‘Desperate housewives’

Por supuesto que existen razones para que los precios de las acciones hayan bajado, para que la cotización del dólar haya subido y para que las tasas de descuento de los TES se hayan disparado. En este mercado todo está interrelacionado y, como nos dimos cuenta hace ya algunos años, no estamos solos en el mundo. No podemos esperar que las caídas de las bolsas en el resto del mundo tengan su explicación en el ‘derrumbe’ de la bolsa colombiana (qué pretensión tan absurda). Por el contrario, lo que pasa aquí debe ser también reflejo y consecuencia de lo que pasa en los recintos bursátiles de Nueva York, Honk Kong, Tokio y Frankfurt.

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mayo 25 de 2006 - 05:00 a.m.
2006-05-25

Pero tratar de hallar la causa de todo lo que sucede en este pequeño mercado en las maniobras de la Reserva Federal, es simplista. Y ese simplismo es el que está provocando una inexplicable histeria (como la de las amas de casa de Wisteria Lane, en el seriado de televisión, cuya parodia hoy vivimos). Vamos por partes. Las cotizaciones accionarias han bajado simplemente porque habían subido mucho. Se encuentran en una etapa de corrección, que en muy pocas jornadas será superada, y volverán a su rumbo ascendente. No con el mismo ritmo de los dos años anteriores, pero sí con rentabilidades reales positivas. No estamos en el ambiente de hace exactamente ocho años cuando, en vísperas de elecciones, la bolsa se derrumbó por la inminente victoria del neopopulismo (sí, cuando también iba a haber reelección, pero bajo la figura del testaferrato). Tampoco hay razón para pensar que de buenas a primeras las empresas que cotizan en bolsa valen hoy 20 por ciento menos que hace una semana. Eso es lo que quieren que piensen algunos especuladores, que luego se apropiarán del producto del irracional pánico. El que tiene acciones, debe aferrarse a ellas. La historia le dará la razón y la tranquilidad financiera que estaba buscando cuando las adquirió. En cuanto al dólar, no hay mucho qué decir. El peso se ha devaluado porque, al igual que las acciones, también estaba muy costoso. Basta recordar que la última vez que cotizó en niveles de 2.500, todos estaban de acuerdo con que ese era un precio ruinoso para la competitividad de la industria nacional. Es más: usted podría apostar a que no termina el año en niveles inferiores a 2.700 (por donde también ya habíamos pasado, pero de bajada, hace más de dos años). Si se cumple esa premonición, el que invierta en dólares obtendría de aquí a fin de año una rentabilidad de apenas ocho por ciento. Finalmente, en el terreno de los TES, los estragos que ellos están produciendo son el obvio resultado de dos factores: el persistente crecimiento del gasto público (¿cuándo se acabará con ese desgreño?) y la aberrante concentración de los portafolios de inversión en esos papeles. Como los inversionistas no aprenden de las lecciones del pasado, es necesario recordárselo: cuando las tasas de descuento bajan, como sucedió en los últimos dos años, ellas, inexorablemente, vuelven a subir. Y la teoría financiera dice que mientras más bajo sea el nivel desde el cual arrancan las tasas en el ascenso (por detalles técnicos que no son objeto de esta columna), mayores son las pérdidas en que incurrirán los tenedores de los títulos. Así que después de esta ‘pela’, los administradores de portafolio deberían pensar nuevamente en diversificar sus posiciones y orientarse, también, a papeles emitidos por el sector privado y, ojalá, también hacia aquellos denominados en moneda extranjera. Profesor de Finanzas "Como los inversionistas no aprenden de las lecciones del pasado, es necesario recordárselo”.

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