Diversidad cultural

La Asamblea General de las Naciones Unidas ha escogido el próximo domingo para conmemorar el día mundial de la Diversidad Cultural para el Diálogo y el Desarrollo. La importancia de esta fecha radica en la oportunidad para reflexionar sobre la tolerancia y la solidaridad.

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mayo 18 de 2006 - 05:00 a.m.
2006-05-18

El 2 de noviembre del 2001 la Asamblea de la Unesco, a pocos días de haberse producido el tenebroso ataque del 11 de septiembre, supuesto choque de civilizaciones, adoptó la Declaración Universal sobre la Diversidad Cultural, afirmando que el reconocimiento y respeto de las diferencias, la tolerancia, el diálogo y la cooperación, son las mejores garantías de la paz y la seguridad internacionales. La diversidad, que se manifiesta en desiguales expresiones artísticas, en rasgos culturales y modos de vida diferentes, en el derecho a pensar distinto, es un factor de desarrollo, un generador de riqueza y un patrimonio común de la humanidad, como expresamente se declara en el artículo 1. Por eso, pretender que todos se parezcan y sigan un determinado comportamiento y que haya un pensamiento único y una única mente que lo produzca, es un atentado contra el patrimonio de todos. Eso vale nacional e internacionalmente para lo económico, para lo político, para lo moral, para lo religioso y para lo comercial. La defensa de esa diversidad, señala la Declaración, “es un imperativo ético, inseparable del respeto de la dignidad de la persona humana”. El sustento que da vida a la diversidad y la tolerancia, es el enaltecimiento de los Derechos Humanos y las libertades fundamentales, en especial los de aquellos que pertenecen a grupos minoritarios y pueblos autóctonos. ¿Qué tan diversa es la población colombiana? ¿Cuáles son nuestros grupos minoritarios? ¿Qué tanta tolerancia y respeto hay por ellos y por sus derechos? ¿Conocemos, valoramos y ayudamos a nuestros pueblos autóctonos? ¿Qué hacen el Estado y la Sociedad Civil por ellos? Son interrogantes para los que no tengo respuesta. Sin embargo quiero mencionar un caso denunciado por The New York Times el pasado 11 de mayo, que pareciera decirnos que en Colombia las normas que protegen y garantizan los derechos de los pueblos indígenas, no se aplican. Los Nukak-Makú, una comunidad aborigen de la selva amazónica, están abandonando los sitios donde residen. En el mes de marzo llegó a San José del Guaviare, un grupo de 80 de ellos, buscando seguridad y un modo estable de vida. Pareciera ser que el desplazamiento es presionado por la guerrilla y por productores de pasta de coca. Dicen no querer regresar y desean unirse al mundo moderno, sin tener un concepto de lo que eso significa y del daño que les puede causar. Lo grave es que pueden desaparecer como grupo cultural en medio de la miseria y del olvido, y seguramente ese será su destino si se los deja solos. Son seres humanos, son colombianos, son minoría, son una riqueza cultural, tienen derechos. Si éstas no son razones suficientes para salvarlos, estamos fallando y fracasando como sociedad y como Estado. Decano F. de Economía, Universidad Piloto"El sustento que da vida a la diversidad y la tolerancia, es el enaltecimiento de los Derechos Humanos”.

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