En diez años se erradicó la fiebre aftosa en el país; mayor responsabilidad para Colombia

Ahora, la certificación obligará al Gobierno, al gremio y a los ganaderos, a mantener esta condición sanitaria del hato nacional.

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mayo 29 de 2009 - 05:00 a.m.
2009-05-29

Con la entrega de la certificación a Colombia como país libre de la fiebre aftosa, con vacunación, por parte de la Organización Mundial de Sanidad Animal (OIE), la entidad también reconoció el llamado Plan Nacional de Erradicación de la Fiebre Aftosa.

Este ha sido ejecutado de manera conjunta por el Instituto Colombiano Agropecuario (ICA), la Federación Colombiana de Ganaderos (Fedegán) y el Ministerio de Agricultura.

Ante sus evidentes resultados, este le ha servido a Colombia para promoverlo en países vecinos Ecuador y Venezuela; en este último país es incontrolable, especialmente en los estados fronterizos con Colombia.

El Plan se inició en 1997 con la expedición de la Ley 395 que declaró la erradicación del virus como de interés nacional, declaratoria que se hizo necesaria en la medida que la presencia del virus era endémico (para 1989 se declararon 842 focos).

Ya para ese año (1997) la zona del Urabá chocoano fue certificada como zona libre de esta enfermedad sin vacunación, condición que le permitía hacer exportaciones de carne y leche a cualquier país del mundo, pues la aftosa es la principal limitante para el comercio mundial de estos productos.

Acciones durante esta década

Para el año 2001 toda la Costa Atlántica (excepto el sur de Bolívar y el sur del Cesar), Antioquia (excepto el Magdalena medio y el municipio de Necoclí) y siete municipios del norte de Caldas, fueron declarados como libres de aftosa, pero con vacunación.

Esto quería decir que no había evidencia de presencia del virus, pero debía vacunarse como medida de prevención.

Para el 2003, la misma condición la recibieron las zonas conformadas por el municipio de Necoclí (Antioquia), 17 municipios del sur de Bolívar, 10 del sur del Cesar, 11 de Norte de Santander y 52 de Santander.

En el 2005, la comisión técnica de la (OIE) -máxima autoridad de sanidad animal en el mundo- extendió el reconocimiento a la zona centro, conformada por el Magdalena Medio antioqueño, el centro y sur de Chocó, el sur de Santander, el noroeste de Cundinamarca y Boyacá, las zonas centro y sur de Caldas, el norte del Tolima y el Valle del Cauca, lo mismo que la totalidad de Quindío y Risaralda.

También se reconoció a la zona sur, compuesta por el municipio de Solano en el este de Caquetá y los departamentos de Guaviare, Guainía, Vaupés y Amazonas.

Para ese año, mientras todo iba 'viento en popa' el susto fue mayor cuando se registró un foco del virus en el hato de la clínica de grandes animales de la Universidad Nacional, en Bogotá; de inmediato, siete animales que resultaron seropositivos fueron sacrificados.

Frente a este caso, la OIE determinó que el foco fue ocasionado por una cepa de virus de laboratorio, es decir, que se 'escapó' de alguno que la tenía.

Hoy, cuatro años después, nadie reconoció el 'accidente' y el asunto pasó al olvido.

Posteriormente, en el 2007 fue certificada la zona suroeste del país, correspondiente a lo que faltaba del Tolima y Valle del Cauca, los departamentos del Huila, Cauca, Nariño, Caquetá y Putumayo.

En el 2008 la OIE reconoció al archipiélago de San Andrés y Providencia como zona libre de fiebre aftosa sin vacunación.

Ese año, en el mes de junio, se presentó un foco en el área rural de la ciudad de Cúcuta, que afectó a 29 ejemplares bovinos; un segundo, presentado en Sardinata (Norte de Santander) afectó a seis porcinos y a 114 ejemplares bovinos, uno de los cuales murió como consecuencia del virus.

Estos dos focos se presentaron como consecuencia del contrabando de animales procedentes de Venezuela.

Por último, las zonas centro oriente y los Llanos Orientales, certificadas el pasado jueves 28 de mayo, representan el 27 por ciento del territorio nacional y el 25 por ciento de la población bovina del país.

Así, sólo quedan por certificar dos zonas, catalogadas como de alto riesgo, como son los departamentos de Norte de Santander y Arauca, fronterizos con Venezuela, país donde el virus de la fiebre aftosa es endémico, es decir, que se presenta de forma permanente.

Más de 60 años con el virus

La enfermedad llegó a Colombia a la zona de Arauca (procedente de Venezuela) y a la occidental, en los años 1950 y 1951, respectivamente, y luego se extendió a todo el territorio nacional, sin que se tomaran medidas, como la vacunación o el sacrificio de los animales enfermos, como ya se hacía en esa época en los Estados Unidos, Canadá y México.

En 1972, el Ministerio de Agricultura a través del ICA y con empréstitos del BID, estableció el programa nacional de control y erradicación de la fiebre aftosa y de la brucelosis bovina, fundamentados en la vacunación obligatoria de todo el hato.

Además, este se respaldó con vigilancia, diagnóstico, control de focos, de movilización de animales y educación de los ganaderos.
Hasta la mitad de la década de los años noventa se registraron avances en la estructuración de los sistemas de vigilancia y diagnóstico, capacitación y control de vacunas.

Por su parte, el sector privado avanzó en la elaboración de este tipo de insumos, pero no se logró la transformación de las zonas endémicas, ni establecer ciclos de vacunación definidos, ni controles a la movilización que permitieran pensar en procesos de erradicación.

Frente a este panorama, en 1995 el gremio ganadero (Fedegán) propuso al sector oficial una alianza estratégica para eliminar la enfermedad y logró la aprobación de la Ley 395 de 1997, que lo responsabilizaba de la vacunación cíclica y masiva del hato, con recursos parafiscales del Fondo Nacional del Ganado.

A partir de 1998 se inició la vacunación cíclica y masiva del hato bovino en todo el territorio nacional, excepto en la región noroccidental del Chocó, certificada libre sin vacunación en 1997.

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