Ecos de un discurso

Ecos de un discurso

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julio 21 de 2008 - 05:00 a.m.
2008-07-21

Para la mayoría de los colombianos que tuvieron la oportunidad de escuchar el discurso del presidente Álvaro Uribe, durante la instalación de las sesiones del Congreso, puede resultar sorpresivo el énfasis en el rumbo de la economía. Al fin de cuentas, el mandatario hizo solo menciones marginales de temas que se identifican con su gestión, como la seguridad, la paz o los asuntos internacionales y, en cambio, decidió hablar en profundidad de asuntos como la inversión, los impuestos o el costo de vida. No obstante, quienes han seguido de cerca al Jefe del Estado durante las últimas semanas, pueden dar fe sobre la creciente preocupación que tiene por la tendencia de diferentes agregados. Así como le ocurre a buena parte de sus colegas en todas las latitudes, el inquilino de la Casa de Nariño tiene claro que fenómenos mundiales, como el alza en los precios de alimentos y combustibles, pueden descarrilar el rumbo de la política económica y afectar el prestigio del Gobierno.

En su intervención, Uribe destacó los logros alcanzados y defendió la posición de mantener el timón de la nave en la dirección ya fijada, así el oleaje sea hoy más intenso que en el pasado reciente. Debido a ello, el primer tema tratado el 20 de julio fue el de la confianza inversionista y la necesidad de que esta continúe, entre nacionales y extranjeros. A pesar de lo conseguido, el Presidente reconoció que es precisamente el auge que ha tenido el país como destino de negocios, el que tiene que ver con hechos como la revaluación del peso, que a su vez ha impactado en los balances de los exportadores. Sin embargo, dejó en claro que las autoridades no se han cruzado de brazos, como lo demuestra lo hecho tanto por el Banco de la República, como las restricciones a los capitales de corto plazo, el apoyo a los sectores afectados y el manejo del endeudamiento por parte del Ministerio de Hacienda.
En respuesta a los desafíos planteados por las cotizaciones del petróleo y la comida, el Ejecutivo habló de mecanismos para aumentar la producción. En el primero de los casos esto sería resultado de la mayor actividad exploratoria y de las posibilidades colombianas en etanol y biodiésel. Por otro lado, hubo un reconocimiento de las posibilidades del país de incrementar la frontera agrícola, particularmente en los Llanos Orientales.

Bajo esa lógica, Uribe dejó en claro, sin decirlo, que no es partidario del alza en el nivel de las tasas de interés por parte del Banco de la República. Tampoco se mostró favorable a revisar beneficios como las zonas francas o los descuentos tributarios por reinversión de utilidades, con el argumento de que los estímulos están dando resultados y es necesaria estabilidad en las normas.

A cambio, el Presidente ofreció recortes presupuestales, bajo la advertencia de que no podían afectar políticas fundamentales del Gobierno. Así quedó demostrado ayer cuando el Ministerio de Hacienda confirmó el apretón por 1,5 billones para la vigencia del 2008.

Todo lo anterior demuestra que la preocupación es real y que ha venido en aumento por cuenta de los datos más recientes. La pregunta, sin embargo, es si al mantenerse cercano al libreto de los últimos años, el Gobierno logra mantener la inflación a raya, al tiempo que consigue un mejor desempeño del sector productivo en el segundo semestre. En respuesta, quienes saben de estos temas sostienen que si bien el optimismo de los colombianos sigue alto, la apuesta hecha es riesgosa. Así las cosas, más allá de las causas, el principal desafío de la política económica actual es evitar una espiral alcista, desmontando las expectativas de mayores precios. Como ese requisito es urgente, no estaría de más un respaldo más decidido a los encargados de la lucha contra la carestía. Al mismo tiempo, deberían examinarse otras propuestas como la hecha por la Comisión del Gasto Público, sobre la posible venta de activos estatales para reducir el endeudamiento público y crear un fondo soberano. Y es que todo, al fin de cuentas, apunta al objetivo de sortear los desafíos, sin perder el viento a favor que ha empujado a la economía colombiana.

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