Las desventuras de Buenaventura

Lo que está sucediendo en el puerto de Buenaventura por estos días es una voz de alarma. Un incremento en el volumen del comercio exterior -que se viene presentando no sólo en Colombia sino en todos los puertos del mundo- tiene al borde del colapso a nuestro principal terminal marítimo sobre el Pacífico.

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agosto 31 de 2006 - 05:00 a.m.
2006-08-31

Ha habido últimamente, es cierto, un incremento en el comercio exterior de nuestro país. Pero ello no debería generar una hecatombe en Buenaventura como está sucediendo, si en este puerto se hubieran hecho a tiempo las adecuaciones físicas y de equipo que requiere la atención del crecimiento del comercio exterior. Recordemos que por Buenaventura se moviliza aproximadamente el 60 por ciento de la carga de entrada y salida del país. Por eso las inversiones oportunas en el puerto del Pacífico resultan cruciales para asegurar la inserción de nuestro país al comercio internacional. En efecto, en lo corrido del año el crecimiento de las importaciones ha sido del 20,7 por ciento mientras que las exportaciones (en toneladas métricas netas) se han incrementado en un 13,7 por ciento. Quizás lo más notable ha sido el salto impresionante de las importaciones provenientes de China (la mayoría de las cuales llega por Buenaventura) que entre junio del 2005 y el mismo mes del 2006 crecieron 58,8 por ciento. Pero lo cierto es que Buenaventura, aún resentida por los graves contratiempos que tuvo la carretera de Buga al puerto durante la Semana Santa debidos al intenso invierno que experimentó el país en el primer trimestre del 2006, ha entrado en estas últimas semanas en una virtual catalepsia. Que desde todo punto de vista resulta inaceptable. Pero que, además, es una grave advertencia de lo que puede acontecerle al país si no se toman medidas radicales para modernizar y ensanchar con prontitud las facilidades portuarias de Buenaventura. A la fecha, por ejemplo, entre el 30 y el 40 por ciento de las vías internas del puerto (que deberían estar habilitadas para la movilización de la carga y de los camiones) están dedicadas a almacenar contenedores que no caben en sus patios usuales. La sociedad portuaria que maneja el puerto está haciendo esfuerzos para modernizar sus equipos de manipuleo de carga, pero se ha encontrado con que el incremento del comercio mundial (muy especialmente por el fenómeno de la China) tiene copados a los fabricantes de equipos. Tal es el caso de una nueva grúa pórtico que le permitirá aumentar en un 33 por ciento la capacidad de descargue a Buenaventura, pero que sólo podrá recibir en junio del 2007, pues los proveedores internacionales están desbordados ante pedidos similares que les están haciendo desde todos los puertos del mundo. Igual acontece con cuatro grúas de apoyo que también ha adquirido la sociedad portuaria pero que sólo recibirá, por la misma razón, hasta el año entrante. El Gobierno también ha incurrido en tardanzas para solucionar -en lo que le corresponde- las graves emergencias que vive Buenaventura. Este es el momento en que sólo hace pocos días el Ministerio de Transporte aceptó que era de su resorte y responsabilidad asegurar unos adecuados niveles de dragado en el puerto. El lote que anteriormente ocupaba la zona franca, entregado en comodato a la Alcaldía, debe habilitarse prontamente para organizar allí en un nuevo patio de logística que requerirá inversiones del orden de 42 millones de dólares. Y, por último, se hace apremiante que la variante de acceso al puerto que descongestionará el tráfico pesado que entra o sale del puerto se de al servicio lo más prontamente posible. En síntesis: es apremiante que la sociedad portuaria y las autoridades nacionales y locales se pongan de acuerdo para poner en práctica (cada quien dentro de la órbita de sus competencias) un plan de emergencia para de-sembotellar a Buenaventura. Pero a mediano plazo -que en estas materias se confunde con el corto plazo- el país requiere con urgencia, si no quiere seguir viviendo las desventuras que hoy padece Buenaventura, de dos decisiones de gran aliento: la primera, construir una verdadera variante de especificaciones más seguras en la vía que conduce de Buga a Buenaventura. Y la segunda, comprender que más temprano que tarde tenemos que emprender la construcción de un nuevo puerto sobre el Pacífico. De estas dos obras depende que Colombia esté preparada para afrontar como debe ser el siglo XXI. " El Gobierno también ha incurrido en tardanzas para solucionar -en lo que le corresponde- las graves emergencias que vive Buenaventura”.

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