El Día de la Independencia

El Día de la Independencia

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julio 14 de 2008 - 05:00 a.m.
2008-07-14

¿Cuál es más importante: el Día de la Independencia de los Estados Unidos o el de Colombia?

Me hacía esta pregunta capciosa, pues es claro que cada país privilegia su fecha por obvios motivos nacionales, mientras observaba los fuegos artificiales que estallaban sobre los 153 metros del monumento a George Washington, junto a miles de personas apostadas entre el Lincoln Memorial y el Capitolio la noche del 4 de julio.

Seguí pensando en el tema el domingo en Filadelfia, mientras los operarios recogían las tarimas montadas para la celebración frente al Museo de Arte, y, los turistas hacían fila para tomarse una foto junto a la efigie minúscula, pero arrogante de Rocky Balboa. Y lo reflexiono aquí en Boston, donde escribo esta columna, y está fresca la conmemoración con una fiesta típica en la bahía.

En las ciudades mencionadas, el Día de la Independencia se advierte como un orgullo nacional. Seguramente es así en el resto del territorio, que no tuvo vínculos tan precisos con los sucesos que culminaron en 1776 con la Declaración y la conversión de las 13 colonias en estados independientes en camino hacia una nación soberana, ni tiene el poder gubernamental de la capital. Hay un evidente sentido patriótico en el ambiente, como lo certificó Parade, la revista dominical de The Washington Post, para la que el 6 de julio los candidatos Obama y McCain escribieron sobre el patriotismo.

Mi impresión más certera del sentido que una nación tiene de su historia la tuve en Filadelfia. No hay duda que aquí hay mucho más que la escindida 'Campana de la Libertad' para recordar el pasado, los héroes, los lugares que germinaron la nación. El Parque Histórico de la Independencia Nacional es un gran núcleo, donde se sintetizan los elementos clave que marcan el sentimiento de un pueblo hacia sus orígenes autónomos: conocimiento (histórico), preservación (arquitectónica), vivencia (personal) y orgullo (nacional). Eso advierten los turistas internos y externos, para quienes este escenario ofrece desde información variada hasta bandas del siglo XVIII, que aparecen inopinadamente con su bullicio ancestral y sus vestidos aparatosos.

A pocos días de celebrar el Día de la Independencia, y a solo dos años de conmemorar el Bicentenario, sueño con una Colombia que honre con suficiencia estos símbolos: historia, lugares y personajes del 20 de julio de 1810 y de los días y años sucesivos de cataclismo, en los que sobresalga el gran Antonio Nariño, y se evalúe con una perspectiva contemporánea el papel de hombres como nuestro Rey Jorge Tadeo Lozano y el memorioso Camilo Torres. Esto tiene que comenzar por revivir la historia, aprovechando los recursos de la multimedia para presentar los sucesos a una generación audiovisual.

Los estudios de historia tienen que ser potenciados de otra manera, lo mismo que las investigaciones y la reconstrucción iconográfica. El centro de Bogotá tiene que ser realmente histórico e imantado de encanto para atraer turistas. Hay que meterle platica y ponerle respeto.

El momento no puede ser mejor, pues Colombia está ataviada y constituida de grandeza. De la liberación de Íngrid se ha enterado todo el mundo y hoy somos otro país, para quienes nos felicitan y aplauden en los largos días de este verano feliz.

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