‘Deus ex machina’

Sin Comunidad Andina pesamos aún menos en el concierto internacional. No sumamos fortalezas, perdemos la única plataforma segura, mínima, necesaria, que en la globalización se asume como doméstica, y somos más vulnerables al momento de las definiciones políticas o las que determinan los flujos de comercio e inversión. Pero hay algo todavía más preocupante.

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mayo 29 de 2006 - 05:00 a.m.
2006-05-29

Se logró un acuerdo comercial con Mercosur, se apuntaló uno imprescindible con Estados Unidos y se preparan las negociaciones, también imprescindibles, con la Unión Europea y Centroamérica. Eso está bien. Pero se nos incendió la casa. Las reglas de juego andinas eran insostenibles para Venezuela en presencia de los tratados de libre comercio con Estados Unidos. Eso estaba cantado, por más legal y transparente que fuera el proceso. La agenda andina tenía muchas asignaturas comerciales pendientes en las que Venezuela deseaba avanzar, pero en esa agenda se privilegiaron áreas que dejaron expuestas las diferencias. Hay una realidad política de a puño en Suramérica -que nos toca muy de cerca-, en la que el protagonista es nuestro principal socio y vecino. Qué poco ha gravitado Colombia en la turbulencia regional. Ocurren cosas no menores, previsibles, y se reacciona. No se nos reconoce un liderazgo, aparte de la autodefinición de “el mejor aliado de los Estados Unidos”. Para unos, eso será suficiente. Otros vemos urgente poner en marcha una estrategia nacional que trate de rescatar lo mejor de la Comunidad Andina e intentar, preferentemente en ese marco multilateral, unas reglas de juego estables con Venezuela. Sin Comunidad Andina la relación bilateral deviene en inestable y frágil. La denuncia venezolana nos conduce a una negociación difícil, compleja, pero necesaria, que asuma las nuevas realidades: una visión diferente del desarrollo, de la política exterior, de la seguridad y ¿de la democracia?; la dicotomía en privilegiar asociaciones comerciales sur-sur, por una parte, y países desarrollados, por otra. Es muy peligroso para los dos países dejar una relación bilateral tan intensa sujeta a los impulsos de nuestras divergencias. Colombia debe subirse en este potro de Suramérica con tanto deus ex machina y lo que está por venir. ¿Tenemos centros de investigación en Política Internacional que le vienen tomando el pulso a Suramérica? Sus propuestas, libres de apasionamientos y modelos preconcebidos, deben ser consideradas en la estrategia. También se debe considerar a las regiones y, por supuesto, al sector privado que en el corto plazo es el principal doliente y el que con su praxis ayudará a conjurar desenlaces indeseables. Sabemos que el Gobierno adelanta intensas gestiones para enfrentar de la mejor manera este mal momento y que Venezuela ha rehuido el diálogo. Si bien ellos con su denuncia hicieron irreversible la crisis andina, no son los únicos responsables, ni tienen la sartén por el mango. Ambos tenemos fortalezas y debilidades. Por eso, con una estrategia nacional en la mano, es preciso buscar el mejor momento, encontrar el mejor escenario y rediseñar con Venezuela un apropiado y perdurable marco de relaciones. *Columna de la Fundación Buen Gobierno Consultor Internacional "Es preciso buscar el mejor momento, encontrar el mejor escenario y rediseñar con Venezuela un apropiado y perdurable marco de relaciones”.

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