Duelo, momento para crecer

Especial para PORTAFOLIO Cómo vivir la Navidad sin ellos. Sin los que se han ido, bien sea porque murieron o se encuentran privados de libertad, secuestrados o porque emigraron.

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noviembre 24 de 2007 - 05:00 a.m.
2007-11-24

Cómo vivir unas fiestas tan especiales pero, sobre todo, cómo hacer de ésta una experiencia que engrandezca. Porque, frente al duelo, fundamentalmente, dos son los grandes caminos: crecimiento o destrucción. Crecimiento cuando se sanan las heridas y se abren puertas; destrucción si solo se vive en la desesperanza y se alimenta la ‘victimización’. “La vida es una miscelánea de pérdidas; desde que nacemos, estamos perdiendo. Y desde pequeños debemos aprender a enfrentarlos, transformarlos y superarlos”. Entre esas pérdidas, por supuesto, está la primera: abandonar la calidez del útero materno. Luego, el ingreso al colegio, si es el caso, el cambio de colegio, o de casa o de ciudad, la pérdida de amigos, la universidad, las dificultades económicas o el fracaso bien sea académico o laboral… Las muertes, los divorcios y tantas más. Pérdidas que, en vísperas de Navidad, se hacen más punzantes, mucho más dolorosas. Precisamente acerca de estos aspectos estarán hablando, hoy, el sicólogo Paulo Daniel Acero y el licenciado Gonzalo Gallo, en el seminario ‘Sanando heridas, abriendo puertas’, organizado por la Fundación Vida por amor a ellos. Todo comienza con el enfoque que se le da a una pérdida y a la manera como se enfrentan los duelos. El sicólogo Paulo Daniel Acero, director de la línea de muerte y duelo en Colombia de la Universidad Manuela Beltrán, expresa: “El proceso del duelo no es un proceso de olvido sino de aprender a recordar sin dolor”. Ese proceso es el que ayuda a limpiar las cicatrices, evitando que se conviertan en abscesos -más dolorosos aún- y que nunca curan. “El duelo es un proceso con principio y con final. La herida se convertirá en una cicatriz”. Cualquier fecha especial invita a la nostalgia cuando se ha dado una separación. Sin embargo, quizá la Navidad es el momento en el que mayor se hace el vacío y más hondo el dolor. Quizá porque son días que simbolizan el reencuentro y las reuniones de la familia. LLEGA LA NAVIDAD CONSEJOS. En vez de negar, piense qué le gustaría hacer o qué estaría haciendo la persona que se fue. En general, la primera determinación que se toma es la de no hacer nada, mantener la casa apagada, no sacar los adornos navideños. - Aislarse no mitiga el dolor y sí puede alterar la vida de los restantes miembros de la familia. - Hacer un regalo en nombre de quien se ha ido. - Escribir una carta a quien se ha ido para decirle lo que siente, no lo que piensa. - Sembrar un árbol, prender luces, encontrar símbolos que ayuden a mantener vivo el recuerdo. - Recordar que, detrás de toda pérdida, hay una puerta hacia la esperanza. Cómo sacar del dolor una experiencia positiva ¿Qué aconsejan los expertos a quienes viven un duelo? Ante todo, dice el doctor Acero, no encerrarse, procurar no negar el sufrimiento, no buscar engañarse a sí mismo en busca de distracciones. Por más que se trate de esconderlo o camuflarlo, el dolor sigue presente y se traslada con la persona a donde ella pretenda esconderse. Así, es mucho más saludable darle curso libre al sentimiento. Es un momento que exige valor. Implica confrontar la realidad, reconocer la pérdida y aceptarla. Buscar nuevos caminos como homenaje a quien se ha ido, en vez de sumergirse en la sensación de que no hay nada que hacer porque todas las puertas se cerraron. Siempre es posible mirar nuevos enfoques; lo importante es quererlo hacer. Y cuando el dolor es demasiado, existe la posibilidad de pedir ayuda. Aquí intervienen quienes rodean a la persona en duelo. Su misión no es la de evitar que sufra, o la de hacerle olvidar, o la de llevar su atención a enfocarse en otros temas, o la de planificarle su vida. Su misión es la de permitirle llorar y expresar su dolor y acompañarlo con cariño. Llorar con el que llora, y hacerle sentir que no está solo y que existe una esperanza. En este sentido, se comprende que la muerte no es una ruptura definitiva sino un cambio. Una manera distinta de percibir a la persona. Aún si físicamente no es posible ya tocarla, esa persona puede seguir viviendo en la mente y el corazón, hasta el momento en que sea posible desprenderse de ella sin remordimientos, sin dolor.

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