La disyuntiva

La disyuntiva

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noviembre 06 de 2007 - 05:00 a.m.
2007-11-06

En medio de la turbulencia de una semana como la pasada, en la cual las discusiones políticas y el crudo invierno ocuparon la atención de los colombianos, pasó relativamente inadvertida la información entregada por el Dane, según la cual el alza en el índice de precios al consumidor había sido de 0,01 por ciento en octubre. Aunque a primera vista el cambio parece imperceptible, el primer campanazo de que algo no andaba bien fue la tardanza en la aparición del reporte, que fue entregado a los medios de comunicación bien entrada la noche del primero de noviembre. Pero más allá de esa demora, una mirada cuidadosa a las cifras deja en claro que las próximas semanas serán de discusiones intensas, tanto en el seno del equipo económico, como del Banco de la República, por cuenta del cambio de tendencia de la inflación, al cabo de varios meses de descenso. Para ponerlo en perspectiva, después de un susto en la primera mitad del año, causado por un alza inusitada en los precios de los alimentos, las cosas comenzaron a mejorar cuando llegó la temporada de cosechas. Así, de un máximo de casi 6,3 por ciento en abril, el aumento anualizado del IPC pasó a 5,77 por ciento en julio, a 5,22 por ciento en agosto y a 5,01 por ciento en septiembre. En ese momento, las encuestas entre diversas firmas especializadas predecían que al finalizar el año el resultado sería muy cercano al 5 por ciento, bien por encima del rango de 3,5 a 4,5 por ciento fijado como meta para el 2007 por el Banco de la República en su momento, pero aparentemente manejable. Sin embargo, el dato de octubre elevó el acumulado del año a 4,68 por ciento y el de los últimos 12 meses a 5,16 por ciento, niveles muy superiores a los observados en períodos similares del 2006 cuando los resultados fueron 4 y 4,19 por ciento, respectivamente. A primera vista, los ceños fruncidos que ocasionaron tales cifras parecerían injustificados, pues un punto de más o de menos suena menor en la historia de un país que, al finalizar la década pasada, es taba acostumbrado a cifras de inflación de dos dígitos. No obstante, temas como las tasas de interés, los resultados fiscales, la lucha contra la pobreza y la misma competitividad de Colombia en los mercados internacionales dependen de un buen resultado en este campo. Pero ahora, la razón principal de las preocupaciones es que si en el pasado la culpa la habían tenido los alimentos, en el presente esa responsabilidad comienza a ser compartida con otros rubros de la canasta familiar, que ya no dependen de las cosechas. En concreto, los grandes responsables de lo ocurrido en octubre fueron los llamados bienes transables, como consecuencia del alza de los precios en los combustibles y, presumiblemente, de la ligera alza que experimentó el precio del dólar frente a niveles cercanos a los 1.900 pesos a comienzos de agosto. Esa situación es un campanazo sobre el efecto que puede tener la tasa de cambio respecto a la inflación y complica más el análisis que deberá hacer la junta directiva del Banco de la República, cuando en unos días se siente a estudiar la pertinencia de elevar las tasas de interés de la economía, quietas desde finales de julio. Además ese ente estará influido por lo que ha ocurrido en los Estados Unidos, en donde el Banco de la Reserva Federal ha venido bajando el costo del dinero con el fin de estimular la confianza en una economía afectada por la crisis de las hipotecas. De tal manera, el Banco enfrenta una disyuntiva nada agradable. Si decide quedarse quieto y la inflación anualizada vuelve a subir, le estará enviando una pésima señal al mercado, en vísperas de fijar la meta del 2008. Pero si decide elevar la tasa de interés, irá en contra de la tendencia internacional y podría ocasionar una baja en el dólar, con las quejas esperadas de los exportadores y la posibilidad de profundizar el ya enorme déficit en la balanza comercial. De tal manera la escogencia será entre el menor de los dos males, a sabiendas de que al final de cuentas el Emisor se puede quedar con el pecado y sin el género. Si el Emisor decide quedarse quieto y la inflación anualizada vuelve a subir le estará enviando una pésima señal al mercado, en vísperas de fijar la meta para el 2008”.

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