Desacuerdo en reducir subsidios agrícolas condujo al fracaso de Ronda de Doha

La petición fue hecha por los países en desarrollo a las naciones industrializadas porque consideran que distorsionan los precios e impiden una competencia justa.

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julio 29 de 2008 - 05:00 a.m.
2008-07-29

También contribuyó la solicitud de las potencias a las economías en desarrollo, de abrir sus puertas a los bienes manufacturados.

El desacuerdo giró en torno al Mecanismo de Salvaguardia Especial (MSE) que fue férreamente rechazado por países como Estados Unidos y Australia, mientras que India y China defendieron su implantación.

Aunque en la actualidad existen 'salvaguardias especiales' entre países ricos y pobres, son utilizadas raramente. La disputa sobre la propuesta más reciente tiene que ver con el límite que los países pobres pueden considerar para aumentar marcadamente sus aranceles, y hasta qué punto podrían llegar esos impuestos.

En el último proyecto presentado el viernes por el director general de la OMC, Pascal Lamy,
el MSE autorizaba a subir los aranceles de un producto agrícola si sus importaciones registraban un aumento de 40 por ciento. India quería reducir ese umbral a 10 por ciento, considerado inaceptable por el campo adverso.

Estados Unidos acusó a China y la India de insistir en la posibilidad de aumentar sus tarifas aduaneras incluso por encima de los niveles actuales. Estados Unidos y otros exportadores agrícolas sostuvieron que ello viola el espíritu de la ronda, porque debe ayudar a los países pobres a desarrollar sus economías mediante el aumento de su producción agrícola.

Reacciones

"No me andaré por las ramas. Esta reunión ha fracasado". Con esa lapidaria frase Lamy, sentenció el entierro de las conversaciones de la Ronda de Doha, que había comenzado hace nueve días en la sede del organismo multilateral en Ginebra, Suiza.

El anunció llegó incluso a sorprender a muchos, ya que el viernes pasado los ministros y representantes de economía de más de una treintena de países estuvieron cerca de lograr un acuerdo histórico que salvaría a la moribunda negociación.

La Ronda de Doha, lanzada en 2001, debía concluir en 2004, pero se estancó por los intereses contradictorios de los países exportadores agrícolas del sur y de productos industriales del norte.

"Cualquier observador que llegase de otro planeta no podría creer que después de todos los avances realizados no nos hayamos puesto de acuerdo", declaró un frustrado Celso Amorim, canciller brasileño y pieza clave en los acercamientos entre países ricos y pobres.

Por su parte, la representante de Comercio de Estados Unidos, Susan Schwab, también expresó su incredulidad: "En un contexto de crisis alimenticia mundial, resulta irónico que el debate se haya focalizado en qué manera y en qué cantidad podrían aumentarse las barreras contra las importaciones de productos alimentarios".

El comisario de Comercio de la Unión Europea (UE), Peter Mandelson, consideró que fue "un fracaso colectivo", pero que los más afectados serán los países en desarrollo, pues habrán perdido oportunidades de mayor acceso a los mercados de los países ricos.

Lo que depara el futuro

Aunque algunos de los asistentes a la reunión de la OMC quisieron bajar el tono del fracaso con frases como: "la confianza de mi país en la OMC y en el sistema multilateral permanece intacta y estoy seguro de que podremos superar esto y alcanzar nuestro objetivo", pronunciada por el ministro de Comercio de India, Kamal Nath.

O el "espero que podamos volver a reunirnos en un marco de negociación más ambicioso y que podamos llegar a una conclusión", dicho por Schwab, lo cierto es que la Ronda de Doha quedó herida de muerte y no tiene en frente un futuro muy halagueño.

En el corto plazo, los países en desarrollo de vocación agroexportadora pierden la oportunidad no sólo de que sus productos entren con mayor ventaja en los mercados del mundo desarrollado, sino también en los de las potencias emergentes, como India y China, que tienen altos niveles de protección en cierta áreas.

Para los países industrializados se desvanece la posibilidad de apertura de nuevos mercados, pero al mismo tiempo nada les obliga ahora a reducir sus millonarios subsidios agrícolas internas, como las que brindan Estados Unidos y la Unión Europea.

En conclusión, el proteccionismo se mantendrá y la OMC, al menos en el periodo más inmediato, se concentrará en su función de gendarme de las reglas vigentes del comercio internacional a través de sus arbitrajes para resolver litigios comerciales entre países.

Incluso el libre comercio enfrenta un nuevo reto, ya que el portazo con el que se cerraron las fronteras económicas, hace pensar que el proteccionismo seguirá vivo.

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