Cuando se da un mal paso

Con la edad vienen problemas de visión, de seguridad para realizar ciertos movimientos y hasta de estabilidad que suelen convertirse en un obstáculo para el buen desempeño diario de una persona.

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mayo 24 de 2008 - 05:00 a.m.
2008-05-24

Un mal paso puede convertirse en un accidente con graves consecuencias como fracturas, más si es una mujer con problemas de osteoporosis. Precisamente, por un mal paso que dio el día de la madre, doña Beatriz Escobar terminó con una fractura en la cabeza de su fémur izquierdo. De inmediato fue conducida a un servicio de urgencias donde determinaron que la solución era una cirugía para implantarle una prótesis. Hoy, apenas 15 días después, la mujer, de 87 años, ya está fuera de peligro. Se calcula que esa misma situación la viven cada año una de cada tres personas de la tercera edad. Y las causas tienen diversos orígenes, algo que Alexander Morales, geriatra del Centro de Envejecimiento de la Universidad Javeriana, califica como “un concepto biosicosocial”. Es decir, que depende tanto de factores biológicos y psicológicos como sociales. Entre los primeros se encuentran las enfermedades que generan alteraciones físicas como las relacionadas con accidentes cerebrovasculares o dificultades osteoarticulares; en los segundos, las anormalidades cognoscitivas, como demencias que entorpecen la coordinación cerebral y por tanto afectan la marcha; y en los terceros, aspectos como el aislamiento, el temor a caer o las barreras arquitectónicas. “Ancianos que tienen que subir tres o cuatro pisos, viven con muchos tapetes o en condiciones de hacinamiento tienen más riesgo de caerse que otros”, indica Morales. EL TEMOR DE LA CAÍDA Aunque no genere mayores traumatismos, la caída misma tiene un impacto negativo en el estado emocional de la persona mayor, que muchas veces se retrae y deja de hacer su vida con normalidad para evitar riesgos. Incluso puede generar un temor excesivo a caer (conocido como ptofobia), que limita al anciano para volver a caminar. Al perder la costumbre de hacerlo, el cuerpo experimenta cambios que realmente dificultan la marcha. “Es un círculo vicioso que puede llegar a ser discapacitante”, dice el experto, al tiempo que señala que la fobia se presenta en el 80 por ciento de los que se caen. Y si a esto se le suman las consecuencias físicas del golpe, la situación puede complicarse. Según los estudios, el 30 por ciento de quienes se caen sufre fracturas. Así que “un golpe que en un adulto más joven no tendría mayores consecuencias, sobre un hueso con osteoporosis puede causar una fractura”, asegura el doctor Alfonso Cruz, jefe de la Unidad de Geriatría del Hospital Ramón y Cajal de Madrid. Del total de las facturas, el 5 por ciento se presentan en la cadera, con lo que el adulto mayor “pierde la posibilidad de caminar y con eso la independencia”, subraya Morales. Lo que sigue es un tratamiento de aproximadamente una semana mientras realizan una cirugía para reparar los daños y la persona se recupera, y luego un proceso de rehabilitación que puede tardar hasta seis meses mientras aprende a apoyarse de nuevo, fortalece los músculos y recupera la confianza. Por eso, en este terreno, igual que en otros aspectos de la salud, los expertos hacen mucho hincapié en la prevención. “En el caso de las caídas y las fracturas, juegan un papel fundamental la alimentación y el ejercicio para prevenir la osteoporosis, aunque también hay que tener en cuenta los elementos externos”, según el doctor Laurence Rubenstein, profesor en la Universidad de California. Es importante retirar cables, reubicar los enseres para dejar libres los caminos, contar con una buena iluminación e identificar los lugares más riesgosos como escaleras, desniveles y baños. Con información de EFE PREVENCIÓN REVISIÓN. Además de las barreras arquitectónicas hay que hacer evaluaciones periódicas con el geriatra para descartar factores de riesgo como las alteraciones de la vista y el equilibrio, y mantener una actividad física regular que ayude a mantener el vigor del adulto mayor. Los expertos recomiendan las técnicas orientales como el tai chi y el yoga. Qué ejercitar en la edad adulta* La capacidad cardiorespiratoria. Para esto son ideales ejercicios como nadar, hacer gimnasia, caminar o montar en bicicleta, dado que ayudan a entrenar al corazón para que responda a cualquier demanda imprevista. Según un estudio reciente de la Universidad de Carolina del Sur, los adultos que tienen buen nivel de acondicionamiento aeróbico tienen 40 por ciento menos riesgos de sufrir un infarto que quienes no. * Fuerza. Se recomiendan los ejercicios anaeróbicos (cortos, pero intensos). Abdominales y dorsales suaves, sentadillas y uso de bandas elásticas son ideales, siempre y cuando se tenga la supervisión necesaria para no afectar huesos o músculos muy débiles. * Flexibilidad. Estimularla es indispensable para el bienestar de los adultos mayores, debido a que les facilita el movimiento, les ayuda a mantener una posición erguida y a reducir dolores y calambres generados por malas posturas y movimientos bruscos. Yoga y pilates son los más adecuados. Equilibrio. Es esencial para evitar las caídas. En los gimnasios se trabaja con tablas inestables, camas elásticas o balones terapéuticos. Los movimientos del Tai Chi o del tango ayudan a estimularlo. Pero lo ideal es que estos ejercicios se realicen desde la juventud para llegar a la tercera edad con buena capacidad cardiorespiratoria, flexibilidad y equilibrio. Si la rutina de estos ejercicios se inicia de mayor, es mejor comenzar con un plan diseñado por un profesional que pueda guiar las actividades y establecer la capacidad física de cada persona para saber qué puede hacer y qué no.WILABR

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