Los dos gigantes de Asia compiten por América Latina

Shinzo Abe, el primer ministro de Japón, hace gira por la región pocos días después de la visita de Xi Jinping. La competencia por el continente americano está envuelta en proyectos de inversión y desarrollo, pero también acechada por tensiones nacionalistas.

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agosto 03 de 2014 - 09:52 p.m.
2014-08-03

Durante la reciente visita del presidente Xi Jinping a Latinoamérica se enfatizó en la competencia entre Estados Unidos y China por tener influencia política y económica en el continente. Sin embargo, pocos en América Latina pronosticaron que, menos de una semana después, el competidor más directo de China en la región no sería el vecino del norte sino Japón.

La visita de Shinzo Abe a la región ha estado protagonizada por el impulso dado al Acuerdo de Asociación Transpacífico (TPP), para sellar pronto el pacto entre 12 países de la cuenca del Pacífico, de los que México, Colombia y Chile son miembros.

Fue con este mensaje que Abe inició la gira en México, donde además firmó 14 acuerdos de cooperación en el sector de petróleo, educación, sanidad, agricultura, protección al medio ambiente y desarrollo de energía renovable. En Colombia, su visita promueve también el Tratado Bilateral de Inversiones que inició en el 2011, y el Gobierno de Juan Manuel Santos ha procurado utilizar la oportunidad para insistir en el deseo de hacer parte del Foro de Cooperación Económica Asia Pacífico.

En Trinidad y Tobago, Abe ha prometido fortalecer la ayuda económica con 15 millones de dólares adicionales a los 14 países miembro de la Comunidad del Caribe (Caricom), que realizaban su cumbre cuando la visita del primer ministro, y que probablemente explica por qué escogió esta fecha para hacer la gira por América Latina (estos 14 países, por pequeños que sean, son igual 14 votos en la Asamblea General de Naciones Unidas). En Chile ha reforzado la relación con el sector minero e inauguró la mina de cobre Caserona, la primera en el país operada por japoneses y que pertenece a la empresa Minera Lumina Copper.

En Brasil, un país con una comunidad japonesa de 1,6 millones de personas, Japón ofreció apoyo en proyectos de ingeniería que incluyen tecnologías para la perforación de pozos petroleros en altamar. La visita también buscó crear un frente común para una reforma al Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, órgano del que Japón y Brasil quieren hacer parte.

Algunos analistas latinoamericanos han interpretado la diferencia entre los países elegidos por Xi Jinping, de tendencias más afines al socialismo, con los que optó por visitar Abe, que son democracias menos cuestionadas, como un mensaje de preferencias ideológicas. Abe pertenece al Partido Liberal Democrático, que es de derecha.

“Creo que hay un elemento superficial de juego diplomático estratégico con la escogencia de países hecha por Abe, en comparación con los de Xi. Sin embargo, también tiene sentido para Abe el visitar países que son de la cuenca del Pacífico, como México, Colombia y Chile, pues buscan profundizar las relaciones comerciales y de inversión con Asia en general”, dijo Matt Ferchen, director del programa China y el Mundo en Desarrollo, del Centro Carnegie-Tsinghua de Política Global.

A diferencia de la visita de Xi, la de Abe ha tenido contenidos abiertamente políticos. El primero salió a flote cuando uno de los miembros de su comitiva azuzó las llamas del nacionalismo nipón, al decirle a un periodista de la agencia de prensa japonesa, Kyodo News, que Abe y Dilma Rousseff, presidenta de Brasil, pronunciarían un comunicado conjunto afirmando que era necesario que los países respetaran el mandato de la ley. La nota de prensa decía que esto se hacía “con la intención de contrarrestar las maniobras de Beijing en el Mar del Sur de China”.

La afirmación de inmediato suscitó una respuesta indignada en el diario chino Global Times, uno de los más leídos del país y afiliado al grupo oficialista del Diario del Pueblo. El Ministerio de Relaciones Exteriores de Brasil, dijo al Global Times que no veía probable que el comunicado fuera a tocar las relaciones bilaterales entre China y Japón.

El segundo se dio durante la cumbre Caricom, frente a los representantes de 14 países que Japón ha ya cortejado para obtener apoyo en otros escenarios, como la Comisión Ballenera Internacional, donde recibe duras críticas por practicar la caza comercial de ballenas. “Hay un intento por cambiar el estado de cosas unilateralmente y por la fuerza, y ejercer poder coercitivo en algunas aguas y aires del mundo, incluidos los de Asia”, dijo en su discurso.

La popularidad de Shinzo Abe ha caído en Japón por el fracaso de sus políticas económicas en la guerra contra la deflación. Su partido perdió a comienzos de este año las elecciones en Okinawa, y en septiembre del 2015 podría correr el riesgo de tener que renunciar al liderazgo si no invierte esta tendencia desfavorable. El nacionalismo es uno de los ases bajo la manga que tiene Abe y el conflicto territorial con China es un tema sensible, que despierta pasiones. No es de extrañar que Abe emplee este escenario internacional para favorecer su imagen interna. Estas visitas paralelas ponen a la región en una nueva posición geopolítica, en la que los líderes latinos deban maniobrar entre los resentimientos y conflictos sino-japoneses, en los que además no tienen ningún interés directo. A pesar de la distancia, el conflicto en el Mar del Sur de China se ha convertido en un tema que los líderes latinoamericanos ahora deben atender, así sea para eludirlo.

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