Doha ha muerto, ¡viva Doha!

Cuando los ministros de Comercio de 150 países lanzaron la Ronda de Doha en el 2001 en la capital de Qatar, le asignaron un papel prioritario al desarrollo. En la Declaración aprobada por aclamación, los representantes de todo el planeta manifestaron que “pretendemos poner las necesidades e intereses de los países en desarrollo en el centro del Programa de Trabajo adoptado en la presente Declaración”, y se comprometieron a continuar “realizando esfuerzos positivos para que los países en desarrollo, y especialmente los menos adelantados, obtengan una parte del incremento del comercio internacional que corresponda a las necesidades de su desarrollo económico. A ese respecto, serán factores importantes el acceso mejorado a los mercados, las normas equilibradas y los programas de asistencia técnica y de creación de capacidad con objetivos bien definidos y financiación sostenible.

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marzo 31 de 2010 - 05:00 a.m.
2010-03-31

Han pasado casi 10 años en los cuales los loables objetivos planteados en la Conferencia Ministerial de Doha, que incluían un mandato claro de negociación en agricultura y bienes no agrícolas, siguen empantanados por la virtual ausencia de voluntad política de llevar esta trascendental negociación a buen puerto. La semana pasada se reunieron delegados de los miembros de la Organización Mundial de Comercio (OMC) en su espléndida sede en Ginebra, Suiza, con el propósito de hacer una evaluación del estado actual de la negociación, en la cual los voceros de los grupos negociadores parecían almas en pena en una feria de lamentaciones. El presidente del grupo negociador agrícola de la OMC, embajador de Nueva Zelanda, David Walker, manifestó que “los miembros no han estado en una posición de resolver ningún asunto sustancial”. El presidente del grupo de acceso de bienes no agrícolas, embajador suizo Luzius Wasescha, informó que las diferencias ‘se mantienen’, y sostuvo que el principal abismo eran las discrepancias en los niveles de ambición. La realidad es que en las siete reuniones multilaterales realizadas en los últimos doce meses no se han generado las convergencias requeridas que permitan avanzar hacia el cumplimiento de la meta del 2010 establecida por el G-20 para su finalización. No sorprende, entonces, que nadie en Ginebra, incluidos los funcionarios internacionales de la secretaría que dirige la OMC, como los diplomáticos y representantes ante la OMC, contemple la posibilidad de cumplir con la fecha límite del G-20. La experiencia nos enseña que para cerrar una negociación de esta envergadura, se requieren al menos 10 meses de arduo trabajo contados a partir del momento en que se alineen las señales políticas de los grandes jugadores, Estados Unidos, la Unión Europea y los representantes del G-20 liderados por Brasil. En Ginebra, todos esperan que Estados Unidos se mueva primero, cuyos líderes se encuentran, por ahora, concentrados en la agenda doméstica, de cara a las elecciones de noviembre próximo. El director general de la OMC, el francés Pascal Lamy, intenta mantener prendida la llama de las negociaciones, con la esperanza que algún día los grandes jugadores estén en condiciones de dar cumplimiento al mandato acordado en la Declaración Ministerial de Doha. Pero a sabiendas de que la posibilidad de cerrarlas este año murió hace meses. ¡Viva Doha! "El director de la OMC, Pascal Lamy, intenta mantener prendida la llama de las negocia- ciones, pero a sabiendas de que la posibilidad de cerrarlas este año murió hace meses". aespinosa@minagricultura.gov.co *Asesor del Ministro de Agricultura ADRVEG

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