¿Qué debemos aprender de los chilenos?

Colombia ha invitado permanentemente un ejército de chilenos para que nos cuenten sus éxitos económicos, sus avances en el comercio exterior, su capacidad para atraer inversión extranjera y para convertirse a su vez en inversionistas en distintos países de América Latina.

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mayo 25 de 2006 - 05:00 a.m.
2006-05-25

Ahí estamos pintados los colombianos: sólo nos preocupan los indicadores económicos y por esta visión limitada hemos dejado por fuera el verdadero éxito de Chile: haber logrado una profunda transformación de su sociedad que lo ubica hoy claramente en el camino de la auténtica modernidad. Según Ernesto Tironi, en este período de democracia, que se ha consolidado sin duda por ese especial liderazgo del presidente Lagos, se han reformado las costumbres, los hábitos, la vida cotidiana y la cultura de ese pueblo. Se ha desplazado el aire conservador, las jerarquías y los privilegios por linaje más que por méritos. Según el mencionado analista, Chile es hoy una sociedad más segura de sí misma que ha sacado de su armario sus fantasmas y que ha dejado de obedecer a una oligarquía intocable que maneja los hilos del poder. ¿Cómo lo lograron, si hace sólo 25 años apenas salían de un período oscuro de su historia moderna? Esa es sin duda la respuesta que debería buscar Colombia. Las explicaciones son complejas y profundas empezando por la estabilidad política, la fortaleza de sus partidos, la sana politización de la sociedad chilena y el sufrimiento que sentó las bases para la reconciliación nacional que hoy disfrutan. Pero en los resultados sociales se encontrarán muchos elementos de esta nueva etapa positiva de esa sociedad. Precisamente por ser este el flanco débil de Colombia, entre muchos otros, es fundamental entender qué fue lo que hicieron los chilenos para mostrar hoy resultados en pobreza y calidad de vida que lo convierten en modelo para sociedades como la nuestra. Así mismo, la concentración de ingresos, muy parecida a la colombiana, los trasnocha y se ha convertido, como lo decía el presidente Lagos antes de terminar su mandato, “en la gran vergüenza nacional”. Entender por qué no han logrado reducirla y conocer las estrategias de la presidenta Michelle Bachelet, para alcanzarlo, son de gran valor para este país que pronto empezará un nuevo período de gobierno. Con el retorno de la democracia se inicia la política de crecimiento con equidad, que como lo menciona José Pablo Arellano, contemplaría la mejora de condiciones para los trabajadores, que resultan de mejoras institucionales en el mercado de trabajo y de los beneficios que se canalizarían hacia los más pobres en base al gasto social de Gobierno. Para empezar, la prioridad fue el crecimiento y las políticas económicas y sociales que ‘debían estar diseñadas para favorecerlo, en ningún caso arriesgarlo’. Durante los años 90 la pobreza se redujo a la mitad, desde 39 por ciento en 1990 al 21 por ciento de la población en el 2000. Esta disminución de la pobreza es el resultado del aumento en los ingresos percibidos por esos hogares fruto del aumento de sus remuneraciones y de las mejores oportunidades de trabajo. En menor medida, también contribuyeron los subsidios en dinero otorgados por el Estado. Mensaje para el próximo Gobierno: el factor determinante para superar la pobreza fueron las mejores condiciones de trabajo. Otro mensaje fundamental: el acento en la equidad a través de la política social durante los años 90 se tradujo en un claro cambio de énfasis y prioridades en la política fiscal. Los recursos provenientes del crecimiento económico no se destinaron a reducir los impuestos, como trata ahora de hacer el Gobierno, sino que a partir de 1990 se dirigieron a aumentar el gasto social. Para garantizar la disciplina fiscal que tanto se cacarea aquí, se aplicó el principio de que no habría gastos si antes no se garantizaba que habría recursos suficientes. Es decir, nada de populismo ni siquiera neo y la oposición siempre apoyó este principio que significaba aumento de impuestos. Aunque el aumento en las tasas impositivas fue muy importante por los mayores recursos obtenidos para financiar los mayores gastos sociales, lo fue mucho más todavía el crecimiento económico, a lo cual contribuyó decididamente la política macroeconómica. El 69 por ciento de la mayor recaudación de impuestos en ese período fue fruto del crecimiento y el 31 por ciento restante de los cambios en la legislación tributaria y su administración con la consiguiente reducción de la evasión. Gracias a esa política los gastos sociales se multiplicaron por 2,4 por ciento entre 1990 y el 2002. La lección más importante en este campo es que sí paga reorientar el presupuesto público hacia los programas sociales. Mientras en Colombia el gasto social no crece proporcionalmente como lo manda la Constitución, en Chile el gasto social pasó de representar un 61 por ciento del gasto total de Gobierno al 69 por ciento en el 2000. Los analistas señalan cinco razones para este logro: la infraestructura se financió con fondos privados, se redujeron los gastos en defensa, se disminuyó la deuda pública, se movilizaron recursos privados -¿cómo sensibilizaron a los ricos?- para apoyar los programas del Gobierno, y los beneficiarios con capacidad de pago liberaron al Estado para que este se concentrara en los más necesitados. Nada que ver con lo que estamos haciendo. Este es sólo el abrebocas para el Seminario Chile… que contará con la presencia de dos destacados protagonistas de interesante ejemplo, Ricardo Ffrench-Davis y el senador Carlos Ominami. La gran pregunta debería ser: ¿cuáles son los mecanismos para hacer de la reducción de la pobreza una responsabilidad de toda la sociedad? ¿Será posible que aprendamos algo para darle un viraje definitivo a nuestra sociedad insolidaria y excluyente? "Mientras en Colombia el gasto social no crece proporcionalmente como lo manda la Constitución, en Chile el gasto social pasó de representar un 61 por ciento del gasto total de Gobierno al 69 por ciento en el 2000”.Cecilia López Montaño, Directora Fundación Agenda Colombia

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