millones de Fannie Mae, el otro jugador importante en este campo.

Así las cosas, la expectativa en torno a la reunión de hoy es enorme. No falta quien la compare con Bretton Woods, la cita que convocó a 730 delegados de 44 naciones aliadas en un pequeño pueblo del estado de New Hampshire (1944).

En ese momento, con la Segunda Guerra Mundial en su etapa final, era claro que el mundo necesitaba instituciones multilaterales fuertes para definir reglas comunes en lo económico y bases para apoyar a las naciones destruidas por el conflicto bélico.

Fue así como nacieron el Fondo Monetario Internacional y el Banco Internacional de Reconstrucción y Fomento, más conocido como Banco Mundial. Todo ocurrió al cabo 3 años de trabajo técnico y bajo la égida de Estados Unidos, consolidado como la única gran potencia de occidente.

Las cosas son muy diferentes ahora. Para comenzar, el llamado Grupo de los Siete (Gran Bretaña, Canadá, Francia, Alemania, Japón, Italia y Estados Unidos), que desde esa época ha controlado buena parte de los asuntos mundiales, ya no tiene el sartén por el mango.

Según James Wolfensohn, ex presidente del Banco Mundial, entre 1965 y el 2002 el G-7 aportó dos terceras partes del PIB global; esa proporción es hoy del 52 por ciento y va a bajar al 37 en el 2030 y a la cuarta parte a mediados del siglo.

Mientras tanto, la participación del G-20 (que incluye al G-7) se ha mantenido estable en 90 por ciento, gracias al poder creciente de las economías emergentes, sobre todo las del llamado Bric: Brasil, Rusia, India y China.

Desde esta óptica, suena apenas lógico que la propuesta de una nueva arquitectura mundial, si es que va a haber una, nazca de ese grupo de naciones. El problema, claro está, comienza a la hora de revisar las iniciativas individuales, pues cada mandatario congregado en Washington tiene ideas diferentes.

Por no hablar de la debilidad del anfitrión, George W. Bush, quien no solo es el presidente más impopular de los últimos tiempos en su país, sino está de salida, razón por la cual habría otra cumbre a finales de marzo, con la presidencia de Barack Obama.

Sin embargo, todo indica que ha ganado terreno la idea de un Colegio de Supervisores que vigilaría las 30 entidades financieras más grandes del planeta, aunque no hay detalles sobre su modus operandi.

También recibirían un espaldarazo el Foro de Estabilidad Financiera, que ya opera, y el Fondo Monetario, que necesita mucho más que los 250.000 millones de dólares con que cuenta.

Eso haría necesario recomponer la entidad, pues -por ejemplo- un país como Bélgica tiene más fuerza a la hora de votar que China, que podría ser hacer un aporte inmenso.

La prestigiosa Brookings Institution, donde trabaja el colombiano Mauricio Cárdenas, sugiere que, aparte de mejorar la regulación y la supervisión financieras, es necesario estabilizar a las economías en desarrollo afectadas por la crisis, reformar el sistema de ayuda a las naciones más pobres y mantener abiertos los canales comerciales con la ayuda de la OMC, entre otros temas.

Falta ver, claro, cuáles ideas caen en terreno fértil y cuáles no.  

El Grupo de los 20, un club de ricos y emergentes

El G-20, que hoy discutirá la crisis financiera internacional, nació en Berlín en diciembre de 1999 como un foro informal para promover el diálogo entre países avanzados y emergentes.

Fue una respuesta a las crisis financieras de los 90 en varias regiones del mundo y para su composición se invitó, además de las naciones desarrolladas, agrupadas en el G-7, a países emergentes con peso en la economía mundial.

Sus miembros son: Alemania, Arabia Saudí, Argentina, Australia, Brasil, Canadá, China, Corea del Sur, E.U., Francia, India, Indonesia, Italia, Japón, México, Rusia, Turquía, Reino Unido, Suráfrica y la Unión Europea (UE).

En conjunto, representan cerca del 90 por ciento del PIB mundial, el 80 por ciento del comercio y dos tercios de la población del planeta.

La presidencia es rotatoria y este año la tiene Brasil, que le pasará el testigo al Reino Unido en el 2009. La idea es evitar que sea ocupada en años seguidos por países de la misma zona geográfica.

El G-20 tiene nivel ministerial, pues en sus reuniones anuales participan los titulares de Hacienda y los presidentes de los bancos centrales de los países miembros. Sin embargo, la coyuntura llevó a E.U., con la anuencia de Brasil, a convocar una cumbre de gobernantes del grupo, que se realizará hoy en Washington.

A sus reuniones asisten también el director gerente del Fondo Monetario Internacional y el presidente del Banco Mundial.

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