Destorcidas a granel

Pasada la contienda, volvamos sobre la pregunta de Antanas a Samuel Moreno, el simpático nuevo alcalde. Ya la suerte electoral está echada, pero aquel pleito previo quedó cojo y las cojeras patean.

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noviembre 23 de 2007 - 05:00 a.m.
2007-11-23

Que optó por el ‘mal menor’; que interpretó la esencia de ‘salvar’ a la ciudad; que la pregunta era capciosa, fueron ardides que algunos medios encontraron para minimizar una fatuta embarrada. No había vuelta de hoja: la pregunta era clarísima y la respuesta también, pero sobrevino el consabido confusionismo de tantas fórmulas expertas en juego doble o triple. No entremos en los fueros del protagonista, un muchacho querido de su mamá. Lo que como alcaldes -él y ella- tengan de izquierda, está por verse. Mi preocupación es por la presteza conque comentaristas formados en el viejo santismo disculpan al ganador del día, cuando comete alguna pifia moral: todo se acomoda rapidito para que luzca intrascendente. Una salida alterna, característica de esta Santa Fé andina y socarrona, es meter al cotarro el estilo ‘jesuita’, entre imaginativo y perverso, con el cual un buen discípulo javeriano -digamos, el tetra simpático presidente Samper- camina por la vida aprovechando cada debilidad intelectual o ética del prójimo para exculparse él mismo o tirarse en alguien. Lo grave de esas fórmulas de liviandad moral cultivada es que adquieren un tinte de gracia picaresca cuando se les añaden dos granos de humor. Ernesto la aprendió de Belisario, otro ultra-simpático, y frente a ellos, alguien como ‘Sammy’, nieto de militar boyacense, no alcanzó todavía la destreza humorística que le sobra, pongamos, a un Lucho Garzón. Pero la aprenderá pronto, ya lo verá usted. Ahora, si se mira de costado, Peñalosa tampoco es la encarnación de la reciedumbre moral. Tantos saltos de rana de un partido al otro, de un protector a otro, muestran que primero estaba la ambición de ganar que la de hacer respetar unos principios. Y eso suele tener consecuencias. Las cosas son y no son, pueden parecer blancas o negras según el maestro de ceremonias. Y así podríamos bucear varias perlas ambivalentes del arrogante ex alcalde, que hoy paga caras sus maromas. Otros resultados merecen resaltarse: el voto bogotano fue, en el último minuto, una protesta contra la intervención presidencial en la contienda por la Alcaldía. El país de Uribe, quiero decir, el país que Uribe contribuye a madurar, no acepta que precisamente Uribe se desborde -así tenga buenos argumentos- en diatribas fuera de tono como ésa de las horas anteriores a la votación, o las que emplea hoy gente de Palacio contra Carlos Gaviria. Así no, señor Presidente. Regresemos al Uribe que sabía contenerse, para que el país nuevo no cabalgue a grito herido, sino bien sentado en la madurez republicana. La gritadera es justamente la antesala de la hecatombe. Dos sorpresas: el tramacazo del señor Name en el Atlántico y la llegada de una mujer independiente a la Alcadía de Cartagena anuncian que la Costa es redimible de tanto cacique sinvergüenza. Aleluya también por la salvada de Medellín, por más de un pelo. Buen chance a los viejos-nuevos, como Serpa y Navarro: es su oportunidad de gobernar sin cargar a cuestas la anaconda. Y de cierre, felicitaciones al Polo por haber sabido mantenerse unido, algo que no sucedía desde hace siglos. Así vamos todos aprendiendo democracia, Dios mediante. Volviendo a las destorcidas, el terreno moral confunde: abogados, curas y periodistas, supuestos recicladores profesionales de la ética, comparten dos equívocos: que la solemnidad depende del muerto y la honestidad, del más vivo. Cuando los tenga delante, hágase el loco. Consultor privado Regresemos al Uribe que sabía contenerse, para que el país nuevo no cabalgue a grito herido, sino bien sentado en la madurez republicana”.

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