Para que el dolor del alma no se convierta en un molesto absceso

La superación de una pérdida significa nuevas esperanzas de vida. Lo primero sería saber qué significa duelo. Porque el duelo no solo se presenta cuando alguien muere. Duelo es pérdida: sí es la muerte, pero también es una separación, un divorcio, un fracaso, la pérdida de una parte del cuerpo, de algo que era realmente significativo. Se vive un duelo también cuando se llega a una quiebra económica. O se pierde el empleo.

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mayo 17 de 2006 - 05:00 a.m.
2006-05-17

Así, cualquiera de estas situaciones o circunstancias engendran situaciones de gran conmoción, capaces de desestabilizar los cimientos de una vida, los lazos entre cónyuges, las relaciones con los hijos. Pueden hasta significar la exclusión de una comunidad y, en tantas ocasiones, puertas que se cierran y amistades que se pierden. La cultura occidental no sólo niega el dolor, sino que no está preparada para afrontarlo. Hoy, la sociedad se vuelca hacia lo que es vida, derroches, la búsqueda de alegrías y de eternas juventudes. Pero poco, o casi nada, se habla de muertes y duelos. Son palabras vistas como tabúes. Nadie quiere saber de fracasos, muchos menos de muerte. La misma medicina, con todo su arsenal de equipos sofisticados, se ensaña, tantas veces, en mantener con vida personas que merecerían más bien que se les permitiera retirarse con dignidad. Sin embargo, el duelo debería tener la puerta abierta. Porque es precisamente ésta la mejor alternativa para aprender a enfrentarlo, a comprenderlo mejor y a superarlo. Un duelo enmascarado acaba pareciéndose a un absceso que no se limpia: se anquilosa, se infecta aún más, y no se cura. Estos tópicos, los conocen bien en la Fundación Vida por Amor a Ellos. Un grupo de personas, todas ellas cargando sus propias pérdidas, que se reunieron bajo la orientación de sicólogos, médicos, directores espirituales y hasta trabajadores sociales, con la misión principal de curarse y de ayudar a curar a otros que vivieran circunstancias similares. Luz Mila Puentes Carreño, una odontóloga, dirige la Fundación. A raíz de varios duelos que no había logrado elaborar, decidió plasmar la iniciativa de integrar el grupo. Ocho años más tarde, es una entidad que abarca varios estamentos de la sociedad, incluyendo familiares de personas secuestradas, cónyuges y padres de miembros de las Fuerzas Armadas muertos en combate, personas de distintas procedencias económicas, sociales y académicas. En la Fundación se dictan cursos, conferencias, se organizan talleres. Hay grupos de apoyo, y los dolientes cuentan con la asesoría de profesionales de distintas disciplinas, incluidos abogados y sacerdotes. Sin importar la religión que se profese, la Fundación se convirtió en el lugar en donde se habla de reconciliación y de paz. SEMINARIO CITA. El próximo 3 de junio, la Fundación Vida por Amor a Ellos organiza un seminario en el que se hablará acerca de qué hacer ante las penas de la vida. Entre los conferencistas estarán el doctor Santiago Rojas Posada y la sicóloga Margarita Hoyos. Se realizará en el auditorio del Gimnasio Moderno. Informes en el tel. 350 02 74 o 561 34 90. Un pérdida se supera cuando se acepta, se enfrenta y se sigue adelante con la vida¿Qué significa elaborar un duelo? La respuesta, por supuesto no es fácil, y menos aún si se tiene en cuenta que cada persona es un mundo, cada duelo es distinto al otro. La multiplicidad de factores que se involucran en la pérdida es otro elemento que complica aún más el panorama. Sin embargo, se dice que elaborar un duelo es atreverse a emprender un proceso que lleve a la resolución de la pérdida. Un dolor nunca se olvida pero, al igual que una herida, se le debe limpiar, cuidar y ayudar a que llegue a la cicatrización. Esta cicatrización nunca desaparece, pero deja de doler. ¿Cuánto tiempo demora el proceso? Tampoco hay respuesta certera. Según la trascendencia de la pérdida, lo que significó (o significa), las ayudas que se logran, el mismo temperamento son determinantes de la superación más o menos rápida del duelo. Influyen otras condiciones: cuando quien sufre el duelo es un hombre, el proceso es más complejo. Ellos fueron educados para no llorar, para soportar y no buscar ayuda. Cuando se pierde el cónyuge o compañero, el dolor es inmenso puesto que implica la ruptura del proyecto trazado para la vida. Cuando quien se va es el hijo, al dolor se suma la culpabilidad y la rebeldía: ¡un joven no está para morir! Y así, sucesivamente surgen las escalas. Lo importante, en cualquiera de ellas, es buscar una ayuda. Sea de un profesional, un amigo, un familiar, alguien que sienta la compasión de la que habla el Dalai Lama, la compenetración, la solidaridad, la comprensión. “Algunos signos de estar en recuperación son reconciliarse con la vida y dejar de sentirse culpable por existir, retomar sus tareas cotidianas, atreverse a hablar de la persona fallecida o de la pérdida, proyectarse hacia nuevas metas”. El no procesar un duelo suele derivarse en distintas complicaciones. Una de ellas es la somatización del dolor: comienzan a aparecer múltiples enfermedades, de origen no establecido, sin causa orgánica que las justifique. También se presenta el ‘enquistamiento’ del dolor, con la imposibilidad futura de afrontar dificultades o retos. Una depresión que se hace crónica, o nuevas pérdidas, una rabia que se transforma en agresividad y violencia pueden igualmente ser consecuencia de un duelo no superado. Regresar al pasado no es posible. Vivir anclado en el dolor tampoco. Sin embargo, tantas personas lo asumen como norma de vida. Y esto, finalmente, no solo les trae más infelicidad sino que se transfiere a quienes las rodean. En este proceso, el único hilo conductor, real, debe ser la realidad: vale la pena seguir viviendo la vida. EL PROCESO Ante una pérdida, se presentan varias etapas que el proceso depura: -El aturdimiento, la incredulidad, la sorpresa total, la conmoción. -La ira, que puede dirigirse contra uno mismo o contra otros, aún contra el objeto del duelo. -La negación y la búsqueda de respuestas. Por qué, cómo, qué sucedió. -Depresión, acompañada de sentimiento de soledad. -Temor, angustia para enfrentar las dificultades. -La rabia y la culpa, a las que se suma la tristeza. -Apatía. -La aceptación. Este es el momento en que comienza a elaborarse un nuevo proyecto de vida.

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