Don Hernán: un empresario ejemplar

En el párrafo final de la introducción de su último libro, publicado en el 2003, La Crisis Colombiana de los años 90, don Hernán Echavarría escribió:

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mayo 02 de 2006 - 05:00 a.m.
2006-05-02

“Colombia, como muchos otros países de nuestro continente, sin haber sufrido ninguna calamidad, se halla postrada, con su economía paralizada y sin entender qué nos sucede. No habiendo otras causas reales a las cuales poder achacar esta mala situación tenemos que concluir que ella proviene del mal manejo de nuestro sistema económico. Le Toca a la juventud, que ahora sale de las universidades mejor preparada, rectificar estos errores”. Qué mejor mensaje de un hombre extraordinario, fundador del Cesa y de la Universidad de Los Andes, para esta ocasión en que ustedes terminan sus estudios y reciben el diploma que los acredita como profesionales. Hay que seguir construyendo a Colombia y si ello implica corregir errores, pues hay que rectificar y, por sobre todo, contribuir todos los días, en la vida familiar, en el trabajo y en la interacción con la sociedad civil y con la comunidad, a sacar este país adelante. Estoy seguro de que don Hernán Echavarría lo expresaría de esta forma, con su lenguaje llano y franco. * * * * * Don Hernán Echavarría fue un modelo de colombiano del siglo XX y maestro, además, de varias generaciones de profesionales. Nació en 1911, en Medellín, en un momento particular de nuestra historia en que quedaban atrás las guerras civiles, se expandía la economía empujada por el cultivo y la exportación de café y el país daba sus primeros y tímidos pasos hacia la industrialización, especialmente en Medellín. Como él mismo lo recordaba en este libro que ya he citado, inició su vida profesional a principios de los años treinta -después de estudiar ingeniería y economía en Inglaterra- cuando “el mundo entero estaba en lo que se ha llamado La Gran Crisis y Colombia, uno de los países menos desarrollados, se encontraba en ella”. Estos dos elementos, el tránsito hacia la modernidad del país en una familia de empresarios de Antioquia y la crisis mundial del año 1929 y principios de los años treinta, forjaron, creo yo, la férrea personalidad de don Hernán Echavarría. Nunca dejó de interesarse en los negocios privados y, simultáneamente, sin incurrir en ningún conflicto de interés, fue un eximio servidor público, se mantuvo permanentemente al tanto de las nuevas teorías del desarrollo y vigiló con ojo avizor el manejo de la economía colombiana. En 1935 su padre, Gabriel Echavarría Misas incursionó en la industria de la cerámica al adquirir una locería establecida de tiempo atrás en Caldas -un poblado al sur de Medellín- que se convirtió en la empresa Locería Colombiana: la fábrica de vajillas que daría origen a lo que hoy se conoce como, Grupo Corona. A las empresas del Grupo Corona habría de estar vinculado don Hernán por setenta años. A su manera. Porque si en algún grupo familiar en este país se han impuesto rígidos protocolos para separar a la familia del manejo de las empresas, ese ha sido, precisamente, el Grupo Corona. Pero -sorpréndanse ustedes- a los pocos años de entrar su familia en el negocio de las vajillas, don Hernán, de 31 años de edad, fue nombrado por el presidente López Púmarejo, en 1942, Ministro de Obras Públicas. Se iniciaría, así, su participación en la vida pública que lo llevaría en 1958 al Ministerio de Comunicaciones, en 1967 a la Embajada de Colombia en Washington, y en 1979, en un momento crítico, a desempeñarse como el primer presidente de la Comisión Nacional de Valores, posteriormente a la Superintendencia de Valores y en la actualidad parte de la Superintendencia Financiera. Don Hernán, entonces, fue servidor público y, al decir del Presidente Alvaro Uribe Vélez, un individuo “grande” porque tuvo “el concepto de la empresa privada volcado en función del bien público”. (En el prólogo al libro La Crisis Colombiana de los años 90, op.cit, pag 10). * * * * * Además de empresario privado y servidor público, hay otras facetas fascinantes en la vida de Don Hernán Echavarría. Ante todo, su convicción absoluta en la importancia de la educación para el desarrollo y el progreso de los colombianos. En 1948, sin tener cuarenta años de edad todavía, funda con un grupo de jóvenes la Universidad de Los Andes y es designado como primer Decano de la Facultad de Economía. Más adelante sería miembro y Presidente del