Cómo destruir efi cazmente 4.703 automóviles nuevos

Cómo destruir efi cazmente 4.703 automóviles nuevos

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mayo 02 de 2008 - 05:00 a.m.
2008-05-02

Luego de llenar con detonadores especiales a un Mazda 3 nuevo, Ron Hoodenpyle se cubrió los oídos y activó la carga. Las bolsas de aire del auto explotaron al unísono.

En unas horas, este sedán azul metálico sería drenado de todos sus líquidos, desvalijado, triturado y convertido en tiras. El auto hace parte de un grupo de 4.703 carros nuevos que correrán la misma suerte.

Los fabricantes usualmente tratan de encontrar la mejor forma de construir autos.

Pero ahora, Mazda busca la forma más eficiente de destruirlos.
Todo comenzó hace dos años, cuando un barco que transportaba los Mazda cero kilómetros casi se hunde en el Pacífico. El cargador, el Cougar Ace, pasó semanas balanceándose en el mar, inclinado en un ángulo de 60 grados, antes de que lo enderezaran.  El percance planteó un dilema: ¿qué hacer con los autos? Habían permanecido fuertemente asegurados durante la odisea, pero nadie sabía con seguridad si los autos se habrían dañado tras pender en ese ángulo durante tanto tiempo. ¿Podrían haberse fi ltrado algunos líquidos corrosivos a cámaras a las que no pertenecen?

La automotriz japonesa, controlada por Ford Motor Corp., seguramente habría encontrado fácilmente compradores para los vehículos. De hecho, cientos de personas llamaron para comprar los Mazdas a un precio rebajado. Las escuelas los querían para cursos de reparación de automóviles y Hollywood quería usarlos para escenas peligrosas.  Mazda rechazó a todo el mundo, preocupada de que algún día fuera blanco de demandas si, por ejemplo, una bolsa de aire no se abría adecuadamente a causa de la sobreexposición al aire salado del mar.

Además, le preocupaba que los autos se utilizaran para defraudar a compradores en el extranjero. Eso sucedió hace tres años con miles de los denominados "autos Katrina", vehículos rescatados de las inundaciones de Nueva Orleans que recibieron una capa de pintura y se vendieron en América Latina a compradores desprevenidos, a pesar de tener el sistema electrónico destrozado y arena en el motor.

Mazda no encontró una manera sencilla de evitar estas posibilidades de modo que decidió destruir los vehículos nuevos, cuyo valor se acerca a los US$100 millones. "No podíamos arriesgarnos a dañar el nombre de la marca Mazda por el que nos hemos esforzado tantos años", explica Jeremy Barnes, director de asuntos corporativos de la compañía para Norteamérica. Pero resultó que destrozar autos no es tan fácil. "Básicamente, tuvimos que crear una línea de desmontaje", dice Bob Turbett, el ejecutivo de Mazda que supervisa el proceso de destrucción.  El diseño de un plan que complaciera a todos llevó más de un año. La ciudad de Portland quería que le aseguraran que el anticongelante, el líquido de frenos y otros fl uidos peligrosos de casi 5.000 automóviles se procesaran adecuadamente. Las aseguradoras que cubren a Mazda querían tener certeza de que la compañía no iba a revender ningún auto, ni partes para benefi ciarse. De modo que cada reproductor de CD debía hacerse añicos, las baterías debían quedar inoperables y cada llanta debía dañarse sin posibilidad de reparación.

Descarga de bolsas de aire

Los pequeños detalles pueden hacer una gran diferencia. Por ejemplo, la mayoría de los autos tienen seis bolsas de aire y descargarlas individualmente (forzarlas a que se infl en para que no puedan revenderse) lleva unos cinco minutos cada una, o un total de media hora por automóvil. De modo que los ingenieros de Mazda en la sede de Hiroshima, idearon un dispositivo que puede activar las seis al mismo tiempo. Esto multiplicado por 4.703 automóviles les ahorró varios meses de trabajo.

Mazda no quiso revelar el precio de la destrucción, la cual fue pagada por el seguro. La compañía dice que todos sus reclamos de seguro han sido aprobados.

El proceso funciona con sorprendente efi ciencia. Los estibadores llevan los autos a un terreno cercano donde se destruyen las bolsas de aire.

Luego, los autos son llevados en camiones al centro de la ciudad donde serán triturados y compactados. El resultado es un bloque delgado colorido. Mazda insiste en que guardias armados patrullen el lugar para impedir los robos. Un guardia vigila mientras se retiran los convertidores catalíticos, ricos en metales preciosos como platino. Partes como ésta tienen un valor en la calle de cientos de dólares la pieza.

Los bloques son llevados enseguida a un lote de reciclaje donde son puestos en un molino de metal. Tras el proceso de trituración, los Mazda quedan convertidos en fragmentos metálicos que luego serán llevados a Asia para ser reutilizados.

Jamie Wilson, gerente del centro de trituración vaticina que todas esa chatarra "probablemente terminará regresando a Estados
Unidos en forma de automóvil".

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