Destino inevitable

Destino inevitable

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noviembre 18 de 2008 - 05:00 a.m.
2008-11-18

 Cuando dentro de pocas semanas comiencen a aparecer en los medios escritos los resúmenes sobre el año que está a punto de terminar, pocos movimientos recibirán tantas líneas como el vaivén de los precios del petróleo. No hay que olvidar que fue en la primera semana del 2008 que el barril del combustible sobrepasó la barrera sicológica de los 100 dólares, acariciando incluso los 150, seis meses después. Pero cuando los expertos hablaban de la increíble cifra de 200 dólares, la explosión de la crisis financiera mundial y el impacto que esta tuvo sobre la economía en todas las latitudes llevó a una descomunal caída. Ahora, con el crudo por debajo de los 60 dólares son pocos los que se atreven a hacer pronósticos.

Sin embargo, ese no es el caso de la Agencia Internacional de Energía, AIE, una de las entidades más respetadas a la hora de analizar el tema y que viene de publicar un estudio al respecto.

Según la institución, no solo la posibilidad de que los precios bajen mucho más es muy poca, sino que las alzas volverán en un futuro relativamente cercano, a más tardar a mediados de la próxima década. La razón de dicho planteamiento no es más que un análisis desapasionado del juego entre oferta y demanda. Si alguna lección clara dejó lo ocurrido en el presente año es que hay una capacidad limitada de reacción en los países productores a elevaciones bruscas del consumo. De tal manera, cuando el apetito suba, como volverá a ocurrir en forma clara cuando el clima de recesión actual empiece a ceder, también lo harán las cotizaciones del crudo.

Según la AIE, las compras mundiales de petróleo crecerán a un ritmo de 1 por ciento anual entre el 2007 y el 2030, lo cual quiere decir que pasarán de 85 a 106 millones de barriles diarios. Si bien debido al desarrollo de fuentes alternativas, el peso del crudo como fuente de energía pasará de 34 a 30 por ciento del total, es evidente que la sed por el combustible sigue. De hecho, casi cuatro quintas partes de ese incremento tendrá que ver con China, India y el Medio Oriente, mientras que el mundo desarrollado mantendría sus patrones actuales casi constantes.

Eso, en términos generales, quiere decir que la industria petrolera tiene que mantener un ritmo adecuado de inversiones para garantizar el abastecimiento. Como si lo anterior no fuera suficiente, la evidencia disponible indica que en el planeta todavía hay abundancia de petróleo, pero que cuesta mucho más sacarlo.

Ejemplos como los grandes descubrimientos que hizo Brasil en el Océano Atlántico, que implican romper una espesa capa de sal en la corteza submarina, muestran que los precios seguirán arriba no solo porque el equilibrio entre oferta y demanda es precario, sino debido a que nadie va a explotar recursos a pérdida. Debido a ello, la AIE considera que la cotización promedio del barril de crudo será de 100 dólares entre 2008 y 2015, y subirá a 200 hacia el 2030. A lo largo de dicho período habrá fuertes picos y caídas, pues la volatilidad continuará siendo la norma en el negocio, no solo por la marcha de los proyectos de expansión, sino por los altibajos políticos que pueden influir sobre diferentes naciones productoras.

Bajo dicho escenario, es claro que el relativo recreo del que disfrutan hoy los consumidores cada vez que llenan de gasolina el tanque de su carro, va a tener duración limitada. También parece indiscutible que la batuta seguirá en manos de los productores tradicionales, así más de uno esté sufriendo por la descolgada de sus ingresos. El problema, por supuesto, es saber si el cambio de marea va a tener lugar en pocos años o en pocos meses.

Semejante panorama explica por qué el interés en Colombia como territorio inexplorado, se mantiene. Así lo evidenciaron tanto la más reciente ronda de entrega de bloques, como los elevados ritmos de inversión extranjera. Y si a lo anterior se le agrega que la demanda de carbón seguiría aumentando al 2 por ciento anual, lo aconsejable sería seguir trabajando para aprovechar una bonanza que se ve distante hoy, pero que es inexorable.

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