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Dudas… todas legítimas

María Jimena Duzán, en su más reciente columna del periódico El Tiempo, definió bien el sentimiento que se apoderó de los que asistimos al sepelio de Liliana Gaviria Trujillo el pasado viernes en Pereira: incertidumbre.

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mayo 05 de 2006 - 05:00 a.m.
2006-05-05

También sentimos rabia, por supuesto. Y creo que hoy flotan en el ambiente muchas dudas. Dudas bien fundadas sobre los resultados y efectividad de la política de Seguridad Democrática impulsada a lo largo de este cuatrenio por el presidente Uribe. ¿Cómo puede haber Seguridad Democrática si ante la actitud terca de los voceros del Gobierno se mantiene el drama de los políticos, soldados, policías, empresarios y extranjeros secuestrados por las Farc? ¿Y si en un municipio del Huila matan a todos sus concejales? ¿Y si en el Caquetá asesinan a 8 civiles, entre ellos varios menores de edad, para impedir que lleguen suministros y víveres a San Vicente del Caguán? ¿Y si las elecciones del pasado 12 de marzo se llevaron a cabo en medio de un paro armado impuesto por las Farc en por lo menos dos departamentos? ¿Y si los índices de criminalidad en varias capitales de departamento han aumentado sistemáticamente a lo largo de los últimos años? ¿Y si secuestran al hijo de un Senador? ¿Y si casi todos los meses, en algún departamento, asesinan a un concejal o a un alcalde en ejercicio? ¿Y si Bogotá se llenó de traquetos que llegan ruidosos a los restaurantes de moda con sus escoltas, sus mujeres de cilicona y sus extravagantes ropas de marca? ¿Y si en las cancillerías de Estados Unidos y Francia, para sólo citar dos países, se mantiene la alerta a sus ciudadanos para que no viajen a nuestro país y que si lo hacen, por su cuenta y riesgo, que no salgan de Bogotá o Cartagena y que ‘por ningún motivo’ transiten por una carretera? ¿Y si varios jefes paramiliatares habían infiltrado el DAS de manera tan contundente que habían convertido a esta institución en un instrumento a su servicio? ¿Y si el drama de los despalzados por la violencia, que día a día suma a más familias pidiendo limosna en todas las principales ciudades, se convirtió ya en el drama humanitario más grave del hemisferio? ¿Y si el programa nacional para la atención de los desmovilizados no es solamente un fracaso como política pública, sino que se convirtió en una alternativa de vida para muchos delincuentes que reciben durante año y medio salario del Gobierno y luego vuelven a sus andanzas? ¿Y si, en fin, a un mes de las elecciones en un intento de secuestro asesinan a la hermana del Jefe de la oposición en Colombia? Sensatamente todo esto, o apenas una parte, da para pensar que la tan defendida política de Seguridad Democrática tiene problemas serios. Nadie puede negar que esta política haya traído confianza. Confianza a los empresarios que están reinvirtiendo utilidades y ampliando sus negocios; confianza a los ciudadanos que se endeudaron para tener su casa propia o iniciar su negocio; confianza a los padres de familia que volvieron a recorrer Colombia por carretera. Confianza a todos para quedarnos, pelear por Colombia y ayudar a reconstruirla. Todo eso es cierto. Pero tal vez llego el momento de que el gobierno reconozca lo que también está a la vista: que esta política tiene muchas limitaciones y que éstas, quizás, sean hoy más notorias que sus aciertos. Que equivocadamente está dirigida a los victimarios, a perseguir a los que ejercen la violencia, y que se olvidó de las víctimas. Y que si no se da un giro en sus prioridades, en muy poco tiempo el país estará peor que hace cuatro años en materia de seguridad. Politólogo, periodista "Hoy flotan dudas bien fundadas sobre los resultados de la política de Seguridad Democrática”.

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