El dilema de Obama

Insistir en aumentar el déficit con programas de estímulo poco efectivos para generar empleo, puede afectar la confianza en el dólar y desgastar al Gobierno políticamente con el Congreso.

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julio 22 de 2009 - 05:00 a.m.
2009-07-22

En medio de la recesión que vive la economía de Estados Unidos y la pérdida de popularidad que la nueva administración ha empezado a experimentar, el presidente Barack Obama se encuentra frente a dos problemas críticos: el aumento del desempleo y la profundización del déficit fiscal. Para Obama intentar resolver el primero puede agravar el segundo, pero si no actúa frente a la creciente tasa de desocupación las aspiraciones de su partido para acrecentar las mayorías en las elecciones legislativas del 2010 se pueden esfumar.

Los asesores económicos de la Casa Blanca creen que sin mayores estímulos fiscales el desempleo que ya se aproxima al 10 por ciento puede seguir en aumento, haciendo aún más lenta y dolorosa la recuperación de la economía norteamericana y lastimando la credibilidad del Presidente. El problema es que el apoyo del Congreso a un nuevo paquete contracíclico sería difícil ante un déficit fiscal cercano al 12 por ciento del PIB y una expansión de la deuda pública que puede llegar al 90 por ciento del PIB para el 2014.

Desde las trincheras del Partido Republicano los críticos a un nuevo paquete de estímulo no dan tregua. Argumentan que la expansión del déficit deberá ser pagada en el mediano plazo por nuevas generaciones a través de mayores impuestos. Activistas conservadores como Mark Levin, que con su libro Liberty and Tyranny está ocupando los primeros lugares en ventas, se han despachado contra los lineamientos, a su juicio, 'estatistas' de Barack Obama, pidiendo a gritos una nueva agenda programática conservadora que evite un debilitamiento de las finanzas públicas.

Entre los argumentos más usados por los críticos republicanos está que el plan de estímulo y rescate económico promovido por el Gobierno durante los últimos meses es equivalente a la suma ajustada por inflación del Plan Marshall para la recuperación Europea, el proyecto del hombre a la Luna, la Guerra de Corea, la invasión a Irak y el famoso New Deal, elaborado por Franklin Delano Roosevelt, para salir de la Gran Depresión. Esto a la postre significa que la munición fiscal ha sido usada a fondo y que mayores inyecciones presupuestales de corto plazo podrían desatar problemas estructurales.

Por su parte, la consejera económica de la Casa Blanca, Cristina Romer ha sido enfática en señalar que dedicar todas las baterías en el corto plazo para reducir el déficit fiscal también puede acarrear problemas, mucho más saliendo de una recesión profunda. Su ejemplo favorito tiene que ver con lo ocurrido en 1937, cuando el Gobierno de Roosevelt aumentó impuestos y recortó el gasto de manera acelerada para corregir la situación fiscal a costa de un desempleo cercano al 20 por ciento.

Si el desempleo continúa en ascenso le pegará al consumo de hogares (el cual es cercano al 70 por ciento del PIB), la insolvencia crediticia seguirá pronunciándose y la demanda agregada mundial continuará afectada. Pero insistir en aumentar el déficit con programas de estímulo que han resultado ser poco efectivos para generar empleo, puede afectar la confianza en el dólar y desgastar al Gobierno políticamente con el Congreso en medio de grandes reformas.

Del lado de la moneda que escoja Obama se sabrá lo que le espera a la economía global, y por supuesto a América Latina, cuyas exportaciones dependen de los consumidores que se están quedando sin puesto.


ivanduquemarquez@gmail.com

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