Una democracia imperfecta

Una democracia imperfecta también puede deteriorarse y hoy en Colombia, gracias al DAS en el régimen actual, nos sentimos inseguros hablando por celular o enviando mensajes electrónicos.

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mayo 03 de 2009 - 05:00 a.m.
2009-05-03

 Recientes columnas de Eduardo Posada en El Tiempo y de Rodrigo Botero en El Colombiano advierten sobre el peligro que corre la democracia colombiana con el referendo y la reelección y se oponen a ellos porque en Colombia existen instituciones y tradiciones democráticas que, aunque imperfectas, deben preservarse para evitar entre otras cosas la concentración extrema del poder, arbitrariedad, incertidumbre y pérdida de la libertad.

 Posada ha defendido a la democracia contra sus detractores y ha destacado que, aunque se trata de una democracia imperfecta, ha sido una democracia liberal que se ha conseguido después de haber recorrido un "largo y tortuoso camino". El cambio constitucional que promueve el gobierno, ya sin tapujos, va a apartar a Colombia de esa senda.

El desempeño y la institucionalidad de la democracia han sido bastante defectuosos, al punto que no despierta mucho entusiasmo ni se valoran las instituciones. También ha fomentado la inconsciencia de la clase dirigente que permanece indiferente a la miseria y a la barbarie y no actúa con responsabilidad, como lo harían los líderes de una democracia plena, ni controla la avaricia de sus miembros. Los incidentes recientes sobre compras de tierras que eran de desplazados por oportunistas provenientes de élites locales y nacionales en regiones liberadas de la guerrilla y de las autodefensas son un ejemplo actualizado de la rapacidad de esas clases privilegiadas. Otro gran defecto del sistema ha sido el clientelismo - la "politiquería y la corrupción" que Uribe pretendía combatir y ahora lo rodean.

Aunque el esquema democrático ha hecho posible que sobrevivieran muy malos hábitos en el sector rural, en materia de tenencia de tierras, abusos contra la población pobre y ejercicio desmedido, violento e ilegítimo del poder local, también ha fomentado una cultura de libertad y participación política en las ciudades y el surgimiento de una clase media urbana independiente y a veces pensante. Hasta hace poco nos asombrábamos de que amigos venezolanos, chilenos o peruanos tuvieran miedo de hablar por teléfono o de decir públicamente lo que pensaban. Pero una democracia imperfecta también puede deteriorarse y hoy en Colombia, gracias al DAS en el régimen actual, nos sentimos inseguros hablando por celular o enviando mensajes electrónicos. Cuando los gobiernos logran algo por medios ilegítimos, en este caso sus mayorías parlamentarias, el remordimiento los vuelve paranoicos y toman medidas para minar la libertad.

Una periodista extranjera que visita con frecuencia a Colombia me dijo en su última estadía que nuestra democracia le parecía incompleta antes pero ahora le parece de mentiras. Me dijo: "muchos congresistas han sido elegidos con el apoyo de paramilitares, o por presión de ellos. Los alcaldes pertenecen a las mafias, a los paramilitares o a la guerrilla pero no al Estado. La reelección del Presidente fue posible porque alguien les concedió jugosos beneficios a dos congresistas para que facilitaran el cambio de la Constitución".

En ese momento no sabíamos que para obtener las firmas del referendo se violaron las normas de financiación. No se sabía a ciencia cierta que el DAS se dedicaba a chuzar magistrados, periodistas y políticos. Los senadores no habían pasado a pupitrazos el referendo en la Comisión I, ni habían cambiado a su antojo el texto del referendo (Vox populi: ¿Mamoli?). El gobierno no había nombrado una Corte Constitucional de bolsillo ni había maquinado la elección de un Procurador ídem. Al parecer la democracia que tenemos ya ni es imperfecta. No es ni siquiera de mentira sino que está en vía de extinción.

rhommesr@hotmail.com

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