El doliente de la descentralización

En el importante foro que convocaron recientemente Colprensa y algunos de los principales diarios afiliados a esta agencia para analizar la reforma a las transferencias territoriales que se avecinan, se planteó otro tema colateral pero significativo: ¿quién es el doliente institucional de la descentralización en Colombia?

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agosto 29 de 2006 - 05:00 a.m.
2006-08-29

La pregunta parecería ser necia, pero no lo es. Por el contrario: resulta crucial para avizorar el futuro de la descentralización. Que no es sólo asunto de plata sino también de buena organización institucional. Desde finales de los años ochenta del siglo pasado y muy especialmente a partir de la expedición de la Constitución del 91, las normas sobre la descentralización en Colombia han ido adquiriendo una especial complejidad. Tanto desde el punto de vista técnico como temático. Más aún: probablemente no haya otro tema de políticas públicas que revista tanta profusión y especialización como el relacionado con la descentralización. Ya sea que se trate de la organización de la educación, o de la reglamentación de la salud en sus diferentes niveles, o del saneamiento ambiental, o de la repartición de competencias entre nación, departamentos y municipios, todos los asuntos de la descentralización -no sólo ocupan volúmenes completos- sino que desde el punto de vista técnico revisten una especial complejidad. Ahora bien: cuando se transformó el antiguo ministerio de Gobierno -a finales de la administración Samper- en el Ministerio del Interior, ello se hizo con el propósito que se convirtiera en el gran rector de la descentralización. En el doliente a nivel nacional de tan inmenso tema. En el interlocutor natural de gobernadores y alcaldes en Bogotá. En el núcleo político y técnico que estuviera permanentemente diagnosticando y proponiendo mejoras a la descentralización. De este propósito da cuenta la exposición de motivos del proyecto de ley que transformó el antiguo ministerio de gobierno. Esta tarea no la ha cumplido satisfactoriamente el Ministerio del Interior. Y probablemente no la vaya a cumplir tampoco en el futuro, ahora cuando se le ha recargado antitécnicamente con las responsabilidades del antiguo Ministerio de Justicia. Al Ministro del Interior -por más capacitado y diligente que sea- se le va el 90 por ciento de su tiempo adelantando sus responsabilidades políticas en el Congreso. Para que el tema no quedara al garete el Ministerio de Hacienda y Planeación Nacional han tenido que tomar un relevo ad-hoc de las tareas que debería estar desempeñando el Ministerio del Interior. Igual reflexión puede hacerse con relación al trabajo del Congreso frente al tema de la descentralización. Las comisiones permanentes que se encargan de estos asuntos son las primeras de Cámara y Senado. Pero acontece que estas células tienen otras muchas responsabilidades (reformas constitucionales, justicia, temas de orden público) y muy a menudo, entonces, la descentralización ocupa el último puesto en la agenda de sus afanes legislativos. Así lo demuestra, por ejemplo, la Ley Orgánica de Ordenamiento Territorial (LOT) que a pesar de que fue la propia constitución la que ordenó su expedición hace quince años y que se han presentado cerca de doce proyectos de ley, esta es la hora que el Congreso no ha expedido aún una LOT. Debería pensarse entonces en la creación de comisiones constitucionales permanentes especializadas en el tema de la descentralización, desgajando esta temática de las comisiones primeras. Y, por supuesto, se hace imperioso que el Ministerio del Interior asuma la gran tarea que justificó su creación: la de ser el gran ministerio de la descentralización en Colombia. Solo así recuperará ‘dolientes’ auténticos la descentralización, pues hoy está expósita institucionalmente. Ex ministro de Hacienda "Las normas sobre la descentralización en Colombia han ido adquiriendo una especial complejidad”.

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