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Sin lugar a dudas las elecciones regionales de Venezuela han producido importantes resultados políticos, que si la oposición logra manejarlos firme y coordinadamente permitirán ir consolidando el declive del chavismo iniciado con la derrota de diciembre pasado hacia las elecciones de Asamblea en el 2010.

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noviembre 27 de 2008 - 05:00 a.m.
2008-11-27

Los elegidos no deben olvidar que tendrán que administrar y responder, enmendando el desastre, en un escenario de crisis económica y con Chávez controlando los recursos fiscales. Ese es su mayor riesgo. Hay que destacar que este resultado se produce en el punto de quiebre de una bonanza sin precedentes que durante los últimos diez años, ha permitido al régimen contar con más de 800 mil millones de dólares, dilapidados, con un costo enorme que el país no podrá recuperar, y que ha sido el soporte que le ha permitido a Chávez estar en el poder por diez años y a aspirar a otros más. Coincide entonces con la llegada de la época de ‘vacas flacas’ y al igual que en los episodios de las bonazas anteriores, a apretarse el cinturón nuevamente, fruto de no preparase para ello, lo cual ha sido una actitud reiterada en Venezuela. Claro que esta vez el desbarajuste y el mal manejo ha sido más prolongado y peor, por lo cual la crisis será mucho más profunda. Volviendo a las elecciones, el Gobierno insiste en hacer un análisis cuantitativo, resaltando el número de gobernaciones mantenidas por su partido y pintando de rojo la mayoría del mapa nacional. Lo cierto es que, si bien perdió un importante terreno en materia numérica, los resultados tienen un efecto cualitativo mucho más importante. Lo primero que se podría decir es que los estados que perdió, empezando por Carabobo y Miranda , junto con Caracas, son el corazón político, cultural y social de la nación. Si a ellos le sumamos el Zulia y Nueva Esparta que no los controlaba y el Táchira con sus implicaciones fronterizas, tenemos el corazón económico del país. Es la mayor parte de eso que se denomina el corredor político, o columna vertebral de la nacionalidad, más cerca del 70 por ciento del Producto Interno Bruto y el 48,4 por ciento de la población. Maracaibo, segunda ciudad y capital petrolera, junto con Caracas, la perdió el régimen. Políticamente esto tiene un enorme significado. La derrota en Caracas significa perder no solo la sede del Gobierno y la más poblada del país, sino un bastión del chavismo, manejado al antojo del Presidente. Perdió la Capital Metropolitana, Sucre con alta participación de zonas pobres como el famoso Petare, Miranda y otras alcaldías muy importantes como Chacao, Baruta y el Hatillo. Solo conservó Libertador, de bajos estratos, como Catia, donde siempre el chavismo mantuvo el 70 por ciento. Esta vez, la oposición en cabeza de un estudiante desconocido y otro no chavistas lograron el 45 por ciento, con lo cual se produce un descalabro político de mayor envergadura. Otro aspecto fue el de los candidatos derrotados. Aquí la hecatombe fue peor. La plana mayor del chavismo, con los más emblemáticos y representativos caciques y delfines fue vencida. Empezando por Diosdado Cabello, Aristóbulo Istúriz, Jesse Chacón, Mario Silva y Ronald Blanco, nuestro peligroso vecino del Táchira. Algo inconcebible unos días atrás. En los demás, triunfó Chávez con el aparato oficial y la chequera, no los candidatos. Finalmente, a quienes ingenuamente vuelven a preguntarse si Chávez, ante estos resultados, recapacitará y colaborará, no lo hará. Más de diez años de conocerlo demuestran lo contrario, y ya lo dijo claramente en su agobiante y febril diatriba en que convirtió la rueda de prensa internacional del lunes: si no aprueban la reelección indefinida por iniciativa popular, tiene 4 años para acelerar el proceso. Ya debe estar afinando los mecanismos con que cuenta, entre ellos el control de los recursos y la ley que lo faculta para crear una nueva organización político administrativa de macrorregiones con administración propia por encima de alcaldes y gobernadores. albertosch@cable.net.co '' La derrota en Caracas significa perder no solo la sede del Gobierno y la más poblada del país, sino un bastión del chavismo, manejado al antojo del Presidente.” '' El Gobierno venezolano insiste en hacer un análisis cuantitativo, resaltando el número de gobernaciones mantenidas por su partido y pintando de rojo la mayoría del mapa nacional. Alberto Schlesinger Vélez. Consultor privado WILABR

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