Editorial / Hacer las cosas bien

Editorial / Hacer las cosas bien

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mayo 24 de 2009 - 05:00 a.m.
2009-05-24

Ha hecho carrera, gracias al Internet y al correo electrónico, una intervención protagonizada por el presidente de Costa Rica, el Nobel de la Paz Óscar Arias, durante la Cumbre de las Américas que tuvo lugar en Trinidad y Tobago hace algo más de un mes.

El breve texto titulado "Algo hicimos mal" estuvo relacionado con un comentario del mandatario de Ecuador, Rafael Correa, en la reunión de jefes de Estado y de Gobierno. Según el inquilino del Palacio de Carondelet, buena parte del atraso de América Latina está relacionado con la dominación de las naciones más ricas y de sus multinacionales.

Tal punto de vista es popular no sólo en Quito, sino también en Caracas, La Paz, Managua y Buenos Aires, aparte de ser compartido por millones de habitantes del hemisferio. La tesis no es nueva. De hecho fue refrendada por Hugo Chávez, quien en la isla caribeña le regaló a Barack Obama una copia del libro Las venas abiertas de América Latina, escrito por el uruguayo Eduardo Galeano en 1971.

En este, el respetado autor sostiene que "la división internacional del trabajo consiste en que unos países se especializan en ganar y otros en perder", y que la región se ha concentrado en lo segundo, desde tiempos inmemoriales.

Pero más allá de acoger esas tesis, el líder centroamericano afirmó que no le parecía justo echarle la culpa a Estados Unidos "de nuestros males pasados, presentes y futuros". Arias recordó que el punto de partida de todos, desde finales del siglo XVIII, fue prácticamente el mismo y que hasta hace poco el desarrollo de muchos territorios era comparable al de otros que hoy generan envidia. Y agregó: "hace 50 años, México era más rico que Portugal. En 1950, un país como Brasil tenía un ingreso per cápita más elevado que el de Corea del Sur. Hace 60 años, Honduras tenía más riqueza per cápita que Singapur, y hoy Singapur -en cuestión de 35 ó 40 años- es un país con 40.000 dólares de ingreso anual por habitante. Bueno, algo hicimos mal los latinoamericanos".

Para el mandatario, las razones hay que buscarlas adentro y no afuera. Dentro de las explicaciones dadas de lo que sucedió está el bajo avance de las tasas de escolaridad, el escaso esfuerzo fiscal y la mala gestión gubernamental. Según Arias, el culpable del atraso latinoamericano frente a otras zonas del mundo "es la falta de educación; es el analfabetismo; es que no gastamos en la salud de nuestro pueblo; que no creamos la infraestructura necesaria, los caminos, las carreteras, los puertos, los aeropuertos; que no estamos dedicando los recursos necesarios para detener la degradación del medio ambiente".

Acto seguido, el Presidente costarricense respaldó la tesis que afirma que el siglo XXI será el de Asia y no de Latinoamérica, por diferentes razones. Pero sobre todo, porque mientras en buena parte del continente sigue la discusión sobre cuál es el modelo de organización política y económica de la sociedad, al otro lado del Pacífico adoptaron el pragmatismo hecho famoso por la frase del desaparecido líder chino Deng Xiaoping, quien afirmaba que no importaba el color del gato, mientras cazara ratones. A la luz de esa filosofía realista, dijo el expositor, la región debería adoptar los modelos que funcionan y salirse de los temas ideológicos.

Sobra decir que la intervención de Arias no le cayó nada bien a algunos de sus colegas. Y es que a pesar de los avances mostrados por América Latina en materia de esperanza de vida y otros indicadores en el pasado medio siglo, cuando se mira el peso de la región en el concierto mundial, es indudable que éste ha disminuido en los últimos años. Ante tan descarnado diagnóstico no estaría de más tener en cuenta que la presente crisis trae consigo una oportunidad. De acuerdo con diversos expertos, mientras que las naciones industrializadas van a tener una contracción apreciable, las economías emergentes deberían salir menos golpeadas, con lo cual cerrar la brecha es totalmente factible.

Ojalá que por cuenta de las posibilidades que, implícitamente trae la debacle actual, Colombia sepa aprovechar la coyuntura. No estaría de más que un país que se ha equivocado tanto en el pasado evolucione de preguntarse qué hizo mal por cuenta de otros, a convencerse de que hizo las cosas bien por cuenta definitivamente propia.

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