Deudas mortales

Deudas mortales

Finanzas
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abril 22 de 2010 - 05:00 a.m.
2010-04-22

Para muchos analistas la crisis financiera y sus repercusiones nefastas han terminado y aprovechan la ocasión para formular reflexiones jubilosas que buscan alentar una nueva ola inversionista. Pero siendo realistas, es bueno reconocer los riesgos que aún subsisten, y reflexionar sobre las sorpresas que pueden aparecer en medio de este renaciente optimismo global. Sin ánimo pesimista uno de los factores de mayor preocupación tienen que ver con el endeudamiento soberano. Los elevados niveles de deuda pública alcanzados en varios países para hacer frente a la crisis van a impactar seriamente en el desempeño de los mercados y existe la posibilidad de presenciar nuevos defaults. De presentarse esta situación la lectura de los inversionistas sería preocupante y dependiendo de las víctimas, podría conducir nuevamente a una recesión. El reciente episodio trágico de Grecia ha prendido luces de alerta y lleva a preguntarse si esta es una situación aislada o si por el contrario obedece a una muestra de un amplio abanico de países cuyos niveles de endeudamiento transitan con desparpajo en la cuerda floja. Examinando cifras recientes, el 2010 culminará haciendo evidente que la deuda soberana de los miembros de la Ocde se aproxima al 70 por ciento del PIB, luego de haber estado por debajo del 45 por ciento hace menos de cinco años. Fuera de esto y según el Banco de Pagos Internacionales, economías más poderosas como las de E.U. y Japón tendrían que someterse a un apretón fiscal anual superior al 6 por ciento por el próximo lustro para regresar a los niveles de endeudamiento previos a la crisis. Con un panorama tan complejo no es descartable pensar en downgrades de calificación crediticia o en la formulación de panoramas negativos por parte de Moody’s, Fitch y Standard & Poor’s, en algunas naciones desarrolladas con panoramas económicos angustiantes. Países como España, Irlanda e Italia son candidatos a sufrir nuevas reducciones en su calificación crediticia por cuenta de la realidad de sus finanzas públicas. Sólo por mencionar el caso italiano, esta nación fuera de contar con una deuda pública cercana al 115 por ciento del PIB, debe pagar anualmente en intereses por obligaciones crediticias, casi lo mismo que gasta cada año en educación. ¿Qué puede ocurrir si hay un deterioro generalizado de la deuda soberana de varios países desarrollados? La respuesta espontánea es un sismo en los mercados financieros internacionales, ocasionado por un deterioro en el balance de los tenedores de bonos y por una recomposición de los criterios de riesgo asociados con deuda pública que se extienda a los mercados emergentes. ¿Se puede evitar esta tormenta? Sí. Los países que opten por una solución responsable adelantarán una reducción sustancial del déficit fiscal, mediante recortes al gasto público e inclusive aumento de impuestos, lo que puede sacrificar crecimiento y generación de empleo. Los irresponsables muy seguramente optarán por licuar deuda generando mayor inflación, causando mayores problemas hacia el futuro y detonando una bomba de tiempo. Si bien hay señales de recuperación en la economía mundial, la crisis ha dejado secuelas que deben corregirse adecuadamente. La forma en la que se resuelva el pantagruélico endeudamiento en los países europeos determinará si se avecinan nubes negras o si habrá razones para festejar la reactivación que tantos esperan. Los elevados niveles de deuda pública alcan- zados en varios países para hacer frente a la crisis van a impactar el desempeño de los mercados y existe la posibilidad de presen- ciar nuevos ‘defaults’.IVÁN DUQUE MÁRQUEZ Consejero principal por Colombia y Perú ante el BID ivanduquemarquez@gmail.com ANDRUI