¿Debe el Gobierno implementar plan de rescate para industria automotriz, a fin de que no vaya a la bancarrota?

Pregunta Bill VanderMolen, desde Pittsfield Township, Michigan. Responden Jack y Suzy Welch,autores del libro 'Winning'. Jack Welch fue presidente de General Electric durante 20 años.

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noviembre 21 de 2008 - 05:00 a.m.
2008-11-21

¿Qué le parece esto a cambio? Las juntas directivas de Chrysler y de GM llevan a sus compañías a la quiebra con la clara intención de reorganizarse y de fusionarse. Tal vez eso le parezca radical, pero es el mejor camino para que la industria tenga un futuro
viable, a largo plazo.

Y sí, la industria automotriz de Estados Unidos pertenece al futuro. Los partidarios del mercado libre pueden hablar todo lo que se les antoje acerca de la desaparición 'natural' de la industria. Tienen un punto legítimo para hacerlo. Pese a los enormes progresos en el vehículo fabricado en Estados Unidos, las bien administradas compañías de Japón, de Alemania y de Corea del Sur se han apropiado de la mitad del mercado norteamericano, y la competencia a nivel global se hará más difícil con el ingreso de empresas chinas e indias.

Pero, como muchos otros, creemos que para proteger empleos, por una cuestión de defensa nacional y de auto respeto, Estados Unidos necesita mantener viva una 'verdadera' industria automotriz.

Pero, para que eso ocurra, el mejor método no es que el gobierno entregue dinero. Washington puede imponer condiciones y prometer una estricta supervisión, pero no puede impulsar el tipo de cambios que necesita la industria. Habrá mucha oposición política y las sumas que se manejan, de 25.000 millones de dólares de los contribuyentes para empezar, y mucho más que se necesitará luego, sólo permitirá mantener a las Tres Grandes básicamente como están ahora. Se trata de una solución momentánea, no de una cura.

Es por eso que muchas juntas directivas de empresas automotrices deben tomar el valeroso paso de ir a la bancarrota. Algunos acreedores tal vez traten de liquidar los bienes de esas compañías, pero dada la disminución de los patrimonios netos de los fabricantes de vehículos, se trata de un escenario muy poco atractivo. En cambio, es posible que los acreedores estarán en favor de que el gobierno intervenga para respaldar la reorganización.

Estamos hablando de un nuevo comienzo. Durante más de una década, los fabricantes de vehículos en Estados Unidos han tenido enormes gastos. Pero la reorganización permitirá abrir las puertas a cambios estructurales con la renegociación de contratos con los acreedores, vendedores y sindicatos. Y permitirá mejorar las posibilidades de que el contribuyente logre un reintegro de lo que aportó.

Una vez que las empresas se encuentren en bancarrota, una fusión logrará galvanizar cambios fundamentales. Tres compañías son demasiado difíciles de unir, y Ford tiene una estructura controlada por una familia.

Por lo tanto, nuestra propuesta es que GM y Chrysler sumen fuerzas. Se ha estimado que tal fusión podría cear unos 15.000 millones de dólares en ahorros. Suficientes para bajar el costo de producir un automóvil, así como para proporcionar un incremento a los recursos destinados a la investigación y el desarrollo.

Por cierto, GM y Chrysler podrían perder varios puntos en el mercado durante la transición, pero una entidad fusionada terminará en una posición más vigorosa, que controlará una cuarta parte del mercado norteamericano.

No tenemos la intención de hacer creer que será fácil. Las fusiones son siempre problemáticas, en la mejor de las circunstancias, y una fusión de dos empresas en bancarrota será aún más difícil, y requerirá el compromiso de sectores que realizan cosas de materia opuesta. Y habrá real dolor antes de que las cosas comiencen a andar bien. Millares de empleos se perderán, muchas pensiones y otros beneficios se verán afectados. Los accionistas verán desaparecer sus inversiones.

Advertimos que hay docenas de razones para eliminar una solución tan drástica. Algunos dicen que los consumidores norteamericanos no invertirán 30.000 dólares o más en un vehículo de una empresa en quiebra. Pero los estadounidenses invierten sus bienes más preciosos, sus propias vidas, cuando vuelan en aerolíneas que están en bancarrota. Otros señalarán que la mecánica de dos bancarrotas y de una fusión son imposibles de ejecutar. Y otros señalarán que ya se han hecho demasiadas concesiones a nivel contractual.

También los líderes podrían intentar eludir la propuesta de un cambio doloroso. Se trata de una tarea brutal en tiempos normales, y en este caso será una labor hercúlea debido al medio ambiente político de Washington y de Detroit.

Pero para que la industria estadounidense avance hacia un futuro competitivo a nivel global, tiene que abandonar el sendero de hacer las cosas de poco a poco. Con una reorganización y una fusión, nos aguarda un viaje prolongado y lleno de contratiempos. Pero el destino bien valdrá la travesía.

Jack y Suzy Welch son autores del libro 'Winning', Pueden enviarles preguntas por correo electrónico a winning@nytimes.com.  

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