La ‘dificultad de ser’ ecuatoriana

La relación de Ecuador con Colombia y Perú, asemeja la que mucho tiempo tuvo México con Estados Unidos. El resentimiento acumulado de menoscabos históricos envenenaba el presente y enturbiaba el futuro. Ecuador ha sido maltratado por sus dos vecinos y otras potencias externas. Si se desconoce este contexto histórico, cuesta trabajo entender la actual coyuntura binacional.

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mayo 26 de 2008 - 05:00 a.m.
2008-05-26

La Corona crea ‘consulados’ (aduanas) en Colón, Cartagena, El Callao (Lima) e inclusive Popayán, ciudad mediterránea, mas no en Guayaquil, condenándolo al cabotaje. La reorganización colonial borbónica reasigna las tierras de la Audiencia de Quito al recién creado Virreinato de Nueva Granada (1739). La subordinación nominal de Popayán a Quito y de esta a Santafé crea un vacío jurídico cuando Ecuador se separa de la Gran Colombia (1830), al abarcar el Cauca, la mitad del territorio neogranadino. Por plebiscito, los caucanos deciden incorporarse a la Nueva Granada. Hasta hoy, los ecuatorianos lamentan esta ‘pérdida’ sensible. Desde antes, la Campaña del Sur de la Guerra de Independencia, a cargo de una oficialdad, principalmente venezolana y tropas colombo-venezolanas, constituye un duro y costoso reto, político, financiero y humano, para el futuro Ecuador. Si se le suma la ‘campaña de pacificación de Pasto’, este tiene que consentir un esfuerzo considerable: 10.000 hombres y 2 millones de pesos oro (Jorge Núñez, Ecuador: miradas binacionales, Primera Sesión, 2008). A lo largo de 169 años (1829-1998) y 18 tratados, Ecuador otorga 180.000 km2 a Colombia y 200.000 a Perú, incluida casi toda su Amazonia. Tan solo 11 son firmados por Ecuador con sus vecinos. Seis lo son por Colombia y Perú (1829-1908) y, uno, por ambos con Brasil y E.U. (1925). Una y otra vez, Colombia decide bilateralmente con Perú la suerte de Ecuador, sin consultar o informar a su pequeño vecino. El conflicto colombiano desborda las fronteras nacionales e involucra a los vecinos: presencia guerrillera y (desde 1990) paramilitar; tráfico de armas, precursores y drogas; blanqueo de activos; desplazamiento; corrupción y ‘violencia importada’. El número de colombianos en Ecuador tal vez se acerque al millón. Su débil institucionalidad y dificultad de consenso interno lo hacen vulnerable. De los siete antecesores de Rafael Correa elegidos por voto popular (1979-2005), solo tres terminaron su mandato. A otros tres se les revocó (Abdalá Bucaram, Jamil Mahuad, Lucio Gutiérrez) y uno murió en inexplicado accidente aéreo (Jaime Roldós). Quien asume un cargo electivo se expone a ser procesado y sancionado por el Congreso o la justicia, no pocas veces por presión de la calle. Permanecen impunes, en cambio, muchos delitos ‘de cuello blanco’ como el uso y abuso de dinero fácil, autopréstamos y especulación cambiaria en 1994- 1998. Otras contradicciones dificultan el consenso: crecimiento económico con desigualdad e inflación; Sierra manufacturera y proteccionista, con fuerte presencia indígena y vieja oligarquía blanca, y Costa mestiza y librecambista, volcada hacia productos básicos globalmente competitivos (banano, cacao, harina de pescado…) y con clase empresarial dinámica; ingerencia institucionalizada del sector privado en el manejo del Estado, también presionado por la militancia sindical e indígena; Fuerzas Armadas respetadas, pero susceptibles a la corrupción y que intervienen periódicamente (5 veces en el siglo XX) cuando se agudizan los conflictos políticos y sociales. En este contexto, el Estado no hace presencia en buena parte del territorio nacional y, cuando la tiene, puede ser represivo o corrupto. La de las Farc en Ecuador, más allá del campamento de ‘Reyes’, se explica en primer lugar, por esta fragilidad del Estado. Ningún gobierno puede admitir que no controla su territorio. Cuando Colombia y E.U. responsabilizan a Ecuador por su ‘permisividad’, nuestros vecinos reaccionan con indignación semejante a la que sentíamos los colombianos hace más de 20 años ante las duras medidas de E.U. contra nuestras exportaciones, contaminadas por el narcotráfico. Lo veíamos como un problema ajeno, de demanda de drogas, para excusar nuestra propia incapacidad preventiva. De igual manera, Ecuador hoy se siente víctima de la ‘violencia colombiana’. La complicidad nace a menudo de la inseguridad. Los colombianos juzgamos éticamente inaceptable la ‘neutralidad’ de