La economía se metió al hogar

Cuando el mundo está en la búsqueda de crecimiento de manera incluyente y no se limita sólo a disminuir la pobreza, sino a fortalecer y hacer crecer las clases medias, podemos decir que la economía se metió al hogar.

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septiembre 13 de 2011 - 05:00 a.m.
2011-09-13

En ese lugar sagrado que pertenecía a lo privado, y por lo tanto intocable, pasaban muchas cosas que el resto del mundo no tenía que conocer y menos juzgar, pero esto cambia precisamente cuando ya se vuelve inocultable la profunda transformación que han sufrido las mujeres del siglo XXl y cuando se debilita la realidad de un hombre proveedor y del ama de casa dedicada resignadamente a su familia. La familia, y por ende el concepto de hogar, se han transformado profundamente hasta el punto en que hoy ese llamado 'modelo ideal' tiene que convivir con hogares monoparentales, un 30 por ciento de ellos en cabeza de la mujer o con parejas del mismo sexo. En este rápido proceso, las mujeres latinoamericanas, de Colombia incluidas, son más educadas que los hombres, y desde los años 70 salen masivamente a trabajar. Actualmente, en toda América Latina el 51 por ciento de las mujeres en edad productiva o están empleadas o buscan activamente empleo. Colombia lo había logrado antes que muchos otros países de la región, pero nos estancamos o retrocedimos, mientras que los otros avanzaron rápidamente. De manera simultánea, gracias a la prioridad de los equilibrios macroeconómicos sobre cualquier consideración social, el cuidado de la familia y sus miembros salió de la agenda pública. Los Estados latinoamericanos se lavaron las manos y acortaron las jornadas estudiantiles, así como los periodos postoperatorios en los hospitales por lo que las mujeres se convirtieron en prestadoras de última instancia de los servicios sociales que debería ofrecer el Estado. Por otro lado, las diversas crisis justificaron devolverle al hogar, obviamente a las mujeres, porque los hombres 'de eso no saben', gran parte del cuidado de los miembros de su familia y además de su comunidad. Esa es la 'economía del cuidado'. No se trata del servicio doméstico que recibe remuneración, sino del de las mujeres que como amas de casa realizan, así estén al mismo tiempo en el mercado laboral. Es la famosa doble jornada con la que hemos vivido las mujeres durante muchas décadas. El resultado: las mujeres trabajan mucho más que los hombres cuando se adopta el concepto de 'carga de trabajo'. Este debate ha aflorado en América Latina con más fuerza que en Europa, probablemente porque allí hay un Estado de bienestar, que asume algo del cuidado, y en América Latina, no. A esto se le suma el concepto de la 'pobreza de tiempo', que afecta en mayor grado a las mujeres. Por más que se tenga un servicio doméstico en sectores medios y altos, ninguna mujer latinoamericana se libra de ejercer funciones de cuidado dentro de las cuales también hay discriminación entre hombres y mujeres. Los hombres, cuando hacen alguna labor de cuidado en el hogar, se dedican al deporte de sus hijos, y a veces a ayudar en el estudio. Pero bañarlos, vestirlos, atenderlos cuando están enfermos, son tareas de la mujer, lo que implica muchas más horas. ¡Si esto es con los hijos, cómo será con los ancianos o con los enfermos! La economía entró al hogar. La gran revolución en camino es que como ley o como decisión del Estado, se están construyendo cuentas satélites de las cuentas nacionales en los diversos países que miden, a través de encuestas de uso del tiempo, ese trabajo del cuidado. Se plantean políticas públicas para visibilizarlo, aumentar su productividad y, lo más importante, distribuirlo entre el Estado, el mercado, los empresarios y otros miembros de la familia. Colombia sacó la primera Ley de Economía del Cuidado de la Región, pero tocó rescatarla de la basura y el Gobierno no le ha dado importancia. Sólo el Dane y su nuevo Director, quien fue clave para salvarla, la han entendido. México es el primer país que ya tiene una cuenta satélite y encontró que esas labores del hogar 'no remuneradas' representan un valor equivalente al 21,7 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB) mexicano. Es decir, ese trabajo invisible aporta más al PIB que la agricultura y que la misma industria. Es una revolución. Al liberarles tiempo a las mujeres que se ocupan total o parcialmente del cuidado de la familia, se aumenta la oferta de mano de obra para el mercado de trabajo. Y antes de que griten los economistas, al distribuir este cuidado se aumenta la demanda por estos servicios por parte del Estado, del mercado y de los empresarios. El cuidado es oferta y demanda, y la oferta proviene de las mujeres que realizan el 80 por ciento de este trabajo y la demanda, de los hombres, de los empresarios y del resto de la familia. Se genera equidad, porque el mayor peso del cuidado lo tienen las mujeres pobres, pero sobre todo, se aumenta la eficiencia de la educación que reciben las mujeres cuyas carreras se truncan por la maternidad. En el seno del hogar se flexibilizan los roles entre hombres y mujeres y se ataca esa violencia que nace de no aceptar ni entender a la mujer del siglo XXI. Se trata nada menos que de un nuevo modelo de desarrollo con equidad de género, que, además, le agrega más de una quinta parte al PIB. ¡Prepárense para este gran cambio!.HELGON

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