¿Debería imponerse un impuesto a las gaseosas?

Según Minsalud, daría $ 2,6 billones a la salud y atacaría la obesidad. El gremio refuta su efecto contra las enfermedades y señala los daños que le traería a la economía.

Coca Cola

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noviembre 11 de 2015 - 04:04 a.m.
2015-11-11

La propuesta del Ministerio de Salud de incluir un impuesto a las bebidas azucaradas –gaseosas, jugos empacados y refrescos– dentro del proyecto de Reforma Tributaria Estructural que estudia una comisión de expertos y que sería presentada al Congreso en enero ha suscitado una batalla de argumentos en pro y en contra.

De acuerdo con un documento que le envió el ministro del ramo, Alejandro Gaviria, a la comisión, este gravamen no solo generaría un recaudo de 2,6 billones de pesos anuales que irían a las arcas de la salud, sino que reduciría el consumo de estos productos, con lo cual se reducirían algunos males asociados con la obesidad, como la diabetes, enfermedades cardiovasculares e hipertensión.

Este martes también, en Cartagena, como preámbulo del Encuentro Anual de la Asociación Internacional del Gremio de Bebidas, la Andi presentó un estudio encargado al economista Hernando José Gómez, en el cual se sustentan los efectos negativos que la medida traería a la economía y el escaso impacto positivo para la salud.

El director de la Cámara de Bebidas, Santiago López, destacó que este rubro produce 12 billones de pesos anuales (cifras del 2013) y genera un movimiento en otros sectores económicos equivalente a otros 6,6 billones. También ha sido un artífice de la recuperación industrial.

De acuerdo con el informe, un impuesto del 10% reduciría los ingresos del gremio en unos 400.000 millones de pesos.

Adicionalmente, según el consultor Gómez, la demanda de azúcar se disminuiría en un 5%, con un efecto nefasto para los ingenios. El declive de la economía del Valle del Cauca sería inmediato, además de la actividad de muchas embotelladoras.

El especialista también duda del recaudo esperado, pues el cálculo parte de que las cantidades consumidas seguirían siendo iguales. En cambio, anota, lo difícil sería desmontar después el impuesto, como ha ocurrido por ejemplo con el gravamen a las transacciones bancarias o 4x1.000.

“Lo que se probó en el caso de México –donde existe el impuesto desde el 2014– fue una reducción muy importante en la generación de empleo en esta industria. Fueron cerca de 4.000 puestos de trabajo”, dice Gómez, quien anota que ese país también probó que la gente lo que hace si se aumentan precios es sustituir las azucaradas por otras bebidas más baratas y dañinas, con lo cual el impacto sobre la obesidad sería contrario al deseado.

“Este es un problema más complejo que no se soluciona con un impuesto a las bebidas”, enfatiza al indicar que existen países con mayor consumo per cápita de gaseosas donde no hay problemas graves de obesidad. “Si el tema es conseguirle recursos a la salud, el debate es otro. Habría que mirar, por ejemplo, aumentar un punto el IVA en general, que recaudaría cuatro billones de pesos”, anota Gómez.

‘DEBE SER DEL 20% PARA ASEGURAR SU EFECTIVIDAD’

El informe de la Andi acopia argumentos de centros de investigación que concluyen que la ingesta de azucaradas no está directamente relacionada con aumento de peso y enfermedad. Y es la misma estrategia que adoptó el Ministerio de Salud en un documento de 17 páginas que ya le hizo llegar a la comisión de la reforma, pero en sentido contrario porque, dice, estas contribuyen a la acumulación de grasa en el organismo.

Entre otras cosas, resalta que este tipo de impuestos han sido avalados por la Organización Mundial de la Salud y la Ocde, y por lo menos 19 gobiernos lo han adoptado como parte de su política de salud.

Curiosamente, el caso de México le sirve al Minsalud para decir que el impuesto debe ser de por lo menos el 20 por ciento si se quiere que sea efectivo.