Las economías buscan cómo salir de los estímulos

Si el crecimiento no pasa a sostenerse por sí mismo en el corto plazo, la recuperación mundial podría ser lenta y débilFuente

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enero 26 de 2010 - 05:00 a.m.
2010-01-26

Las enormes intervenciones por parte de los gobiernos y bancos centrales están ayudando a que la economía mundial se recupere de la Gran Recesión. Sin embargo, en algún momento, las economías tendrán que aprender a volver a caminar sin muletas.

Evitar un camino accidentado bien podría depender de que los países dependientes de las exportaciones, como China y Alemania, revisen sus hábitos y de que los endeudados consumidores estadounidenses no logren hacerlo.

Cuando esta semana la elite financiera global se reúna en el centro de esquí suizo de Davos para la cumbre anual del Foro Económico Mundial, muchos elogiarán la sorprendente robustez de la recuperación económica. Hace un año, el espectro de la depresión global ensombreció el panorama de Davos.

Ahora, las perspectivas económicas a corto plazo parecen decentes en EE.UU., sólidas en Asia y, aunque más inestables, también positivas en Europa.

Los próximos dos a cinco años podrían presentar un mayor desafío. Las actuales tendencias al alza en consumo, inversión, exportaciones y precios de activos dependen de políticas fiscales y monetarias intensamente expansionistas.

Enormes déficits fiscales en EE.UU. y Europa causan temor respecto a la sostenibilidad de las deudas públicas. También crecen los temores de que las tasas de interés ultrabajas de los bancos centrales estén inflando nuevas burbujas de precios en todo el mundo.

Lo ideal sería que estas políticas volvieran a la normalidad a tiempo para evitar otra crisis financiera.

Gran parte del debate reciente se ha concentrado en el momento en que los gobiernos deberían implementar sus "estrategias de salida". Pero la otra mitad de la transición es igual de importante: ¿cómo desligar gradualmente la demanda del sector privado del estímulo?

Por ejemplo, las ventas globales de autos ya no pueden depender de incentivos de efectivo por chatarra, programas que concluyeron en muchos países. Si el crecimiento no pasa a sostenerse por sí mismo pronto, el repunte mundial actual podría dar paso a años de crecimiento bajo, en el mejor de los casos, y una renovada recesión en el peor, una vez que las ayudas se retiren.

El efecto multiplicador

En una recuperación modelo, el gasto de las familias y las empresas se convierte en autosostenible con ayuda del llamado efecto multiplicador. El estímulo del gobierno da un impulso temporal al consumo y la inversión, lo cual genera más ingresos y empleos, que a su vez se traducen en más consumo e inversión.

Esto funciona mejor cuando hay una demanda contenida de consumidores que aplazaron la compra de bienes y servicios durante tiempos difíciles y ahora recuperan la confianza.

Pero una crisis financiera difiere de una recesión común y corriente. Los bancos no pueden o no quieren prestar como de costumbre, las personas y las empresas tienen que pagar onerosas deudas, y las familias necesitan ahorrar para reconstruir el patrimonio que se desvaneció.

En ese tipo de condiciones, la demanda privada puede fracasar en su empeño de ganar tracción.

El último siglo ofrece poco aliento. La economía estadounidense pasó apuros para conseguir una recuperación autosostenible tras la Gran Depresión. Sólo el enorme estímulo de la Segunda Guerra Mundial terminó con la Depresión.

Sin embargo, la recuperación actual llega tras años de excesos por parte de los consumidores. "La idea de 'demanda contenida' es muy lejana ahora", afirma Stephen Roach, presidente del directorio de Morgan Stanley en Asia. El consumo, combinado con la deuda, hizo una contribución insosteniblemente grande al crecimiento de EE.UU. durante por lo menos una década, sostiene.

Los optimistas creen que una reducción de la deuda puede debilitar la recuperación de la economía de EE.UU., aunque señalan que los consumidores ya están gastando con más holgura de lo esperado.

Si esto se extiende más allá del estímulo podría depender del grado en que las familias rompan con sus hábitos anteriores.
Si la crisis financiera se traduce en un consumidor más prudente, entonces es más probable que venga un crecimiento débil tras el rebote actual.

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