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¿Cómo desmontarnos de los TES?

No cabe duda que la evolución de la deuda pública interna está cogiendo cada vez más forma de bola o avalancha de nieve. El saldo acumulado de los títulos TES en circulación supera los 83 billones de pesos, algo así como la tercera parte de todo el PIB de la economía colombiana. Y se parece a una bola de nieve porque en vez de disminuir con el tiempo, va creciendo en forma desproporcionada. En el último año ese crecimiento fue del 19 por ciento, prácticamente 15 por ciento en términos reales. Cuando la tasa de crecimiento real de la deuda supera -y supera con creces- la tasa de crecimiento real de la economía, no hay que ser demasiado suspicaces para pronosticar que más tarde que temprano se volverá impagable. De llegarse a este desenlace ¿quiénes serán los grandes perjudicados?

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mayo 30 de 2006 - 05:00 a.m.
2006-05-30

Es oportuno recordar que la deuda pública interna está finalmente en cabeza de cuarenta y cuatro millones de colombianos (o la cifra oficial que finalmente entregue el Dane) y por lo tanto son éstos los que están expuestos a los riesgos propios de la existencia de dicha deuda billonaria. Es cierto que en el primer eslabón de la cadena son los bancos y otros inversionistas institucionales -como las Administradoras de Fondos de Pensiones- las entidades llamadas a absorber las emisiones que por cuenta del Tesoro Nacional emanan del Banco Central con una frecuencia entre semanal y quincenal. Lo llamativo del caso es que lo hacen, así sea muy profesionalmente, no con sus propios recursos sino con el dinero del público que ellos -bancos y AFP- manejan a través de las cuentas corrientes, de las cuentas de ahorro y por sobre todo de los aportes a la seguridad social. En una palabra, ¡el presente y el futuro de los colombianos! Aún suponiendo en gracia de discusión, que ni éste ni ninguno de los gobiernos de los próximos veinticuatro años llegase al extremo de incumplir con su obligación de honrar la deuda, hay algo que escapa a la voluntad de los gobiernos mismos y es la volatilidad de las tasas de interés en el mercado. Esta volatilidad está permanentemente poniendo en peligro el valor real de los ahorros del público porque paradójicamente las valorizaciones alimentan las utilidades de los intermediarios, en tanto que las desvalorizaciones se trasladan de una a cuentahabientes y depositantes. Como no hay la menor posibilidad de que a través de los mecanismos tradicionales el Gobierno pueda disminuir su deuda ni tampoco parece factible que el Gobierno logre financiar todo su gasto a base de impuestos, hay que ser imaginativos para atacar el problema de la avalancha de la deuda interna. Un camino novedoso -a manera de un canje humanitario en otro contexto- sería el de intercambiar los TES en circulación por acciones de Ecopetrol. Una empresa como ésta, que produce cuatro billones de pesos de utilidades al año, bien puede tener un valor patrimonial cercano a los cuarenta billones de pesos. El valor presente de los 83 billones de pesos de TES, dado que buena parte se redime a diez y quince años, puede estar cercano a esos cuarenta billones. La ecuación es sencilla: TES por acciones de Ecopetrol. Un gobernante clarividente diría: déme el “titulito y tome la accioncita”. Este intercambio produciría el doble beneficio de que por una parte el Gobierno se desmonta de una deuda cada vez más onerosa y por el otro lado la propiedad accionaria de Ecopetrol queda en cabeza de todos los colombianos, evitando de tajo el riesgo cada vez más inminente de que termine en manos de una multinacional dado que, en el inevitable proceso de privatizaciones, la petrolera estatal sigue siendo la más preciada y codiciada de las joyas de la corona. Profesor de Economía U. del Rosario "Un camino novedoso -a manera de un canje humanitario en otro contexto- sería el de intercambiar los TES en circulación por acciones de Ecopetrol”.

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