Diabetes es una enfermedad con la que se puede vivir si se guardan los cuidados recomendados

Ricardo Pabón no solo ha logrado llevar una vida normal a pesar de tener diabetes desde su infancia, también es una promesa del tenis.

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noviembre 14 de 2008 - 05:00 a.m.
2008-11-14

"Ricardo tenía solo tres años y medio, tomaba muchísimo líquido y decía permanentemente que sentía sed. Esos eran los únicos síntomas evidentes que notábamos con mi esposa, hasta que un día, por un simple resfriado lo llevamos al médico y le tomaron unos exámenes de laboratorio. Al otro día nos dijeron que era necesario repetir los análisis. En ese momento, yo supe que algo estaba mal", recuerda Mauricio Pabón, el padre de Ricardo.

Los resultados de las pruebas de glicemia señalaron que Ricardo tenía diabetes tipo 1. Sus padres lo llevaron de inmediato a una consulta con el endocrino y lo remitieron rápidamente a la Sociedad Colombiana de Diabetes.

Allí recibieron todas las indicaciones para aprender a manejarla y aceptarla, pues según el padre de Ricardo, uno de los aspectos más difíciles de asumir era el hecho de tener inyectarle insulina varias veces al día a un niño de tan corta edad. "Aunque lo hacíamos con muchísimo cuidado y con todo el amor que podíamos, pincharlosiempre nos dolía más a nosotros que a él, porque uno se imagina que eso debe ser un martirio para ellos".

En la Sociedad, conocieron a los padres de otros niños que también tenían diabetes, lo cual significó un gran apoyo para ellos, pues se dieron cuenta de que se trataba de una enfermedad que se podía controlar y que con todos los cuidados necesarios, el niño podía vivir bien.

Y no se equivocaron, porque la diabetes no le ha impedido a Ricardo, que ya ajusta hoy 15 años, llevar una vida más que normal, pues él nació con un don especial para el tenis, que hasta ahora le ha valido para repletar la biblioteca de su casa con incontables trofeos y por supuesto, para brindarle a su padre, su hermana y su ya fallecida madre cientos de motivos para sentirse orgullosos de él.

"Desde antes de que me diagnosticaran, yo ya jugaba tenis porque mi padre era deportista y en la casa más que juguetes, había raquetas y pelotas de tenis", dice Ricardo.

CAMBIOS DE RUTINAS

Ricardo cuenta que, como a cualquier niño, le fascinaban los dulces y no había nada que disfrutara más que tomarse una gaseosa. Pero, claro, todo eso tuvo que salir pronto de su alimentación.

No solo redujo su consumo de harinas, sino que hizo radicales y saludables cambios. Por ejemplo, a los chocolates los reemplazó por la frescura de las frutas y a los helados, por las texturas crujientes de las verduras.

"Fui tomando conciencia de que tenía que hacer eso para tener un día más de vida. Entendí que tenía que convivir con la diabetes. Sé que si no lo me cuido, mi organismo se descontrola y eso implica un daño en mí mismo, que repercute en el bienestar y la tranquilidad de mi familia", comenta Ricardo.

Por su parte, el padre de este joven deportista asegura que a pesar de algunos inconvenientes que deben afrontar a veces cuando se presenta el fenómeno del yo-yo (subidas y bajadas extremas en la glicemia), gracias a la diabetes Ricardo se ha convertido en una persona autónoma, rigurosa, responsable, estricta y disciplinado.

Esto se debe, por ejemplo, a que no puede permitir que se pasen las horas en las que tiene que inyectarse: tres veces al día la insulina cristalina y una dosis antes de dormir de otra que hace que la glicemia se comporte regularmente.

"De una forma u otra, creo que me ha hecho madurar. Cuando era más pequeño, yo era consciente de que mi papá no podía ir conmigo al colegio para acordarme de las horas en que tenía que inyectarme ni lo que no podía comer. Por eso, aprendí a tomar mis propias decisiones en favor de mí mismo; me volví muy autónomo para poder decir no cuando sé que algo me puede hacer daño. Sé que si me equivoco y no me controlo como debe ser, me pueden suceder cosas graves, que ya me han pasado, como tener picos muy altos de azúcar o convulsionar porque la glicemia se baja demasiado".

SIMILITUDES

Ricardo está convendido de que la diabetes se parece mucho al tenis, pues es necesario tomar decisiones rápidas dependiendo de las situaciones que se presenten.

"Hay que concentrarse, evaluar y actuar sin dudar -dice-. Ambas son cuestión de números: en la diabetes el objetivo principal es mantener la glicemia dentro de los rangos establecidos, en el tenis la idea es ganar la mayor cantidad de puntos posibles. Por eso, la disciplina es lo hace que todo funcione correctamente con las dos, pues los horarios y el rigor son fundamentales. Con la diabetes hay que estar controlándose cada 2 o 3 horas e inyectándose a las horas indicadas. En el tenis, los entrenamientos son mínimo de dos horas, todos los días para mejorar la derecha, el servicio, la bolea o cualquier otro aspecto".

La mejor parte de todo esto es que Ricardo sabe que los pinchasos son momentáneos; en cambio los trofeos duran para siempre.

EMPEÑO Y DEDICACIÓN POR UN SUEÑO

Su primera dosis de insulina se la tiene que aplicar a las 4:40 de la mañana, 20 minutos antes del desayuno. A las dos de la tarde cuando termina su jornada escolar vuelve a hacerlo, almuerza y atraviesa la ciudad de costado a costado para entrenar. Toma un bus que lo lleva desde Hayuelos hasta la Avenida Boyacá con calle 26, ahí toma otro que lo lleva hasta la Autopista norte con calle 180, luego camina unas cuadras acompañado por su raqueta y su equipo para empezar sus dos horas de entrenamiento en la Academia Colombiana de Tenis. Su padre lo espera cuando sale, regresan juntos a casa y Ricardo se aplicas sus dos últimas dosis.

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