Los dieciocho años de la Constitución

No puede haber estabilidad jurídica si la principal norma se sustituye de acuerdo con los circunstancias del momento o atendiendo los caprichos del mandatario de turno.

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julio 07 de 2009 - 05:00 a.m.
2009-07-07

Se están recordando por estos días los dieciocho años de la expedición de la nueva Constitución por parte de la Asamblea Nacional Constituyente. Aun cuando este país es olvidadizo, vale la pena reconstruir algunos episodios y analizar brevemente lo que ha pasado. El presidente Barco, quien al posesionarse había anunciado que no se 'embarcaría' en más reformas constitucionales, tuvo que hacerlo presionado por los acuerdos con el M-19 para la liberación, sano y salvo, de Álvaro Gómez Hurtado, secuestrado por el entonces grupo subversivo.

Presentó un proyecto de reforma constitucional, brillantemente defendido por su ministro de Gobierno César Gaviria, proyecto que incluía muchas de las instituciones que luego aprobara la Asamblea Nacional Constituyente, tales como la 'Tutela' en primer lugar, la creación de la Fiscalía; la Corte Constitucional; el establecimiento de la doble vuelta para la elección presidencial, para citar unas cuantas.

Estábamos en plena época del narcoterrorismo, y el grupo de los extraditables tenía como objetivo tumbar el tratado de extradición para lo cual presionó a la Corte, mató policías, periodistas y candidatos presidenciales como Luis Carlos Galán. En medio de ese ambiente y mientras se discutía la reforma Barco, el 30 de noviembre de 1989, un grupo de parlamentarios presentó en la Comisión Primera una especie de 'mico' para que se convocara al pueblo a un referendo que se pronunciara sobre la extradición de nacionales.

Valientemente el presidente Barco, prefirió hundir la reforma, antes que ceder a la presión de los narcoterroristas. Se dijo entonces que por esa razón no podía dejarse al Congreso la función de cambiar la Constitución y se abrió paso después de muerto Galán, la séptima papeleta, que comenzó el proceso constituyente, por cierto echando mano del tan odiado 'Estado de Sitio' de la Constitución de 1886.

La cruel ironía de nuestra historia, es que a Galán lo matan por ser partidario de la extradición y la Constituyente que surgió en su nombre, fue más allá de donde iban los autores del 'mico' en el Congreso, pues directamente prohibió la extradición de los nacionales, que era el fin para el cual los narcotraficantes no sólo habían matado a Galán, sino a Lara, a Guillermo Cano y a tantos otros colombianos. Si los narcotraficantes hubiesen imaginado que en un gobierno de Galán, iban a lograr lo que consiguieron en la Constituyente, probablemente el caudillo liberal estaría vivo y hubiese llegado, como estaba destinado, a la Presidencia de Colombia.

Lo demás es suficientemente sabido. Pablo Escobar se 'entrega' en la conocida cárcel-mansión de la 'Catedral', cuando le llega el Artículo 35 de la nueva Constitución que prohibía la extradición de nacionales.

Durante estos dieciocho años la Constitución ha sido reformada en más de veinticinco ocasiones, lo que evidentemente es una falta de seriedad. Muestra además, la tendencia típicamente colombiana de creer que basta con modificar la Constitución para cambiar la realidad. Es lo que he denominado el 'ilusionismo constitucional'. Muchos de los constituyentes que prohibieron para siempre la reelección han sido partidarios de que Uribe haya cambiado la Constitución para permitir su reelección inmediata y probablemente indefinida.

No puede haber estabilidad jurídica si la principal norma se sustituye de acuerdo con los circunstancias del momento o atendiendo los caprichos del mandatario de turno. Antes que pensar en cambiar la Constitución, deberíamos apostarle a modificar la realidad social y económica de esta nación.

gomezgomezabogados@cable.net.co

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