Editorial / La bonanza ya empezó

El salto de 18% en la producción petrolera durante el último año, confirma que el país entró a formar parte de las grandes ligas regionales como exportador de crudo y que tiene un futuro brillante.

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abril 14 de 2010 - 05:00 a.m.
2010-04-14

Ha resultado más impactante en el exterior que en Colombia la noticia, según la cual, el país ya es el tercer productor de petróleo más grande de Suramérica, apenas por debajo de Venezuela y Brasil. Y que con un promedio de 763.000 barriles diarios de crudo obtenidos en marzo, se mantiene una tendencia creciente que es, a todas luces, significativa. No sólo quedaron atrás los temores sobre la pérdida de la autosuficiencia energética que se mencionaban a mediados de la década pasada, sino que en el último año el salto en el volumen bombeado fue de 18 por ciento.

En contraste, venezolanos, argentinos y ecuatorianos han visto un descenso en su actividad, por razones asociadas a la falta de reglas de juego atractivas para las compañías del ramo, que a su vez han limitado sus inversiones. No es eso lo que le ocurre a Brasil y Colombia, pues en el primero han tenido lugar diversos hallazgos, incluyendo los más grandes de los últimos tiempos, en depósitos submarinos de gran complejidad geológica. Por su parte, en el segundo, a punta de descubrimientos pequeños y medianos y de mejores técnicas de recuperación del crudo en los pozos existentes, han aumentado las reservas y el líquido extraído.

Ese desempeño es brillante, si se tiene en cuenta que desde las épocas lejanas de Caño Limón o Cusiana no se encuentra un gran yacimiento en el país. Es cierto que Rubiales tiene enormes perspectivas, pero su verdadera dimensión no se conoce, aunque sí se sabe que se trata de crudos pesados, más difíciles de transportar y refinar.

El resto se ha logrado a punta de una intensa actividad sísmica para identificar las áreas más atractivas y de una labor intensa de perforación, que sumó 75 pozos nuevos en el 2009 y debería ascender a 88 este año, de acuerdo con la Agencia Nacional de Hidrocarburos.

En medio de semejante actividad lo más destacado es que la tasa de éxito se acerca a 60 por ciento, un índice muy alto en cualquier latitud. Dicho de otra manera, 36 pozos de los perforados el año pasado resultaron comercialmente viables, mientras que 11 siguen en pruebas y 28 fueron declarados como secos. Sin desconocer que las reglas de juego fijadas por el país hace un tiempo son muy atractivas para las empresas del sector, esa es una de las razones principales para que la inversión extranjera con destino a petróleo siga aumentando.

Hasta el 26 de marzo, e incluyendo a la minería, el acumulado iba en 1.760 millones de dólares, un 38 por ciento más que en igual periodo del 2009. Ante ese ritmo, no suena descabellado el pronóstico del presidente de la Asociación Colombiana del Petróleo, quien sostiene que en el 2015 la producción llegará a 1,3 millones de barriles diarios, si se suman 1,1 millones en crudo y 200.000 en su equivalente en gas natural.

Hay que encontrar más yacimientos, pero la apuesta suena factible. Dicho nivel, además, sería no sólo un récord histórico, sino que confirmaría la presencia de una bonanza que ya empezó y que encuentra a los colombianos sin la preparación adecuada para manejarla desde el punto de vista económico, político o social.

Quien crea que esa afirmación es exagerada no tiene más que observar lo sucedido con las exportaciones. Según el Dane, en el primer bimestre del presente año las ventas de petróleo llegaron a 2.392 millones de dólares, 149 por ciento más que 12 meses atrás.

A ese paso, y si los precios internacionales se mantienen en sus niveles actuales, los despachos de crudo sumarían más de 15.000 millones de dólares en el 2010, pulverizando cálculos mucho más conservadores sobre la marcha del comercio exterior. Semejante incremento se va a sentir sobre las regalías, los impuestos y las finanzas de Ecopetrol, involucrado en 88 por ciento del total extraído.

Todo eso es muy bueno a la luz de las carencias del país en innumerables frentes. Pero también es muy malo cuando se mira el pésimo manejo que han tenido las bonanzas anteriores, despilfarradas en obras innecesarias que han alimentado la corrupción y el desorden institucional en zonas como Arauca o Casanare.

Eso para no hablar de los efectos macroeconómicos como la revaluación del peso o la tendencia a aplazar reformas necesarias. Por eso hay que insistir en la necesidad de que esta vez sea diferente, para que así la riqueza del subsuelo se siembre bien y sirva para generarle más prosperidad y oportunidades a todos los colombianos.

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