Editorial / Carrera de velocidad

Con el fallo de la Corte, la competencia presidencial arranca casi de cero para más de media docena de opcionados.

POR:
febrero 28 de 2010 - 05:00 a.m.
2010-02-28

El gran interrogante que durante cerca de dos años llenó de incertidumbre el panorama político nacional, y que de paso puso a dudar a los agentes económicos sobre cómo comportarse y qué esperar de Colombia en el corto y el mediano plazos, fue resuelto el viernes por la Corte Constitucional. Así ocurrió cuando ésta consideró, por amplia mayoría de siete de sus nueve magistrados, que la ley del referendo reeleccionista no se ajustaba al ordenamiento jurídico.

Con esa decisión, quedó en claro que Álvaro Uribe no podrá postularse para un tercer período, y que los electores tendrán que escoger entre el abanico de aspirantes a sucederlo, que comenzó a abrirse desde hace varios meses.

Una incertidumbre resuelta y una nueva que surge: ¿quién de ellos ganará las elecciones presidenciales? Casi todos los analistas coinciden en que, con el fallo de la Corte, la carrera arranca casi de cero para más de media docena de opcionados, que es casi imposible que uno de ellos se imponga en primera vuelta y que será una competencia de velocidad y no de resistencia.

En principio, parece predecible que los ciudadanos elijan sólo entre quienes, de una u otra manera, le ofrezcan a la amplia franja de votantes que respaldan al presidente Álvaro Uribe y, en especial, a su política de Seguridad Democrática, la preservación y profundización de los logros obtenidos.

Pero también es verdad que aquél que sólo garantice más seguridad, incluso en el frente urbano donde hay graves rebrotes del crimen, se puede quedar corto frente a las expectativas.

Y es que resuelta en buena medida la amenaza que significan tanto las Farc como los paramilitares, no porque hayan desaparecido del todo, sino porque ya no parecen en capacidad de hacerse con importantes porciones del territorio -ni mucho menos de poner en riesgo la estabilidad del Estado- los colombianos tienen otras angustias, algunas de ellas muy apremiantes.

La tasa récord de desempleo registrada en enero, la más alta en seis años según las estadísticas del Dane, es uno de los desafíos más complejos que enfrenta el país. Este es un terreno en el que no hay fórmulas mágicas, lo que dificulta a los candidatos la posibilidad de ser creíbles en sus promesas al respecto.

Por eso mismo, existe el riesgo de que uno o varios caigan en la tentación de las soluciones facilistas. Por ende, la responsabilidad de los expertos y, sobre todo, de los medios de comunicación, va a radicar en abrirles los ojos a los electores sobre qué tan realistas resultan los compromisos en esa materia.

Otro frente que puede prestarse para la demagogia es el de la salud, donde el Gobierno ha sufrido un severísimo desgaste tras los decretos de Emergencia Social dictados al arrancar el año.

Algunas de las ideas que éstos pretenden poner en marcha lucen bien orientadas, así como otras parecen haber sido el fruto de la improvisación y no están resistiendo el examen de los conocedores.

Aun así, el discurso ligero en el sentido de que todo es malo, debe ser visto con beneficio de inventario, a la espera de que se hagan planteamientos concretos para reemplazar las fórmulas vigentes.

Las relaciones internacionales también son un terreno en el que los candidatos tendrán que moverse con cuidado. Jugar a incendiar más la relación con Hugo Chávez puede traer votos, pero sería una actitud absolutamente irresponsable.

Los interesados en llegar a la Casa de Nariño deben esforzarse por explicar cómo normalizarán esas relaciones, y cómo resolverán las dudas que persisten en el Congreso de los Estados Unidos -y también en Canadá y la Unión Europea- frente a los TLC respectivos en particular, y a las relaciones con Colombia en general.

Estos son apenas unos pocos ejemplos de asuntos espinosos en los que todos los inscritos en la carrera presidencial tendrán que pasar el examen. No habrá, lamentablemente, mucho tiempo para el debate ni para la exposición de los programas.

En un país donde los partidos son organizaciones que se activan en tiempos electorales, pero carecen de orientaciones ideológicas y de programas estructurados, las campañas al primer cargo de la Nación se limitan a lo que buenamente ideen los aspirantes al solio de Bolívar. Y eso, al tratarse de una justa tan corta, conlleva más riesgos que ventajas.

Siga bajando para encontrar más contenido