Editorial / Cruel incertidumbre

A los interrogantes sobre los efectos de la crisis mundial, y a las tensiones con los dos vecinos que más productos compran, se suma el incierto panorama político con miras a las elecciones del 2010.

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julio 28 de 2009 - 05:00 a.m.
2009-07-28

Muchos empresarios colombianos, así como inversionistas extranjeros con intereses en el país, deben estar por estos días pensando como en la letra del viejo bolero, "ay, cómo es cruel la incertidumbre".

A los interrogantes ya bastante complicados sobre los efectos de la crisis mundial, y a las tensiones con los dos vecinos que más productos colombianos compran, se le ha sumado el incierto panorama político con miras a las elecciones del 2010. Cuando la inmensa mayoría de los analistas daba por enterrado el referendo reeleccionista, el Gobierno y sus aliados del Partido de la U anuncian una ofensiva en todos los frentes para salvar la iniciativa que, como se sabe, ha quedado estancada en la comisión que debe conciliar los textos diferentes aprobados por la Cámara y el Senado en la pasada legislatura.

La tarea, en la que algunas fuentes de la Casa de Nariño aseguran que se ha comprometido el propio Presidente de la República, no resulta fácil. Para empezar, son muchos los congresistas uribistas que tienen dudas sobre la conveniencia de que el Primer Mandatario pueda presentarse a un tercer periodo. Aunque sólo algunos lo dicen de frente, mientras otros lo confiesan en privado, es evidente que la situación es muy diferente a la de hace cuatro años, cuando una amplia mayoría parlamentaria quería la reelección.

En segundo lugar, la apertura por parte de la sala penal de una investigación preliminar contra más de 80 congresistas que votaron el referendo en la pasada legislatura, por muy debatible que jurídicamente resulte a la luz de la inviolabilidad del voto parlamentario, ha despertado grandes temores entre los legisladores amigos de la iniciativa, en especial en la Cámara: de los 16 conciliadores de ese cuerpo legislativo, sólo uno ha firmado el acta para integrarse plenamente a dicha labor.

El Presidente de la Cámara fue recusado y renunció a formar parte del grupo. El Vicepresidente también fue objeto del mismo procedimiento, aunque su decisión está pendiente. Esto implica que sería el segundo vicepresidente, un liberal de la oposición, el llamado a nombrar el remplazo de los conciliadores que renuncien. Todo ello en medio del golpe recibido por el Ejecutivo, tras la derrota de sus candidatos a las presidencias de Senado y Cámara el pasado 20 de julio.

Con este panorama, muchos congresistas asumían que el Gobierno se preparaba ya para resignarse al hundimiento del referendo, y que iba a concentrar sus energías en las urgencias de la legislatura que acaba de arrancar, en especial en el espinoso tema tributario. Pero está claro que no será así, y que vienen semanas de mucha tensión que ojalá no terminen de deteriorar las ya tensas relaciones entre la Casa de Nariño y el Capitolio, con el consecuente daño para la agenda de proyectos.

No serán muchos días, en todo caso, pues el propio Ejecutivo ha reconocido que si, a mediados de agosto, es decir, en poco menos de tres semanas, la conciliación del referendo no se ha dado, el tiempo para sacarlo adelante se habrá agotado en forma definitiva. No hay que olvidar que, si llegase a ser aprobada, la iniciativa aún tendría que pasar el examen de la Corte Constitucional y de las autoridades electorales, algo que podría llevarse más de seis meses y empujar la fecha de esa votación más allá de las elecciones parlamentarias, algo políticamente inimaginable.

A lo anterior, hay que agregarle otro asunto. Aparte de los descomunales desafíos en el campo económico y de las inquietudes propias de la época preelectoral, ahora se suma el agravamiento de la crisis con Venezuela que otra vez volvió con el libreto del congelamiento de relaciones. En circunstancias normales, todos los partidos, sin ninguna distinción deberían apoyar al Presidente y las instituciones. Incluso se podría hacer un acuerdo sobre el tratamiento del tema venezolano en la campaña.

Sin embargo, eso será imposible hasta que no haya claridad en el campo uribista. Por eso, hay que hacer votos para que el país tenga una definición cuanto antes y se acabe una incertidumbre que no sólo es incómoda, sino que ya comienza a hacerle daño a los propios intereses nacionales.

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