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Diplomacia en apuros

Atravesamos un momento lleno de complicaciones para nuestra brillante canciller. Latinoamérica se aleja del campo de influencia de Washington y nos toca hacer de escuderos suyos en la región, por la lucha antidrogas y el apoyo antiterrorista.

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mayo 10 de 2006 - 05:00 a.m.
2006-05-10

La geopolítica petrolera anglo-texana que precipitó dos guerras en Irak, atropelló a Irán, vapulea a Palestina y resucita el terrorismo islamista con susto atómico incluido, tiene en su punto más bajo la alianza atlántica y apunta un par de tentáculos hacia nosotros. Chávez es uno. El otro es la acomodada posición de los europeos, mientras nos regatean las escasas preferencias arancelarias. En lo doméstico, los franceses desfilan convencidos de que Ingrid Betancur es Juana de Arco, Uribe, un clon de Goebbels y ‘Tirofijo’, Robin Hood en botas pantaneras. Venezuela acaba de desbaratar lo poco que quedaba de la CAN y nos echa la culpa con absoluto descaro, cuando lleva seis años socavando los acuerdos. Nuestro amigo entrañable, Ecuador, ahúcha los perros contra Colombia, alebrestados con la ingobernabilidad y el jaleo de las Farc en Sucumbíos. Vivanquito hace su muequita para cerrar el primer trimestre con tres años de atraso. El Tratado de Libre Comercio sigue siendo el trompo de poner de todo aquel que entiende de la misa la media. Y en pleno baile, nuestros libérrimos comentaristas le abren crédito total al bellaco que desde la cárcel denuncia supuestas actividades secretas del DAS en Caracas, dándole coba al deslenguado de Miraflores. Somos pendolos irredimibles. Brasil y Argentina, entre tanto, parecen no percatarse del embuchado que les va a meter en Mercosur la alianza chavista con Uruguay y Paraguay, a la que adherirá Bolivia desde un borde. Pero tampoco la dupla Chávez-Rangel se imagina en su mitomanía la patada en el trasero que les dará el Apra cuando Alan García tome el turno del micrófono. El bolivarianismo en la segunda década del siglo veintiuno volverá al anaquel del diecinueve, pero por un rato tendremos berrinches por doquier. El presidente y la canciller viajan miles de millas por semana y regresan en santiamén para programar nuevos intentos de suavizar el oleaje. A ambos se les profundizan las ojeras. Sin embargo, con algo de suerte, nada grave va a suceder. Chávez no tiene arrestos para armar garrotera en serio, eso es seguro. Por más que la prensa le atribuya liderato continental a punta de regar petróleo a discreción, su piso es resbaladizo y como todo gritón, se contentará con un cierre operático de fronteras y un par de damnificados del sector empresarial. Hasta que tenga oportunidad de renovar sus abrazos, nos entrabará los cables por unos meses hasta que se caliente la campaña venezolana y se haga oír el que merece oírse: Teodoro Petkoff, quien realmente entiende qué es la izquierda y a qué historia pertenecemos los de allá y los de aquí. Menos mal que Carlos Gaviria no les ha comido cuento todavía en este show a sus socios Petro y Navarro. Las carantoñas de Chávez se agotan en ellos dos, que de izquierda no saben mucho. Y en Serpa, que olvida lo que sabía. Aunque comparta broncas por el TLC, Gaviria conoce a Petkoff y al Apra y sabe tomar distancias. Eso esperamos. Y a estas alturas uno se pregunta cómo en semejante brete siguen de embajadores en Quito, Lima y Caracas un político biche, un redomado lagarto y un anciano enclaustrado. Consultor privado "Venezuela acaba de desbaratar lo poco que quedaba de la CAN y nos echa la culpa con absoluto descaro”.

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