Los dueños del balón

La renuncia de Dominique Strauss-Kahn como director-gerente del Fondo Monetario Internacional es inusual por muchas razones.

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mayo 20 de 2011 - 05:00 a.m.
2011-05-20

La más obvia es que nadie, entre quienes habían ocupado el prestigioso cargo, lo había hecho después de haber sido detenido y confinado en una cárcel, acusado de una serie de delitos de carácter sexual. Pero más allá del desenlace que tenga el caso del ex ministro francés, quien ayer fue liberado hasta el momento de su juicio luego del pago de una fianza de un millón de dólares, hay otros elementos atípicos. Sin duda, el más notorio es que la jefatura de la entidad multilateral ya no está escriturada a Europa. En contraste con el acuerdo que había imperado entre los poderosos a finales de la Segunda Guerra, en el sentido de que a la cabeza del Banco Mundial se designaba un estadounidense y a la del FMI alguien del Viejo Continente, el abanico empieza a abrirse. Así lo dejó en claro China, que sostuvo ayer que es el momento de remover los paradigmas vigentes, con el fin de reconocer los cambios que han ocurrido en el planeta. Sin embargo, es posible que tales aspiraciones fracasen, por lo menos en esta oportunidad. Para comenzar, las llamadas naciones ricas todavía controlan el 65 por ciento de los votos en el Fondo, de manera que cuentan con el músculo suficiente para hacer valer su voluntad. La razón es que sus aportes originales, hechos hace más de seis décadas, les garantizan un poder desproporcionado a la luz de las nuevas realidades. Al mismo tiempo, la crisis que viven varias capitales europeas les da respaldo a quienes solicitan que el sucesor de DSK debería venir de esa parte del mundo, pues debe tener un buen nivel de interlocución con presidentes y primeros ministros. Pero así el desenlace se parezca al de siempre, no es aventurado decir que el cambio de tercio es inevitable. Dicho de otra manera, en menos de una década los organismos mencionados pueden ser dirigidos por alguien venido de naciones ubicadas al sur de la línea ecuatorial. El motivo principal es que los ejes de poder han comenzado a variar en forma definitiva. Así lo sostiene un documento publicado por el Banco Mundial, según el cual Brasil, India, China, Indonesia o la Federación Rusa, van a ser los grandes aportantes al crecimiento económico del planeta. Al tiempo que eso ocurre, el sistema monetario internacional va a dejar de ser dominado por una sola moneda -el dólar- con lo cual es muy probable que el euro, los reales o el renminbi empiecen a ser tan aceptados como hoy lo es la divisa norteamericana. Semejante escenario no es tan lejano. El informe mencionado sostiene que tales cambios deberían ser evidentes para el 2025, cuando algunas de las fuerzas que ya se han desatado recompongan las relaciones entre los diferentes continentes. De tal manera, no sólo se trata de que la mayoría de las reservas monetarias van a estar en manos de las economías emergentes o de que en el firmamento empresarial empiecen a aparecer conglomerados cuya casa matriz no estará en Londres o Nueva York, sino en São Paulo o Shanghaí. Quizás el mensaje más importante de todos es la aparición de un planeta multipolar en el cual el poderío productivo esté más distribuído que ahora. Esa visión contrasta con la que dice que China va a remplazar a Estados Unidos, por lo cual lo que suceda en Pekín importaría mucho más que lo que pase en Washington. De hecho, el Banco Mundial sostiene que esas metrópolis tendrán un gran peso, pero no mucho más que Nueva Delhi, Ciudad de México o buena parte de las que han figurado hasta ahora. Por esa razón, el mensaje de la entidad es que hay que desarrollar mecanismos de cooperación, pues hoy no se trata de ser el dueño del balón, sino de repartirlo.HELGON

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