Desigualdad social

Desigualdad social

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julio 16 de 2009 - 05:00 a.m.
2009-07-16

Un tema adicional de equidad y muy importante es el del desarrollo regional que muestra que el país cuenta con unas regiones que experimentan ventajas de aglomeración y economías de escala confluyendo hacia círculos virtuosos de crecimiento, mientras otras se estancan frente al desarrollo del país, y unas más entran en círculos viciosos que las conducen a crecer mucho menos que el resto de Colombia.

La forma de medir la evolución regional es por medio del PIB por habitante departamental, como lo ha hecho Adolfo Meisel (2008), tomando 1950 para contrastarlo al 2006.

Se toma el PIB departamental neto, reflejando las transferencias de ingresos desde o hacia cada departamento. De esta manera, una región carbonífera no dispondrá en su ingreso de las utilidades remitidas por las empresas o de los impuestos que estas pagan a la nación.

En estos 56 años destacan varios movimientos profundos de las regiones del país: existe convergencia en los casos de Boyacá, Santander, Cundinamarca y algo en la Guajira. Boyacá, Santander y Cundinamarca confluyen, porque equilibran sus mercados de trabajo por la emigración hacia Bogotá y atienden las demandas de alimentos y materias primas de su industria y de su creciente y próspera población.

Santander, que es la región que más avanza, se distingue por atender la demanda de Venezuela, ser nicho de la avicultura y exhibe los mejores índices de educación en el país, incluyendo las ingenierías. El Valle y Antioquia pierden ligeramente frente al promedio, pero se aferran a sus ventajas históricas.

Ganan los nuevos departamentos petroleros, Arauca y Casanare, que no están en el listado, pero ostentan los PIB por habitante más elevados del país, aunque las condiciones de la mayoría de sus poblaciones no han cambiado mucho con la bonanza del recurso natural que logran capturar vía regalías.

La situación de Bogotá es peculiar, pues mantiene un amplio margen sobre el ingreso promedio por habitante nacional, pero redujo la ventaja enorme que poseía en 1950: pierde 78 puntos en este lapso de tiempo.

Tal hecho refleja un proceso de convergencia relativo en el cual otras regiones han avanzado más rápido que la ciudad capital.
La posición de la Costa Caribe se deteriora, en especial Atlántico que de una posición de privilegio pasa a ser el departamento que más pierde (95 puntos) en el 2006 frente a 1950.

Los otros departamentos costeños pierden terreno, incluyendo Bolívar, a pesar de la industria petroquímica que se localiza en Cartagena. Magdalena se convierte en uno de los departamentos más pobres del país, al igual que Sucre. Sólo avanza La Guajira gracias a la explotación de la mina carbonífera de El Cerrejón, algo que también comparte el Cesar que, sin embargo, también deteriora su posición. Meisel aduce que el deterioro costeño -que pasó de 106,5 por ciento del PIB por habitante nacional en 1950 a sólo el 69 por ciento en 2006- ha pasado desapercibido para el país, porque la migración de su población redundante se ha dirigido mayoritariamente a Venezuela, donde se torna invisible su problemática, mientras que el capital humano que migró hacia Bogotá no operó como 'voz' de la región.

Así mismo no ha habido presidentes ni ministros de hacienda costeños que defiendan los intereses regionales y sesguen las inversiones públicas a su favor, como sí ha sucedido con Antioquia, Bogotá, Boyacá y Valle.

Los departamentos cafeteros pierden también su privilegiada situación de 1950 sobre el promedio nacional y se sumergen bastante por debajo en el 2006, reflejo del retroceso de la actividad que vinculó el país al mercado mundial de manera tan exitosa en el siglo XX. Chocó, Sucre y Nariño continúan siendo los departamentos más pobres del país y mejoraron muy levemente, al tiempo que Cauca retrocede para acercarse a uno de los niveles más bajos de pobreza en el país.

Bonet y Meisel (2007) se preguntan: "¿cuáles son los determinantes del desempeño económico de las regiones en el largo plazo? ¿Por qué unas regiones se mantienen muy por encima del promedio nacional, mientras que otro grupo se mantiene muy por debajo de ella? ¿Cuál es el papel que juegan las instituciones, la geografía y la cultura en este resultado?".

En las numerosas correlaciones que generan los autores encuentran una afinidad entre ingreso y participación del grupo colonizador español en la población, contribuyendo a que Antioquia y Santander, poblados por campesinos españoles pobres con un reparto menos desigual de la tierra que el resto del país, además de Bogotá, cuenten con los ingresos más altos del país en la actualidad. Un caso que no encaja es el del Cauca cuyo núcleo hispánico dominó la política del país durante buena parte del siglo XIX y se ha venido abajo ruinosamente durante el siglo XX.

Conclusión

¿Existirá alguna relación de causalidad del legado histórico sobre la pobreza que embarga en especial a algunas regiones? Cauca y Nariño tuvieron esclavismo y relaciones sociales de servidumbre, al igual que Chocó, que dificultaron su conversión al capitalismo.

En este último se ha destacado que los esclavos se dispersaron para dedicarse a la pesca y a la agricultura de subsistencia, mientras que la minería que prosiguió no dio lugar a una clase dirigente que viviera en el territorio y que pagara impuestos locales, organizara la administración pública y defendiera ante el Gobierno Nacional las necesidades de la región en infraestructuras. (Bonet, 2007)

El latifundismo en la Costa Atlántica, la enorme desigualdad y relaciones también de servidumbre obstaculizaron su progreso económico, excepto en Barranquilla que se nutrió de empresarios inmigrantes y se industrializó, algo que también sucede, pero en menor medida con Cartagena.

Meisel y Bonet encuentran que la geografía afecta el resultado de manera indirecta por el poblamiento en sí: climas malsanos como el de Chocó pueden contribuir a explicar que su clase dirigente no habitara ni organizara la vida urbana o departamental del territorio, al igual que los climas cálidos de la costa caribe.

Los grupos minoritarios de indígenas y negros no cuentan con poder político suficiente para hacer valer sus reivindicaciones, lo cual invisibiliza sus pésimas condiciones de vida, les resta 'voz'. Por último, el nivel de educación muestra correlación con la magnitud de la presencia del grupo colonizador y también con el ingreso, de tal manera que pueden concluir que la inversión en capital humano es determinante para revertir los círculos viciosos de la pobreza en los que yacen buena parte de las regiones del país.

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