¿Trabajo digno?

¿Trabajo digno?

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noviembre 01 de 2007 - 05:00 a.m.
2007-11-01

Hay comentarios que a veces desconciertan. Por ejemplo, que un ministro les diga a los académicos que sus estudios tienen respetabilidad, pero que poco deberían hablar, porque en su vida han generado un empleo. Los que deben hablar de esos temas son los empleadores. Lo mismo ocurre cuando otros académicos, que defienden el capital y no los equilibrios con el trabajo, califican o descalifican con los adjetivos de ‘poco serios’ los trabajos de aquellos que piensan diferente a lo que son sus poses doctrinarias e ideologizadas. Lo cierto es que la flexibilización laboral en el marco de la globalización, y especialmente en los países del tercer mundo, ha convertido el trabajo en objeto de una relación más comercial que laboral y al trabajador simplemente en una mercancía. En términos sencillos: se contrata a término fijo, por ejemplo, mediante la modalidad de Orden de Prestación de Servicios, OPS, generalmente, no mayor de seis meses. La seguridad social (salud y pensiones) se encuentra a cargo del trabajador, se le exige la afiliación y se le descuentan directamente los impuestos. Además, y no nos engañemos, aunque dichas OPS se constituyen en contratos de entrega de productos, en la mayoría de los casos los ‘beneficiarios’ terminan trabajando más allá de lo que significa una jornada laboral máxima. De lo que se establece como pago al contratista, entre los rubros a la seguridad social e impuestos, su ingreso se reduce entre 35 y 40 por ciento. La inestabilidad es la norma, no tienen vacaciones, ni cesantías, ni derecho a enfermarse, y si las mujeres quedan embarazadas, es su problema. Y qué decir del no reconocimiento al trabajo nocturno, del no pago de recargos por los dominicales ni por las horas extras y de la pertenencia a Cooperativas de Trabajo Asociado que niegan hasta los más mínimos derechos. Hasta fragmentación y odios se crean contra los trabajadores que aún conservan derechos laborales. Más allá del debate de las cifras, de un punto más o un punto menos en las frías estadísticas, se encuentran los seres humanos que padecen esa situación. ¿Qué dicen ellos? Poco importa. Hay que ser realistas: es la globalización, la competitividad y la eficiencia, aunque se genere mayor desigualdad. ¿Pero qué pasará cuando se detenga el crecimiento y se agudice la desigualdad o aumente el desempleo? El reto para los hacedores de política pública es promover el empleo y la dignidad en el trabajo. Es un modelo de desarrollo con rostro humano. Así se está haciendo en muchos países exitosos. Esa es la razón del debate y las propuestas. PD: desautorizo expresamente la publicación de esta columna en cualquier medio de comunicación virtual que no le guste al Comisionado de Paz. Corro el riesgo de que me sometan a un debate ético y me hagan retractarme de lo que pueda decir en este espacio de opinión. Inclusive puedo ser acusado de promover la ‘lucha de clases’ y eso es una categoría marxista. ¡Qué Dios me perdone o me proteja! Germán Umaña Mendoza Profesor, Universidad Nacional El reto para los hacedores de política pública es promover el empleo y la dignidad en el trabajo”.

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