El debate sobre la desindustrialización en el país

El debate sobre la desindustrialización en el país

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mayo 07 de 2013 - 05:00 a.m.
2013-05-07

En la década del 70, los economistas Chenery y Syrquin, con base en un estudio empírico de una muestra muy amplia de países, concluyeron que los Estados con mayor participación en la producción industrial sobre el Producto Interno Bruto (PIB) total presentaron un PIB per cápita mayor. Para la misma época, el premio nobel Simón Kuznetz, también con base muy amplia de países, concluyó que las naciones con mayor grado de desarrollo tienden en el tiempo (secularmente) a reducir la participación del sector industrial y del agrícola, y aumentar la participación de los servicios en el PIB. Debe advertirse que estos estudios se realizaron con el conocimiento de las experiencias internacionales exitosas hasta ese momento, basadas inicialmente en la Revolución Industrial inglesa, el desarrollo industrial de algunos países europeos, de Japón y de Estados Unidos. Posteriormente, vinieron las experiencias del sudeste asiático y más recientemente de China e India, que indujeron un fuerte cambio en la última década de los términos de intercambio a favor de los países productores de bienes básicos. En una presentación de Dani Rodrik, en Colombia, en noviembre del 2012, este indicó cómo algunas economías en desarrollo están haciendo cambios importantes en la participación del empleo industrial hacia sectores de más alta productividad, países tales como Corea del Sur y Tailandia. También afirma que América Latina lo viene haciendo mejor en este contexto en los últimos años. En el caso de Colombia, no hay ninguna discusión sobre la reducción de la participación del valor agregado industrial sobre el PIB en el largo plazo, que ha pasado de niveles de más del 20 por ciento en la década del 70 a niveles del 14 por ciento en el último decenio. Debe indicarse que, simultáneamente, con ese proceso la minería y los hidrocarburos han venido ganando participación en el PIB hasta niveles cercanos al 7 por ciento. Igualmente, se ha reducido la participación del empleo en el ramo industrial. En ese contexto, se ha presentado un debate en Colombia sobre los factores que han determinado esa caída. De un lado, Anif ha contribuido al debate con su interesante libro La desindustrialización en Colombia, en el que se hace énfasis en la enfermedad holandesa como factor determinante: la generación de divisas del sector minero- energético ha estado acompañada de una revaluación sistemática de la tasa de cambio. Anif desestima, con razón, la interpretación secular de desindustrialización de los países desarrollados para el caso de Colombia. De otro, Juan Esteban Carranza y Stefany Moreno, del Centro de Estudios de Economía Industrial e Internacional del Banco de la República, presentaron un estudio en el que se hace énfasis en el proceso de contratación de servicios por parte de la industria manufacturera, lo cual ha producido un cambio en las estadísticas de valor agregado. Es importante indicar que un factor internacional de los últimos 15 años ha consistido en la desintegración de los procesos industriales hacia modalidades de maquila, ensamblaje y subcontratación, que han dado como resultado la diseminación de los procesos industriales en un número amplio de países, en el caso de procesos productivos de varios subsectores industriales. Colombia no escapa a esta tendencia. Todo este debate debe conducir a la necesidad de revisar la estrategia de transformación productiva en el caso colombiano, tanto en términos de la construcción de capacidades humanas e institucionales, como en lo que se refiere al surgimiento de nuevos sectores productivos. Este es un tema crítico para enfrentar no solo problemas de subsectores industriales afectados, sino también de algunos subsectores agrícolas que han venido reduciendo su competitividad a nivel global. En el 2006, la Corporación Andina de Fomento presentó unas estrategias de transformación productiva para América Latina haciendo énfasis en las siguientes estrategias. Partiendo de una sana política macroeconómica, se requiere avanzar en el desarrollo más agresivo de políticas de estímulos a la innovación y calidad de la educación; de clústers que permitan promover la coordinación entre empresas del sector privado, los distintos órganos locales regionales y nacionales del Gobierno, y la sociedad civil; de la infraestructura física requerida; de acceso a mercados y al financiamiento.

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