'Descache' de Evo revive otro mito

Un estudio de la Universidad de Georgia (Estados Unidos) expone seis razones que desvirtúan el uso de hormonas en la alimentación de los pollos y las gallinas.

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abril 23 de 2010 - 05:00 a.m.
2010-04-23

"El pollo que comemos está cargado de hormonas femeninas. Por eso, cuando los hombres comen esos pollos, tienen desviaciones en su ser como hombres". Esta frase, dicha por el presidente de Bolivia, Evo Morales, no sólo hizo reir a los asistentes de la Conferencia Mundial de los Pueblos contra el Cambio Climático, sino también a la comunidad científica y académica del mundo.

Además de lo anterior, el mandatario también 'se despachó' en contra de las semillas genéticamente modificadas o transgénicas las que, paradójicamente, se siembran en su país y le generan divisas al fisco por concepto de exportaciones.

Lo anterior lo reconoce el Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA) en su informe 'Agrobiotecnología en América Latina y el Caribe: estado actual de su desarrollo y adopción', lo mismo que los productores de la zona de Santa Cruz de la Sierra, que fueron entrevistados por EL TIEMPO en el 2009.

Ahora, la frase del Presidente no es nueva; por el contrario, comenzó a hacer carrera desde mediados del siglo pasado con los resultados de la investigación en ciencia y biotecnología. En general, las investigaciones se centraron -en el caso de los pollos- en lograr el engorde ideal en el menor tiempo posible y en alimentarlos con los nutrientes necesarios, por lo que fue necesario alejar a los animales de los desperdicios de las cocinas y del pastoreo tradicional.

Además, fue innegable el crecimiento de la población que demandó cada día más comida, pollo y huevos, en este caso. Por ejemplo, hacia mediados del siglo XX se necesitaban 10 kilos de alimento y cinco meses de engorde para sacar un pollo de dos kilos de peso.

Hoy, la industria avícola necesita apenas cuatro kilos de comida y 45 días para lograr un pollo de 2,2 kilos. Por otro lado, la industria de la genética avícola ha diseñado 'líneas' de aves dedicadas exclusivamente a la postura de huevos o a ser carne para consumo humano y no usa las razas tradicionales de aves. Hoy, la avicultura comercial mundial produce anualmente 79,3 millones de toneladas de carne de pollo y un billón 144 mil millones de unidades de huevos.

No a las hormonas

Teniendo como referencia un trabajo de Nick Dale y Alan Davis, profesores de Ciencia Avícola de la Universidad de Georgia (Estados Unidos) hay seis razones (económicas y prácticas) que desvirtúan el mito del uso de hormonas en la alimentación de las aves.

1- No es necesario. El rápido crecimiento del pollo (entre 42 y 45 días está listo para salir al mercado) ocurre porque los procesos de cría y engorde toman menos tiempo, gracias a lo expuesto anteriormente.

2- No son efectivas. Básicamente, debido al corto tiempo de vida de las aves, las hormonas no alcanzarían a ser asimiladas por el ave.

3- Efectos negativos. Las aves viven prácticamente al tope de su límite metabólico; incluso, en ocasiones es recomendable recurrir a la restricción alimentaria para reducir su velocidad de crecimiento.

4- Es una labor dispendiosa. Las hormonas no pueden administrarse por vía oral (por ejemplo, en el agua); así, los pollos tendrían que ser inyectados. Imagínese inyectar a un millón de aves, población que mantienen algunas granjas colombianas.

5- Altos costos. Como las hormonas de crecimiento para aves no se producen de manera comercial, su costo sería muy alto. Tanto, que si se administrara un miligramo de dichas sustancias a un pollo de engorde, su costo sobrepasaría el valor mismo del ave.

6- Las aves no hacen ejercicio. El empleo de esteroides anabólicos para conseguir mayor masa muscular demanda que el cuerpo haga algún tipo de ejercicio, como lo hacen los deportistas.

¿Qué comen las gallinas?

Cereales: como el maíz y el sorgo y los subproductos de su proceso agroindustrial (salvados).

Tubérculos: (yuca) ricos en carbohidratos (almidón y azúcar) usados como fuentes de energía.

Oleaginosas (en grano o procesadas por la agroindustria, llamadas 'tortas', que aportan proteínas y aminoácidos de origen vegetal. Entre las más usadas están soya, ajonjolí, girasol, algodón y canola.

Suero de leche, leche y harinas de pescado y de carne, también como fuentes de proteínas y aminoácidos de origen animal. Aminoácidos sintéticos: de orígenes tan diversos como los hidrocarburos y los azúcares. Estos corresponden exactamente a la misma molécula que se encuentra en los alimentos naturales, pero mucho más concentradas.

Lípidos: que se extraen de los aceites vegetales (de palma y de soya) o del cebo bovino y la grasa de los pollos.

Vitaminas: A, B12, D, E, K, riboflavina, niacina, ácido pantoténico, piridoxina, tiamina, biotina, ácido fólico, B.H.T., (antioxidante), excipientes y sal.

Ensayos que fueron fracasos

"En la literatura veterinaria hay muchos estudios con referencia al uso de hormonas en avicultura, pero ninguno determina con claridad su beneficio en cuanto a un mayor y mejor crecimiento de los animales", publicó en 2007 la Asociación Colombiana de Médicos Veterinarios Especializados en Avicultura (Amevea).

Dos de estos, por ejemplo, se hicieron en los Estados Unidos, ensayos que buscaban mayor terneza de la carne, mejor conversión alimenticia y menor tiempo de engorde.

Así, se ensayó con inyecciones de benzoato de estradiol, para las gallinas ponedoras, y el DES (dietilestilbestrol), un estrógeno sintético que se aplicaba como implante subcutáneo a los pollos de engorde. Los dos procedimientos fueron aprobados en Estados Unidos por la Administración de Drogas y Alimentos (FDA, por sus siglas en inglés) en los años 1954 y 1957, respectivamente.

El aval de la FDA y la práctica avícola estuvieron vigentes hasta la década de los setenta cuando se descubrió una relación entre el consumo de productos avícolas tratados con esos productos y algunos adenocarcinomas. Posteriormente, se prohibió su uso.

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