Un dólar menos doloroso

Lo que se fue no hace falta, hace falta lo que vendrá… el drama del dólar probablemente persistirá en 2016, pero su volatilidad no será tan severa.

El dólar subió frente al peso

AFP

Finanzas
POR:
Wilson Tovar
febrero 17 de 2016 - 12:47 p.m.
2016-02-17

Una moderada recuperación de la economía norteamericana, el esperado cambio de postura de su política monetaria y un enfriamiento del crecimiento global que comprimió fuertemente los precios de las materias primas, fueron los principales argumentos que sustentan la valorización del dólar en lo corrido del presente año.

Aunque este fortalecimiento debería impactar positivamente a los Estados Unidos, la realidad es que su apreciación ha hecho más lento el intercambio de bienes y servicios convirtiéndose en un detractor de los ingresos y utilidades de muchas compañías alrededor del mundo. En efecto, los ingresos de las compañías americanas que generan más de la mitad de sus ventas en el extranjero han registrado caídas cercanas al 13% en lo corrido del año.

En un escenario global en el que algunos bancos centrales de diferentes regiones del mundo como Japón, China, Suiza, India, Brasil, Turquia, Rusia e Indonesia han realizado una gestión muy activa mediante intervenciones cambiarias para apuntalar su moneda, el Banco de la República en Colombia, ha mantenido su tradicional ortodoxia con limitadas intervenciones, que dan cuenta de las grandes lecciones aprendidas en la historia, para no defender niveles específicos y evitar ataques especulativos, garantizando la flexibilidad cambiaria y una política monetaria contra-cíclica que ha equilibrado en parte la pérdida del ingreso externo.

“Si bien el 2015 ha sido un año en el que la mayor parte de las monedas del mundo perdieron valor en proporciones no observadas desde la década del 80, las medidas económicas adoptadas en muchos lugares, hacen suponer que los vientos en contra deberían disminuir en 2016.”

Sabemos que en el corto y mediano plazo la Reserva Federal de los Estados Unidos (FED) subirá la tasa de interés, pero simultáneamente otros bancos centrales tratarán de potenciar sus economías mediante ampliaciones de los programas de flexibilización cuantitativa (Europa - Japón) o reducción de tasas de interés, como estrategia para enfrentar los desafíos de una eventual deflación y promover el débil crecimiento registrado en la economía global recientemente, lo que supone una moderada presión alcista sobre el dólar.

A diferencia de lo ocurrido en el mundo, en Colombia los altos niveles de inflación derivados del fenómeno del niño, el traspaso de la devaluación y los altos niveles de endeudamiento de los agentes, llevaron recientemente al Banco de la República a intervenir en el mercado cambiario y a incrementar su tasas de interés de referencia.
Como consecuencia, se ha hecho más atractiva la rentabilidad nominal de nuestros activos financieros a los ojos de los inversionistas internacionales, al tiempo que se avanza en la implementación de proyectos de infraestructura vial de cuarta generación, lo que permite prever aumentos de inversión extranjera y entrada de flujos de financiamiento.

A este escenario habría que adicionarle la capacidad de la economía colombiana para enfrentar adecuadamente el estrés económico, adaptarse y sobrevivir sin resignarse, capacidad que nos ha permitido ajustarnos rápidamente a los choques externos, teniendo como aval la seriedad de la administración de las finanzas públicas, que suponen un gobierno comprometido con la regla fiscal y la firma del proceso de paz. Estas credenciales, si bien no garantizan que en nuevos escenarios de estrés no veamos afectada la percepción de riesgo, en una evaluación relativa frente a los pares o vecinos, quedamos en mejor posición, favoreciendo un camino de relativa estabilidad durante el 2016.

En la coyuntura actual, la entrada en operación de la Refinería de Cartagena y una disminución de las importaciones de juguetes, ropa y enseres pequeños, lograrán no solo recuperar en parte las deprimidas exportaciones y el déficit comercial, sino que podrán limitar la volatilidad y evitar que se repita la devaluación asumida. En un escenario neutral, en el que las tasas de crecimiento e inflación, y los niveles de precio de las materias primas y riesgo, se mantengan cerca de los niveles actuales esperamos que en 2016, la tasa de cambio en Colombia registre menores niveles de volatilidad y ronde el rango comprendido entre $2850 y $3200 pesos por dólar.

El principal riesgo que enfrenta el mercado cambiario colombiano en el nuevo año, tiene que ver justamente con eventuales nuevas reducciones en los precios de las materias primas y en particular del petróleo, en medio de bajos niveles de demanda global y nuevos aumentos de oferta, en este caso provenientes de países como Irán que podrían magnificarse si se presentan nuevos aires de debilidad de la economía China, escenario que aunque menos probable, supone que no tardaríamos en registrar adicionales presiones de devaluación cercanas al 15%.