Ecuador y otros vecinos frente al terror. Sin embargo, el egoísmo nacional, miedo a represalias terroristas e interés propio mal entendido también caracterizaron la postura francesa frente al ETA hasta 1986, cuando se creó una sección antiterrorista dedicada a esa organización en el Tribunal de París. Ha estado a cargo de la valiente y muy amenazada fiscal Laurence Le Vert, para quien la tolerancia con el terror, alimentada por el rechazo de Francia al ‘terrorismo de Estado’ español (los tristemente famosos GAL), no era admisible. A falta de compromiso político y funcionarios con suficiente temple moral, Venezuela prefirió congraciarse tempranamente con la guerrilla colombiana en su territorio para que no atentara contra sus ciudadanos. Ya en el 2000, Ramón Rodríguez Chacín negociaba el ‘intercambio humanitario’ de cinco venezolanos secuestrados por las Farc con tres guerrilleros presos (El Tiempo, 8/1/08). Es deleznable la línea divisoria entre motivación humanitaria oficial y complicidad. El presidente Chávez asumió su papel de mediador con “objetivo de alianza” según Gustavo Petro (Foro Fescol-El Tiempo ‘Superada la crisis ¿qué sigue?’, 14/3/08). En carta del 20/11/07 al Secretariado, ‘JE’ (‘Tirofijo’) se refiere al “aporte de (300)” (sic) realizado por Chávez y pregunta “si es un préstamo o por solidaridad”. El general Naranjo, el 2/3/08, abre la posibilidad de que fuera un rescate por la liberación de (6) personalidades secuestradas. Ecuador reconoció que su ministro de Seguridad, Gustavo Larrea se había reunido con ‘Reyes’ para “buscar la liberación de 12 secuestrados de las Farc”. El país vecino no está adherido al Alba ni al plan ‘bolivariano’ de Chávez y no se le acusa de apoyar económica o militarmente a las Farc. También mantiene una normalidad comercial y migratoria plena en frontera y una política amplia hacia los colombianos en su territorio. Con todo, difícilmente podía desconocer la actividad ‘diplomática’ local de ‘Reyes’, a quien, según El Clarín de Chile del 9/3/08, “tres enviados personales del presidente Sarkozy (…) que permanecían en Ecuador desde octubre de 2007”, estaban por visitar el primero de marzo. Según algunas fuentes, habría 15 campamentos ‘activos’ y 7 de ‘despiste’ de las Farc en Ecuador. En Caracas, Luis Eladio Pérez dijo haber ‘dormido’ en Ecuador mientras estaba secuestrado. ¿Desconocimiento fácticocomplicidad pasiva, tolerancia obligada de un Gobierno sin control efectivo sobre su territorio y sus instituciones? Ecuador y su Presidente se han concentrado en la violación -contundente, reconocida por Uribe e indefensible en derecho internacional- de la soberanía ecuatoriana, mas no en dar explicaciones. No es esta mala fe, sino temor fundado a los efectos jurídicos internacionales y talante establecido: Ecuador, casi siempre, antepone la historia a los hechos. Estos pueden ser humillantes y no concordar con su imagen de sí mismo. Aquella, en cambio, le es familiar y no trae sorpresas. También puede hacerlo acreedor a un ‘trato especial y diferenciado’. Podemos negarnos a jugar este ‘juego’, pero entendamos que Ecuador, al conciliar emociones y posiciones, parte de una desconfianza histórica de la cual somos en parte causantes. Genera un diálogo de sordos, como han ocurrido tantos en el pasado. Cuando, hace un quinquenio, se hallaron armas militares ecuatorianas en manos de las Farc, el poder civil de Ecuador negó la evidencia. Sus militares la admitieron en la Comisión Binacional Fronteriza-‘CombiFrom’, pero sotto voce, sin abrir espacio para una solución conjunta. Cuando Correa, en México, mostró que nada había perdonado ni olvidado y volvió a ahondar en el tema de la ‘masacre’, el Palacio de Nariño decidió que todo esfuerzo de conciliación sería vano y más valía ‘trancar’ a tan irreducible mandatario. Siguió una triste serie de hirientes pronunciamientos mutuos, con una victoria parcial para Colombia: Ecuador endureció su postura hacia las Farc. Su malestar de siempre con Colombia, al tiempo, creció. La ‘dificultad de ser’ ecuatoriana también es nuestro problema y, algún día, tendremos que ayudar a resolverlo. '' El Estado no hace presencia en buena parte del territorio nacional y, cuando la tiene, puede ser represivo o corrupto.'' El país vecino no está adherido al Alba ni al plan ‘bolivariano’ de Chávez y no se le acusa de apoyar económica o militarmente a las Farc. Tomás Uribe Mosquera. Consultor internacional WILABR

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