Dividendos de una crisis

Privatizaciones como las que han tenido lugar recientemente de Granahorrar y de Megabanco, y la anunciada para el segundo semestre del 2006 de Bancafé, tienen un doble efecto positivo. De una parte permiten que el Estado se deshaga de una función que no debe ser la suya, como es la de estar involucrado directamente en el otorgamiento de créditos donde suele equivocarse a menudo. Pero además permiten recoger un dividendo para las finanzas públicas del país que a veces pasa desapercibido.

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mayo 02 de 2006 - 05:00 a.m.
2006-05-02

No debe olvidarse -cuando se evalúa el manejo que se le dio a la crisis financiera que estuvo a punto de estallar de manera generalizada hacia 1998-1999- que las múltiples medidas que entonces se tomaron no tuvieron como propósito salvar banqueros privados sino proteger a los ahorradores. Como es la responsabilidad primordial del Estado cuando se presentan en el horizonte los ‘cumulus nimbus’ de una crisis financiera. Si una crisis financiera se deja expandir, si se permite que la desconfianza cunda entre el público ahorrador, y si las entidades crediticias llegan a exhibir deterioros patrimoniales de tal magnitud que las hagan inviables y se vuelve imperioso intervenirlas con cerramiento de puertas, quienes más pierden a la postre no son los dueños de los bancos sino los usuarios de los mismos. Por cada peso de capital que pierden los accionistas de una entidad financiera que es necesario liquidar los ahorradores pierden diez. Y la economía del país en su conjunto pierde también inmensamente cuando se le destroza su sistema de pagos y de asignación del ahorro hacia la inversión productiva. El Estado, frente a un amago de crisis de esta naturaleza, debe exigirle a los accionistas de los bancos que se metan la mano al dril para capitalizar y provisionar las entidades que- siendo aún viables- estén exhibiendo deterioros patrimoniales fuertes (lo cual, junto con los problemas de liquidez -que le corresponde atender el Banco de la República como Banco Central que es- son los síntomas característicos de toda crisis financiera); debe capitalizar sus propias entidades; y en fin, debe intervenir pronto sacando del canasto aquellas entidades que ya están en un grado tal de descomposición que generan el riesgo de infectar a las que aún están sanas. Eso fue exactamente lo que se hizo en aquella época. Y Fogafín, cuya función es precisamente esa: ser el brazo estatal de intervención preventiva y curativa en todo lo que tenga que ver con problemas de solvencia, debió jugarse a fondo. Para evitar que el conjunto de la estantería financiera cayera indiscriminadamente sobre los hombros de los ahorradores colombianos. La verdad es que el balance que ya pueden hacerse del manejo que se le dio a aquella crisis arroja un dividendo social muy satisfactorio. Fogafín debió movilizar cerca de $15 billones entre 1998 y 2003 para hacerle frente a la crisis, de los cuales $9 billones (60%) se orientaron a capitalizar y sanear la banca pública, $3 billones (20%) se destinaron a alivios a los deudores hipotecarios, $1,5 billones (10%) a entidades del sector cooperativo, y sólo $1 billón (7%) a otorgar créditos debidamente garantizados -no a regalar dineros públicos como algunos creen- a los accionistas de entidades privadas con el objeto de complementar las exigencias de capitalización que por otro lado se les hicieron. Los resultados están a la vista. Al país se le evitó una crisis bancaria monumental que estuvimos ad portas de experimentar. Y esto se logró con un costo bajo, que está reduciéndose aún más con las privatizaciones que se vienen haciendo. Un reciente informe de Anif concluye de la siguiente manera: “hemos visto que, tras las recientes privatizaciones, el costo neto de la crisis bancaria del período 1998-1999 se ha logrado reducir a tan solo 1,6% del PIB de 2005. Esta cifra no sólo es inferior al costo de la crisis de los años ochenta, sino que es realmente ejemplar frente al costo de las crisis financiera de mediados de los años noventa en México (20% del PIB), Venezuela (25% del PIB) o Indonesia (30% del PIB)”. Ex ministro de Hacienda"En una crisis financiera, los ahorradores pierden diez veces más que los accionistas de los bancos”.

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