Consejo Directivo de esa institución y recibiría de la Universidad, en 1997, el doctorado Honoris Causa. En los años sesenta don Hernán fundó el Instituto Colombiano de Administración, Incolda, para promover la formación de administradores privados a través de la educación continuada, de cursos cortos para ejecutivos y gerentes. Posteriormente, en 1975, fundaría el Colegio de Estudios Superiores de Administración, el Cesa, la institución de la cual reciben ustedes hoy su grado. Y no sólo esto. Entre sus ejecutorias se menciona, también, la fundación y la promoción del instituto Técnico Agropecuario en Puentepiedra, Cundinamarca, en el camino a la población de Subachoque, cerca del sitio en el cual tenía la casa en donde pasaba los fines de semana, dedicado a su jardín y a sus árboles. Pero, la educación, la economía y la administración privada no fueron sus únicas preocupaciones. Don Hernán anticipó los problemas que serían importantes y prioritarios en Colombia. Recuerdo que hace unos veinte años, siendo tal vez yo Presidente de la Asociación Bancaria, me invitó a almorzar al Club de Ejecutivos, aquí en Bogotá. Pensé que me iba a tratar algún tema financiero. Pues no. Su inquietud era la Justicia; la administración de justicia, la lentitud y lo engorroso de la justicia como obstáculo para la inversión y la buena marcha de la empresa privada. Se adelantó, así, al interés que suscitaría, años más tarde, el estudio de lo que se conoce como economía ‘institucional’, una de cuyas premisas es que si los países quieren una economía pujante en ellos debe regir, con plenitud, el llamado “imperio de la ley”. Financió, entonces, con sus propios recursos, varios estudios sobre la organización y los procedimientos de la administración de justicia en el país, razón por la cual, imagino, fue miembro de la Comisión Asesora para la Reforma de la Justicia en Colombia, creada por una ley de 1987. Tampoco debe sorprender que la Fundación Corona se hubiera centrado en el estudio de la gerencia hospitalaria en Bogotá por allá en los años ochenta y que esa hubiera sido, y continúe siendo, un área prioritaria de las actividades de la Fundación. Ni que hubiera sido fundador, también, del Instituto de Ciencia Política, para estudiar aspectos del funcionamiento de las instituciones políticas y para promover y asentar en el país la idea suprema de la libertad individual como base insustituible de la democracia y el progreso de una sociedad. * * * * * Un hombre de ideas, que estudia, escribe, debate y critica en búsqueda de una sociedad mejor y del progreso económico y social de todos sus miembros, pobres y ricos, es, en esencia, un político en el sentido de la palabra. Por eso no podía quedarse sentado en su escritorio escribiendo, o meditando frente a su jardín, sino emprender causas políticas. Quién no recuerda, entonces, la foto de su saludo con ‘Tirofijo’ en el Caguan, o sus oportunas críticas al presidente Samper, que le valieron, a su turno, y le han valido, aún después de muerto, ataques personales superfluos e injustos. Estos lo único que denotan, sin embargo, es no haber entendido a ese individuo de mente privilegiada y opiniones claras, con quien podía no estarse de acuerdo, pero cuyos meritos y su servicio al país y a la sociedad colombiana jamás podrán ponerse en tela de juicio. El gran desafío para las nuevas promociones de graduandos del Cesa es evitar que se cumplan en la realidad los pronósticos pesimistas de don Hernán Echavarría. Y que, en su lugar, se concreten los ideales de una economía de mercado en crecimiento continuo, en un sistema de libertades democráticas, con empresas socialmente responsables y dirigentes políticos con rumbo definido, como aquellos con los cuales se durmió soñando don Hernán Echavarría Olózaga en una noche de finales de febrero del 2006, para no volver a despertar. Oración de Estudios en la ceremonia de graduación de administradores de empresas, de especialistas en mercadeo estratégico y especialistas en finanzas corporativas del Colegio de Estudios Superiores de Administración, Cesa. Abril 18 de 2006. "Ante todo, don Hernán fue un absoluto convencido de la importancia de la educación para el desarrollo y el progreso de los colombianos”."Nunca dejó de interesarse en los negocios privados y, simultáneamente, sin incurrir en ningún conflicto de interés, fue un eximio servidor público”.Carlos Caballero Argáez, Investigador de Fedesarrollo

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